Política a la coreana
Líbrenme los dioses de establecer maliciosas comparaciones entre la política nacional y un culebrón surcoreano. Pero la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, parece no compartir ese recato tras lanzar su último dardo envenenado contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acusándolo de estar "abducido por el síndrome norcoreano".
En todo caso, si atendemos al manual político de Ayuso, la acusación sería al revés: las supuestas tentaciones cesaristas de Sánchez encontrarían eco en la figura del presidente surcoreano, Yoon Suk Yeol, quien, en el sensible espacio geoestratégico Asia-Pacífico, declaró recientemente el estado de excepción (ley marcial) para frenar una supuesta conjura interior respaldada por Corea del Norte, con el objetivo de derrocarlo.
Aproximarse a la crisis coreana hace que un incontrolable no-sé-qué qué-se-yo te recorra el cuerpo al reparar en los motivos que llevaron al tal Yoon Suk Yeol a suspender temporalmente los derechos y libertades en ese paraíso del capitalismo democrático que creció al sur del paralelo 38 en tardía derivada de la Segunda Guerra Mundial.
A saber:
El presidente surcoreano, con una oposición mayoritaria en el Parlamento, es abucheado en la calle por su impopularidad, tiene dificultades para sacar adelante los Presupuestos del Estado, acusa a la oposición (liberales del Partido Democrático) de no reconocerle como presidente legítimo, tiene cuestionados a su esposa y al fiscal general del Estado... Ay, que todo eso me suena.
En todas partes cuecen habas. Y en estos tiempos recios, a calderadas. Pero las fronteras ideológicas ya no sirven para aplicar plantillas fijas a los acontecimientos de aquí o allá. En Corea del Sur, es el conservador PPP (Partido del Poder Popular) el que recurre al enemigo interior con apoyo exterior, identificándolo con el liberal DPK (de corte "progresista"). En España, la plantilla se invierte y es el progresista PSOE el que acusa al enemigo interior (el conservador PP) de enarbolar un proyecto "golpista" que niega la legitimidad del Gobierno y utiliza a jueces y periodistas para tumbar a Pedro Sánchez.
Una luz en la senda. Las fuerzas de seguridad de Corea del Sur, activadas por la ley marcial para suprimir temporalmente garantías constitucionales con todo el poder para el Ejecutivo, se retiraron inmediatamente cuando el Parlamento rechazó por unanimidad la medida excepcional del Gobierno. Buena noticia.
No todo está perdido si al final nos salva el funcionamiento de las instituciones frente a una nueva especie de autócratas a uno y otro lado de la histórica barricada de fuerzas conservadoras (derechas) con fuerzas progresistas (izquierdas).