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El Diario de Cantabria

Miedo

Vivir con miedo te convierte en una persona ansiosa, insegura, frágil, débil y, a la larga, termina consumiendo tu alegría, energía y vitalidad. Es natural que cuando tienes miedo busques valor a través del desempeño de habilidades que te permitan afrontarlo, conocimiento para comprender su procedencia o el apoyo de aquellas personas que te procuran una sensación de protección y seguridad.

El miedo es natural, cotidiano y vive agazapado en personas, cosas, animales, momentos y situaciones tan variopintas como personalidades existen a nuestro alrededor. No es un mal común, ni mucho menos, cada uno tenemos nuestros propios miedos y lo que a mi me aterroriza a ti puede producirte tranquilidad, gracia o sorpresa. Cada uno afrontamos nuestros miedos de forma diferente: unos los afrontamos y luchamos, otros buscan la manera de huir de ellos e incluso hay quienes los aceptan e integran como un rasgo más de su personalidad. El miedo es personal e intransferible, pero su origen parte de un principio básico que no atiende a rasgos de la personalidad, pasado, ni futuro: la falta de control. Nos aterroriza perder el control: que alguien pueda hacernos daño por el hecho de ser más fuerte es un acto de sumisión sobre el que no tenemos ningún control, perder nuestro trabajo y no poder generar ingresos que nos permitan seguir teniendo una vida ‘controlada’ es un miedo bastante común, la posibilidad de morir y dejar este mundo sin haber tomado la decisión de hacerlo -otra vez queremos controlar el momento- quizá es el ‘miedo por excelencia’, pero ¿qué sucede con la enfermedad?, ¿acaso no nos da miedo?, ¿y si además de enfermar cabe la posibilidad de contagiar y matar a nuestros seres queridos? Y lo más importante: ¿qué sucede cuando la sensación de miedo nos invade sin que exista ningún peligro?, entonces aparece el miedo neurótico. ¿Quién puede tener control sobre su vida con la amenaza constante de una muerte segura improbable? -En las trincheras no hay ateos-. Es posible seguir viviendo así, por supuesto, pero en mi opinión las consecuencias sociales, personales, afectivas y psicológicas de esta etapa de nuestras vidas van a ser nefastas. - Incluso yo me sorprendí el otro día extrañado porque dos amigos se daban un abrazo en un programa de televisión (en diferido, por supuesto)-. Como sociedad creo que estamos haciendo todo lo posible por intentar recuperarnos y avanzar; vivimos con miedo, trabajamos con miedo, queremos con miedo y lo único que oímos a todas horas es que todo va peor, que todos nuestros esfuerzos son en vano, que somos el peor país de Europa (y del mundo mundial) en la gestión de la pandemia... y yo me pregunto ¿qué están haciendo los ciudadanos de otros países que no estemos haciendo nosotros?

Sé que mi respuesta quizá escueza y puede que no estés de acuerdo, pero creo que lo que estamos haciendo mal nosotros es dejarnos machacar sistemáticamente por unos medios de comunicación absolutamente parciales, serviles, intimidados y bien pagados con dinero público y los intereses poco legítimos de ciertas personas, corporaciones y colectivos que han comprendido a la perfección la eficacia del dicho «a mar revuelta, ganancia de pescadores» y la importancia que tienen el control sobre la información y la docilidad que el miedo le confiere al ser humano. Yo no digo que no tengamos que vivir con precaución, que las cosas no han cambiado ni que no exista peligro de muerte; pero exijo que alguien cuente que también estamos haciendo algunas cosas bien, que el riesgo que asumimos para tratar de superar esta crisis nos enorgullece como sociedad valiente e implicada que está luchando contra sus miedos más profundos mientras nuestro país es sometido a un saqueo incesante que ya anticipa nuestro próximo desafío: salir de la pobreza afectiva y económica hacia la que nos dirigimos con determinación y velocidad de vértigo.

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