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El Diario de Cantabria
Álvaro Galán
04:28
11/05/20

El ejecutivo y su tornillo

El ejecutivo y su tornillo

Julio es un ejecutivo de éxito de una importante firma de moda. Su día a día transcurre entre reuniones con clientes, proveedores y otros stakeholders; viajando en avión, en barco e incluso en coche, y por qué no decirlo: trabajando sin descanso para llegar a ser director ejecutivo de su empresa. Julio lo tiene claro, hay que llegar a la cima como sea posible. Y aunque haya gente que no apruebe este comportamiento, es su manera de sentirse realizado en la vida.

Por fin su día había llegado, y después de 20 horas «perdidas» entre aviones, aeropuertos, taxis y reuniones, podría sentarse tranquilamente en la habitación del hotel a repasar la presentación que dejaría al consejo de administración de su empresa tan impresionado que no tendrían otra alternativa que nombrarlo «primer espada», eso que la gente moderna conoce como CEO y cuyo significado procede del inglés Chief Executive Officer. Julio estaba eufórico, no sabía si irse al gimnasio, cenar algo ligero y repasar los datos fundamentales, darse un baño o hacerlo todo a la vez. Así que decidió optar por la tercera opción: repasar los datos y asegurar el éxito.

Casi se le para el corazón cuando abrió su flamante ordenador alumínico de ejecutivo de éxito y descubrió que ni la pantalla ni el teclado obedecían ninguna orden. Ctrl+Alt+Supr, «agitado milagroso», comprobar enchufe 10 veces... -¿¡Cómo es posible!?-, pensó desesperado. Su crispación y miedo crecían por momentos mientras intentaba buscar tutoriales por Youtube sobre «cómo reparar ordenadores que no hacen nada»; y como no era capaz de encontrar una solución por sí mismo, pensó en lo que al fin y a la postre era el camino más obvio: llamar a un técnico que pudiese reparar su problema en menos de 9 horas.

David llegó a las 18:00 y llamó discretamente a la puerta de la habitación. Cuando Julio abrió la puerta, David no era capaz de entender nada de lo que intentaba decirle: agitaba los brazos, estaba sofocado, sudaba copiosamente y balbuceaba algo ininteligible señalando el portátil que permanecía impávido, impoluto, apoyado cómodamente sobre el escritorio principal y ajeno completamente al calvario que estaba viviendo su propietario. David sonrió, avanzó hasta el equipo, lo cogió en sus manos, lo giró, manipuló algo que Julio no pudo identificar y cuando lo volvió a colocar en la mesa pulsó dos teclas. De repente, el ordenador despertó de su letargo, emitió un sonido y la pantalla brilló casi tanto como los ojos de Julio, que miraba con la ilusión del niño que va por primera vez a la Cabalgata de Reyes. Tremendamente eufórico, Julio casi abraza a David. ¡Estaba otra vez más cerca de su meta!, todo  había quedado en una pesadilla pasajera. Entonces le preguntó a David -¿Cuánto te debo?-

David, que estaba distraído limpiando un poco el teclado del ordenador le dijo: -Son 1000euros-. -¿1000euros?- dijo Julio sintiendo que volvían los sudores y replanteándose su vida como CEO en pos de convertirse en informático… -Pero, ¿si has estado 5 minutos? Mira, te propongo hacer una cosa (dijo Julio que no quería parecer descortés ni mostrar un comportamiento impropio de su posición profesional): tú envíame la factura, y si es correcta, yo te la pago de inmediato.-

Al cabo de una semana, Julio recibió la factura y la pagó de inmediato. No había conseguido ser CEO de su empresa, ya llegaría otra oportunidad, pero no pudo reprimir una sonrisa cuando leyó el concepto que David había incluido en la cuenta y que rezaba: «Apretar tornillo trasero y pulsar teclas de reseteo de equipo: 1euros»,»Saber qué tornillo y teclas apretar 999euros».

Esta anécdota que un gran compañero de trabajo me contó una vez ha marcado mi vida profesional. Cuestionar todo, aprender de todo y esforzarme a diario por saber «qué teclas pulsar en cada momento y situación» me hace sentir un poco más ‘David’ cuando ayudo a mis clientes o trabajo con mis alumnos. Este mismo principio es el que intento inculcar a todos mis compañeros de trabajo porque, bajo mi punto de vista, hay una cosa que (de momento) está clara ninguna máquina, competidor o persona podrá copiar nunca de ti: tu personalidad, tu determinación y tu tenacidad para triunfar.

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