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Pasión por la tragedia

Roberto García | 28 de junio de 2020

Nkaka se lamenta por haber dejado a su equipo con diez por dos amarillas en apenas un minuto. / hardy
Nkaka se lamenta por haber dejado a su equipo con diez por dos amarillas en apenas un minuto. / hardy

El Racing comenzó maniatando a su rival, después se quedó con diez, le pitaron un penalti en contra y más tarde se adelantó con gol de Borja Galán, pero le acabaron remontando | el equipo sólo se vino abajo con el 1-2

El Racing entiende el fútbol como tragedia. No le gustan las historias convencionales y de color de rosa y mucho menos los finales felices. Es tan patente su predilección por el sufrimiento que sus historias incluso se hacen predecibles. Si llega ganando al descuento, uno ya sabe que por lo menos le van a empatar; si es el primero en marcar, sabes que no va a ganar; si las cosas le van bien e incluso se siente superior al rival, el aficionado sabe que algo va a pasar. Como ayer. Ayer le pasó y no le cogió por sorpresa a nadie. El conjunto cántabro estaba pasando por encima de su rival pero uno de sus jugadores decidió borrarse e hizo todo lo posible para que el árbitro le expulsara. Lo curioso es que el Racing marcó poco después, pero también todo el mundo sabía que le iban a acabar remontando.

Si el partido en su totalidad fue obra de un guionista despiadado, el primer tiempo fue ya una cosa de locos. No pudieron haber pasado más cosas. Imposible. Tras una notable media hora del Racing en la que ninguneó a un Albacete que parecía muy poca cosa, en la que manejó la pelota con pausa y en la que incluso llegó y remató entre palos, de nuevo tuvo que ver cómo el desarrollo del relato le obligaba a suicidarse. Nkaka se autoexpulsó, dejó a su equipo con un hombre menos y, para colmo, el Albacete dispuso de un penalti tras la intervención del VAR. Pero el lanzamiento se fue fuera, el equipo verdiblanco no se vino abajo, lo siguió buscando y marcó. Desde Las Rozas lo intentaron anular, pero no pudieron. Fue un descuento de ida y vuelta en el que el bando manchego incluso tuvo su oportunidad para empatar, pero Iván Crespo intervino a lo grande para despejar el peligro a córner. Cuando todo parecía en contra, los astros parecieron aliarse por vez primera con el Racing, pero fue sólo una broma de los dioses, una manera de conseguir que el desastre anunciado fuera todavía más dramático.

Aquel último balón del primer tiempo lo detuvo Iván Crespo porque el capitán estaba en el campo. Finalmente, hubo un cambio de portero. Lo merecía el guardameta cántabro porque Luca ya había demostrado en los dos últimos partidos que no estaba fino. Y, cuando uno no está bien, ha de dar paso al siguiente. Sin rencores ni reproches. Es cierto que el francés terminó haciendo buenos encuentros ante el Tenerife y la Ponferradina pero cuando ya daba igual, cuando todo se había ido por la borda gracias, en parte, a su mal momento. Y lo cierto es que no tuvo que ser sencillo para Iván Crespo volverse a poner bajo palos porque en prácticamente trece meses sólo había jugado aquel olvidable partido de Copa del Rey contra el Murcia, pero mantuvo el nivel y nadie le pudo señalar como culpable de la derrota.

Lo cierto es que parece que el tiempo no ha pasado por el guardameta verdiblanco, que se mostró tan seguro como ha demostrado serlo en los últimos años en los que ha defendido la portería del Racing. Y eso que le costó encontrar una oportunidad para entrar en acción porque el equipo de Lucas Alcaraz se comportó de salida como un equipo sin demasiada hambre o, sencillamente, superado por un equipo verdiblanco que dio continuidad a la primera media hora que ya había mostrado en El Toralín. Tener a Mario Ortiz en el medio campo siempre ayuda para iniciar el juego desde atrás y, aunque siempre llegaba un punto en el que al conjunto cántabro le costaba entrar por su falta de profundidad, se sentía dueño y señor del partido.

