20.06.2024 |
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La 'verdad' de Sánchez

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y las vicepresidentas del Gobierno en funciones, Nadia Calviño (c) y Yolanda Díaz ven a la portavoz de EH Bildu, Mertxe Aizpurua, dirigirse al estrado para su intervención ante el Congreso en la segunda jornada de la investidura este jueves en Madrid. Sánchez, previsiblemente, logrará ser reelegido presidente del Gobierno tras superar la investidura con el apoyo de 179 diputados. EFE/ Juan Carlos Hidalgo
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y las vicepresidentas del Gobierno en funciones, Nadia Calviño (c) y Yolanda Díaz ven a la portavoz de EH Bildu, Mertxe Aizpurua, dirigirse al estrado para su intervención ante el Congreso en la segunda jornada de la investidura este jueves en Madrid. Sánchez, previsiblemente, logrará ser reelegido presidente del Gobierno tras superar la investidura con el apoyo de 179 diputados. EFE/ Juan Carlos Hidalgo
La 'verdad' de Sánchez

Las dos recientes entrevistas del presidente del Gobierno (País y RNE) se han coronado con titulares alusivos a su intento de enfriar el subidón de los "indepes" de Junts, convencidos de que en un futuro próximo Cataluña ejercerá plenos poderes en materia de inmigración, incluido el control de las fronteras y la capacidad de expulsar a los inmigrantes con tendencia a delinquir o saltarse las leyes a la torera.

Pero en su desahogo argumental ha deslizado algo mucho más importante sobre su modo de hacer política. Me refiero a la vigente sindicación de poder con socios nada recomendables. Él lo remite a un ineludible mandato de la realidad, encaje o no encaje en la profesión de los valores y principios morales -permanentes y no pasajeros-, que se suponen en un dirigente político como jefe de filas de un grupo de personas unidas por una determinada profesión ideológica.

El presidente declara sus tres desvelos como gobernante: el empleo, los derechos sociales y la convivencia. No importan las herramientas o los caminos impuestos por la necesidad para avanzar en estos tres virtuosos objetivos de interés general. Por ejemplo, mediante la claudicación ante las exigencias de un huido de la Justicia que dirige de facto un partido político minoritario y de confesada aversión al vigente orden constitucional, pero decisivo en la aritmética parlamentaria que hace posible la continuidad de Pedro Sánchez en el Palacio de la Moncloa.

Es el viejo mantra: no hay más cera que la que arde. O el proverbio chino: gato blanco, gato negro, el caso es que cace ratones. Los filósofos, hartos de conjugar los términos "verdad" y "realidad" en la misma ecuación, nunca dejaron de dar vueltas al asunto, desde Aristóteles hasta Jorge Freire. Pero Sánchez lo tiene claro; "La única verdad es la realidad", dice en plan aristotélico, aunque también podía haber citado a Maquiavelo, a Bismarck o al general Perón, que ya constataron en sus días las ventajas de acogerse a esa sentencia.

Constatable es que la claudicación ante Puigdemont ya forma parte de la realidad que nuestro presidente bendice porque frena el avance de la ultraderecha y no impide tomar decisiones favorables a la mayoría social, por mucho que le abucheen en la calle y él se sienta acosado por un "abrumador dominio mediático de la derecha".

Lo demás es ilusorio, extravagante, pues no forma parte de la realidad. A saber: desprestigio del Estado, desigualdad territorial, inseguridad jurídica, dominio de lo contingente sobre lo esencial, separación de poderes, integridad territorial, opacidad del Gobierno y, en fin, la vergüenza torera. Todo eso, según Pedro Sánchez, no es verdadero porque no está en la realidad, que es el ropaje de la verdad.

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