Rufián, el verso suelto que incomoda a todos

Ni lidera ni obedece… pero siempre consigue que todos hablen de él.

Gabriel Rufián (1982, Santa Coloma de Gramenet) es el gran verso suelto de la política nacional. Un patito feo entre los suyos —independentista por identidad, izquierdista por ideología— y un demonio para quienes acampan en la otra trinchera: derecha española y catalana, indistinguibles cuando se trata de desautorizarlo.

Rufián hace de Rufián”, repiten en su propia familia política cuando cuesta explicar su autonomía dentro de ERC, pese a ejercer como portavoz en el Congreso y hombre de confianza de Oriol Junqueras. Ni el cargo ni la disciplina orgánica parecen frenar su aversión a Junts —con quien comparte independentismo pero no estilo— ni su inquietud ante una izquierda fragmentada que corre el riesgo de diluirse en la irrelevancia.

Por ambas razones se ha convertido en el político travieso de la temporada. A Junts le dedica gestos de desdén en los pasillos; a la izquierda del PSOE intenta sacudirla para que espabile frente al avance de las derechas en los sondeos. La ley D’Hondt no perdona a quienes concurren divididos.

Sin embargo, sus detractores —independentistas y constitucionalistas, republicanos y monárquicos, defensores de la España una o de la plurinacional— reducen su estrategia a puro personaje. Le reprochan ambición desmedida y una supuesta obsesión por asegurar su escaño en la próxima legislatura.

Él insiste en que no busca liderar, sino movilizar. Pone al servicio de esa causa su capacidad comunicativa, su presencia en redes sociales y su estilo punzante en el hemiciclo. Cree que la izquierda a la izquierda del PSOE necesita una candidatura unitaria si quiere frenar el cambio de ciclo que ya asoma.

Pero el entusiasmo no encuentra eco. Sumar, IU, Podemos, Compromís, Comunes, BNG, Bildu… cada cual preserva su espacio. Incluso en ERC, donde el componente identitario parece imponerse al ideológico, la sintonía no es plena.

Rufián sigue a lo suyo. Verso suelto, incómodo y ruidoso. Quizá demasiado para unos. Quizá insuficiente para otros.