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El Diario de Cantabria
Álvaro Galán
14:10
31/05/20

Soy empresario, lo confieso

Soy empresario, lo confieso

Ale, ya lo he dicho. Siento si han hecho falta 6 columnas para desenmascararme y no sé bien cómo contarte esto ya que para mí no es nada fácil . Todo empezó hace 20 años cuando mi madre me dio la «oportunidad» de empezar a ganarme dignamente la vida fregando platos en la cafetería del aeropuerto de Santander a las cinco de la mañana; después llegaría el turno de aspirar alfombras y vender aspiradoras; hacer prácticas laborales delante de una fotocopiadora… hasta que por fin me decidí pasarme al «lado oscuro». Desde hace 17 años dirijo mi propia empresa y es una auténtica gozada, eso sí: siempre compaginando mi vida de parabienes, excesos, riqueza, omisión y opresión de derechos laborales y el estatus que te aporta levantarte por la mañana, ponerte la levita y el bombín, encender el puro con un billete de 500 y tirar de chófer hasta para ir al WC con un trabajo en una compañía aérea que implicaba levantarte a las 5 de la mañana, recuperar las horas los fines de semana y empalmar hasta cuatro meses sin librar ni un día. Pero oiga, no fuese a ser que al final no me convenciera esto de emprender.

Yo sé que está muy mal visto y que posiblemente estas líneas pueden suponer nuestro divorcio definitivo como autor y lector, como esgrimidor y cómplice; pero te lo voy a contar. Voy a darte un poco de envidia si nunca has sido empresario. Por un segundo vas a paladear la realidad de los tiranos que solo piensan en sí mismos y que todo lo que hacen es exclusivamente en pos de su propio beneficio, esos a los que todo el mundo admira cuando lo hacen bien y arropa cuando se equivocan y lo pierden todo.

Para empezar, me aprovecho de un montón de ayudas destinadas a impulsar mi negocio; he sido el primero en hacer un ERTE en cuanto he tenido la oportunidad de ahorrarme unos euros a cuenta de mis empleados y de la seguridad social; esa caja mágica de producir riqueza exclusiva para sus propietarios, llamada -vulgarmente- «empresa» y la cual a veces me dejan gestionar, siempre está llena de dinero que amaso y cuento todas las noches mientras me baño sobre él; voy a trabajar cuando me da la gana y me apetece, y nunca más de 5 horas al día.

Para eso están los empleados, ¿no? ¿si no, de que van a vivir los clubes de golf?; como soy empresario, la gente valora más mi trabajo, me admiran: de hecho hay algunos «clientes» que me admiran tanto que como saben que la administración no se me da muy bien, ni atienden mis facturas para que no tenga que contar. Pero ¿qué más dá? La empresa siempre tiene.

Además, es muy reconfortante. No te creas que todo va sobre «pasta». También aportas «las sobras» a la sociedad. No como un futbolista profesional, algún ex-político ni un actor famoso, pero oye, menos da una piedra. En mi caso, contribuyo con casi el 50% de lo que genero en pagar religiosamente mis impuestos, y no pasa nada si algún «cliente» decide no molestarte con temas administrativos, la Administración pasa cada trimestre a ver «qué hay de lo suyo».

Sin problema: «empresa», «pasta». ¿Total, para qué iba a necesitar ese dinero en el futuro? Si las cosas me van mal, mi condición de empresario hace que los bancos me regalen su dinero; exagero, no me lo regalan, pero solo tengo que avalar con todo aquello por lo que he luchado en mi vida. Igualmente, ¿para que iba a necesitar dinero si no me va bien?¿Indemnizaciones, liquidaciones?,¿qué es eso?

Siento que tengas que enterarte por medio de estas líneas, pero es que acabo de presentar la declaración de la renta, el impuesto de sociedades y el IVA atrasado (a consecuencia del COVID-19) y creo que ya estaba bien de guardarme ciertos placeres para mí solo.

Eso sí, no me gustaría despedirme sin saborear juntos esta pequeña dosis de franqueza en forma de último axioma sobre mi condición: lo mejor de ser empresario es que siempre hay alguien detrás para recoger tu mierda y nunca eres el único responsable de tus propias decisiones.

Soy empresario, lo confieso
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