Sánchez no cede el sillón ni perdiendo
“Si concentramos el voto en el PP, estaremos señalando la puerta de salida a Sánchez”, decía Juanma Moreno en el tramo final de la campaña. Esa relación causal no le ha funcionado del todo al ganador de las elecciones andaluzas. Que no haya alcanzado la mayoría absoluta es precisamente una de las razones que explican la fallida equivalencia entre un voto masivo al PP y la cancelación de Sánchez, y, por ende, el salto de Feijóo a la Moncloa.
Lo que no resulta lógico, ni demócrata, ni honesto, es que el supremo líder del PSOE se esconda. No solamente no hubo gabinete de crisis, sino que nos topamos con su distraída mirada ante la debacle de su partido en Andalucía. Como si el desastre no fuera con él.
Hay motivos para el rubor cuando la respuesta oficial de la Moncloa y Ferraz consiste en señalar el “fracaso del PP” por no haber logrado la mayoría absoluta y, al mismo tiempo, negar la debacle histórica del socialismo andaluz que, como todo el mundo sabe, ha cursado como una derrota de Pedro Sánchez por persona interpuesta.
Por si acaso, el comité federal del partido ya estaba convocado para el 27 de junio. Seis semanas por delante para que el tiempo suavice los efectos del descalabro. Tarea difícil para los cientos de cargos territoriales del partido, entre quienes reina algo parecido al pánico ante la posibilidad de quedarse sin el puesto si su jefe decide agotar la legislatura y convocar las elecciones generales cuando tocan (julio de 2027), después de las territoriales (mayo de 2027).
De ahí que la admonición de Juanma Moreno, al equiparar la derrota socialista en Andalucía con la cancelación del presidente del Gobierno, pueda funcionar justo al revés. Es decir, que la nueva debacle territorial —cuatro de cuatro— se convierta en un motivo más para retrasar la convocatoria de elecciones generales.
En su lógica, ¿qué sentido tendría convocar para perder con el golpe andaluz tan reciente? Ninguno, salvo un repentino ataque de fe en los usos y costumbres del sistema democrático. O, por ejemplo, descubrir que no se puede gobernar a espaldas del Parlamento, con un Gobierno tensionado, un partido debilitado, una imagen personal erosionada y la presión constante de los casos judiciales que afectan al entorno político. Pero no parece esa la partitura que suena en los atriles de la Moncloa.
Aunque Moreno Bonilla no haya conseguido que cale la idea de que votar al PP en Andalucía era sinónimo de desalojar a Sánchez de La Moncloa, sobre el tablero nacional queda su apuesta por la centralidad, la templanza y el respeto al adversario. Una estrategia que recuerda al Feijóo recién llegado a Madrid, antes de que la confrontación permanente marcara el ritmo del debate político.