Trump dispara titulares, Sánchez recoge rédito

Disparos fallidos en Washington… y réditos políticos en Madrid.

Trump sigue siendo Trump después del atentado, afortunadamente fallido. No son formas de cancelar al matachín de la Casa Blanca. Nada de balas: mejor las instituciones, la voluntad del pueblo o, en su caso, la Enmienda 25 de la Constitución estadounidense.

El apunte no es menor en un país donde el atentado contra mandatarios forma parte de su historia política. De los ocho presidentes muertos en ejercicio, cuatro fueron asesinados. El magnicidio ha vuelto a colarse en el análisis internacional como método brutal de “cancelación” del presidente número 47, que ya suma varios intentos en su biografía.

Más difícil de encajar es la presunta motivación religiosa del ataque durante la gala con periodistas acreditados en Washington. Trump sostiene que el autor actuó movido por odio a los cristianos. Él mismo se declara creyente, aunque no adscrito a corriente confesional alguna. Sin embargo, del Cristo compasivo, igualitario y enemigo de la hipocresía poco parece haber permeado en su práctica política.

El contraste entre el Sermón de la Montaña y un ideario que concibe la guerra como instrumento estratégico y económico resulta evidente. No han faltado reproches públicos desde ámbitos religiosos, incluidos los procedentes del Vaticano.

Pero quizá lo más llamativo no esté en Washington, sino en Madrid. Se producen coincidencias inesperadas entre Trump y Pedro Sánchez. El “no a la guerra” proclamado por uno y las amenazas del otro hacia España han terminado convirtiéndose en un inesperado revulsivo para el sanchismo en horas bajas.

El exhibicionismo exterior del PSOE —más partidista que institucional, según sus críticos— frente a Trump y Netanyahu, sin coordinación visible con socios europeos, podría terminar trasladando al ámbito nacional aquel lema pronunciado en Extremadura: “El PSOE ha vuelto”.

En Moncloa parecen convencidos de que el denostado Trump, incluso tras el atentado, actúa como suministrador involuntario de oxígeno político para Sánchez. De ahí la declaración del presidente español: “La violencia no es la solución”.

La violencia nunca lo es. Pero en política internacional, los gestos y las reacciones también cuentan. Y a veces, los disparos que no alcanzan su objetivo terminan impactando en otro tablero.