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El Diario de Cantabria

Esa 'singularidad' catalana

Esa 'singularidad' catalana

En su día el entonces presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, patentó el salmo de que "el que quiere comer aparte es que quiere comer más". Hoy se la apropian los gobernantes de las comunidades de régimen común (todas excepto País Vasco y Navarra, por razones históricas) en materia de financiación. También las gobernadas por el PSOE y, por supuesto, sus federaciones regionales, que no dejan de invocar el precepto ideológico que caracteriza a la izquierda: la solidaridad.

Ahora lo que está ocurriendo es que los apremios del PSC (Partido Socialista de Cataluña) por reconquistar la Generalitat le están llevando a alinearse con las tesis de los independentistas sobre la supuesta financiación insuficiente a la que, según ellos, les condena el hecho de estar integrados en el vigente modelo de régimen común. Por cierto, caducado desde hace más de diez años.

De ahí las chocantes declaraciones de Salvador Illa. Chocantes por tratarse de un militante socialista. No dice que España robe a los catalanes, pero se parece mucho a sus quejas públicas de que Cataluña sea "la tercera en aportar recursos y la decimocuarta a la hora de recibirlos". Pero un buen socialista es incompatible con la desigualdad. Por tanto, jamás diría que el que más tiene es el que más debe recibir, sino al revés, el que más tiene es el que más debe aportar.

En este punto es inevitable repicar el llamamiento moral de Felipe VI que, en su discurso del décimo aniversario de su acceso al trono, vino a decir que los gobernantes deben ser coherentes con sus compromisos, aunque eso les suponga un coste personal.

Poca esperanza tengo de que cunda ese mandamiento universal del buen servidor público, cuando los propios aliados del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, consideran "obsoleta" la figura del rey y no toman en consideración las partituras morales que están tan presentes en los discursos de Felipe VI.

Sin embargo es de aplicación a la posibilidad no descartable de que la exigencia del independentismo, que reclama del Estado una soberanía fiscal total, pueda convertirse en la prenda a pagar por Pedro Sánchez para atornillarse a la Moncloa y de paso, colocar a Salvador Illa en la presidencia de la Generalitat, de la misma manera que en su día, tras las elecciones generales del pasado mes de julio, la amnistía a los condenados por el "proces" fue la prenda canjeable por el alineamiento de los siete escaños de Puigdemont en la causa del sanchismo.

Es inquietante la perspectiva de que el desvarío separatista y el oportunismo de Sánchez-Illa vuelvan a jugarle una mala pasada al pueblo soberano por cuenta de la dichosa "singularidad" de Cataluña a la hora de fijar su modelo de financiación autonómica.

Esa 'singularidad' catalana
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