21.06.2024 |
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Crece Feijóo

Crece Feijóo

Absténganse los enterradores políticos y mediáticos del líder del PP al que vienen señalando el camino de vuelta a Galicia. En mi humilde opinión, no deshabitada de prejuicios desfavorables, su liderazgo sale reforzado de la sesión de investidura. La derrota en la votación del miércoles y en la previsible del viernes certifica un fracaso en los números. Sin embargo, me parece la consolidación de un candidato creíble a la presidencia del Gobierno como alternativa a Pedro Sánchez.

Un de los vectores capitales del discurso de Feijóo ha sido precisamente la fijación de las características políticas y éticas que marcan la diferencia entre los dos personajes: "Yo soy un presidente de fiar". La frase reina en los titulares y me temo que va a convertirse en la pesadilla del líder socialista atornillado a la Moncloa con el apoyo de declarados enemigos del Estado y la Constitución.

Los elementos de comparación entre los dos personajes se consolidan ante la opinión pública. Será un componente ineludible de las aproximaciones a la evolución de la política nacional. Y hasta puede ser decisivo en una eventual moción de censura que plantearía el PP un año después de la muy probable reinstalación de Sánchez en la Moncloa.

Me parece que lo ocurrido estos días en el Congreso contribuye a alejar las dudas previas sobre el futuro político de un líder cuya imagen se asociaba al provincianismo, la falta de carisma y la única bala del 23 de julio. De sus cruces con los distintos portavoces parlamentarios en la tarde del martes y la mañana del miércoles me quedo con los momentos de silencio casi religioso con los que la Cámara siguió las intervenciones del candidato a la investidura. Silencios debidos al interés por lo que decía el candidato y cómo lo decía: convicción informada, sentido común y rigor argumental más inspirado en la razón que en las emociones.

Huelgan, por tanto, los análisis políticos y mediáticos que no van más allá de acusar a Feijoo de haber convertido la sesión de su investidura en una moción de censura contra un Gobierno inexistente. En ese caso, se habría anticipado en más de un año a los planes previstos por los estrategas del PP. Aun así, tendría sentido la narrativa del candidato, que llegó a la sesión de investidura a sabiendas de que no iba a conseguir la confianza de la Cámara por mayoría absoluta el martes ni por mayoría simple el viernes.

Feijóo entró en la sesión de investidura como quien va al patíbulo (político, se entiende) y sale rodeado de gracias inéditas en su trayectoria política y personal: rigor, sensatez, serenidad, moderación, coherencia y sentido ético de la acción política. Fue de menos a más sin dejar de mirar a Sánchez. Y aunque solo le aplaudieron los suyos, el resto de los diputados le escuchó con redoblado interés. Y eso ya era mucho para alguien que llegaba marcado por una derrota pregonada por tierra, mar y aire.

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