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El Diario de Cantabria

FirLa nueva normalidad

FirLa nueva normalidad

"Un cambio prepara siempre el camino para otro". Eso dice Maquiavelo en "El Príncipe". Nos remite a la doctrina de Sánchez cuando anuncia que "nada será igual" después del coronavirus ¿Se considera una excepción en esa "nueva normalidad" que se contempla en los planes oficiales del mando único, una vez consumada la desescalada gradual, asimétrica y coordinada que ya tiene a la mitad de los españoles en régimen de libertad vigilada desde este lunes?

La España de las cacerolas compite con la de los aplausos. Hay un sector de la ciudadanía con ganas de pasar factura por los errores cometidos. En lenguaje de los analistas se trata de saber si el tablero político alumbrado en la investidura de Sánchez (enero 2020) sobrevivirá a los últimos tirones.

Me refiero al teórico alejamiento de ERC y teórico acercamiento de Cs, coincidentes con una ofensiva de Pablo Casado que tenía la pólvora mojada, pero sembró el pánico en el equipo de Sánchez. De ahí que el apresurado pacto del Gobierno con Inés Arrimadas disparase las apuestas sobre la posibilidad de una nueva mayoría de apoyo a la coalición "progresista".

Craso error. Ambas partes se han reafirmado en la voluntad de mantener sus respectivas alianzas. Las de Cs con el PP. Y las del PSOE con los nacionalistas. El partido de Arrimadas no dejaría de ser un cuerpo extraño en el tándem populistas-nacionalistas, por mucho que algunos lo presenten como algo verosímil a la luz de la doctrina zapaterista sobre la "geometría variable".

Un movimiento de piezas que al menos ha servido para poner de manifiesto la imperdonable incapacidad de las dos grandes fuerzas de la centralidad política nacional, PSOE y PP, para aplazar sus diferencias y gestionar una remada conjunta contra el coronavirus, como reclama una inmensa mayoría de españoles al margen de sus preferencias electorales.

El acercamiento se ha vuelto a revelar imposible, aunque a las dos partes se les llena la boca de apelaciones al interés general. No son creíbles unos llamamientos a la unidad de Pedro Sánchez que luego son desmentidos por los hechos. Es descarada su estrategia, que consiste en empujar al PP hacia la extrema derecha en vez de atraerle al centro en cuestiones de Estado. Y tampoco está libre de culpa Pablo Casado. Su discurso se agota en las descalificaciones y, en su réplica al intolerable órdago de Sánchez (yo o el caos) durante el debate sobre una nueva prórroga del estado de alarma, no ofreció ninguna alternativa elaborada y verosímil.

Los antecedentes no permiten suponer que el clima va a mejorar en el seno de la comisión parlamentaria para la reconstrucción económica y social, que acaba de ponerse en marcha bajo la presidencia del socialista Patxi López.

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