El peligro llegó por banda derecha, a donde volvió Aitor Buñuel tras su experiencia como central. El navarro se convirtió en carrilero y quizá firmó sus veinte mejores minutos de la temporada con la camiseta de su equipo. Tuvo una constante presencia en ataque y, de hecho, cuando apenas se habían completado noventa segundos de partido ya había firmado su primer remate a portería, con su pierna mala pero con dureza, que se fue alto. Apenas un cuarto de hora después, de nuevo probaría fortuna con un disparo lejano, esta vez tras una jugada muy elaborada por su equipo que acabó en sus dominios. Tras el control y al ver que tenía espacio para pensar y armar un buen remate, cumplió con su cometido y lanzó un misil con más potencia incluso que el de Son Malferit que, a pesar de que le salió centrado, obligó al portero a despejar de puños.

Con todo, la acción que estuvo a punto de premiar esos buenos minutos del Racing ante un Albacete que sólo se encomendaba a la fortaleza de Zozulia fue un testarazo de Jon Ander. El balón le llegó plácido al corazón del área pequeña sin que los centrales manchegos acertaran a despejar. El centro, como no podía ser de otra manera a esas horas, salió de las botas de Buñuel. Fue un tanto lejano, pero qué bueno fue. La pena fue que el delantero vasco perdonó al irse el cabezazo demasiado cruzado.

El partido parecía plácido para el Racing, pero siempre pasa algo. Y lo que pasó fue que apareció el Nkaka que todo racinguista conocía antes del confinamiento. Quizá ahora Oltra ya sepa por qué se le criticó tanto, ya que vino a decir hace un par de semanas que el personal se había cebado con él de manera gratuita. Quizá creyó que fue porque no le gustaba su pelo, pero era porque lo que hizo ayer ya lo había hecho antes un par de veces. Lo suyo fue todo un tiro en el pie de su propio equipo. Fue la ejecución de un suicidio. Primero vio una amarilla por llegar tarde y después por perder el balón tras un mal pase de Figueras que le arrebató Zozulia, lo que le permitía irse con todo al área. Y el medio centro le derribó a pesar de que ya tenía una. Lógicamente, al árbitro no le quedó otra que enseñarle la segunda. Y no se le puede decir que tuviera el gatillo fácil porque en el segundo tiempo le perdonó dos veces a Borja Galán la expulsión.

Oltra se desesperaba. Claro. Como desesperado acabaron con Nkaka Iván Ania (Cristóbal ni lo utilizó) y los aficionados. Todo lo bien que lo estaba haciendo el Racing corría el peligro de venirse abajo, más aún después de ver cómo el árbitro caía en la trampa que Zozulia le tendió a Jordi Figueras. Pitó penalti por un pisotón que dio la impresión de quedarse a medio camino y, tras el consiguiente parón para que lo estudiara el VAR, lanzó Pedro Sánchez. Y lo hizo mal. Muy cruzado. Crespo se tiró bien pero no hizo falta que la tocara.

El Racing no cambió demasiado a pesar de la expulsión. Mantuvo sus líneas y, sencillamente, Oltra dio todo el centro del campo a Mario Ortiz. Borja Galán y Nando se metían para el centro pero era él quien sostenía al equipo. Estaba completando un buen encuentro pero justamente acabó siendo decisivo un resbalón suyo en la acción en la que se produjo el empate al facilitar que Benito entrara con facilidad al área por el extremo derecho hasta encontrar completamente solo a Manu Fuster, que acababa de entrar al campo. El primer balón que tocó fue para marcar.

Lo cierto es que sorprendió que el técnico verdiblanco tardara en mover su banquillo a pesar de tener a sus hombres con diez y de tener a un solo medio centro en el campo. El desgaste se antojaba mayor que el de del equipo rival y más aún teniendo en cuenta que Lucas Alcaraz hizo todo lo contrario y a los diez minutos de la reanudación ya había realizado cuatro de los cinco cambios a los que tenía derecho. Y esa frescura se nota. Por eso cuando el Albacete empató, todo apuntaba hacia un segundo tiempo demasiado largo para el Racing.

Éste había salido a jugar tras el paso por vestuarios con la firme intención de intentar defender su tesoro, pero poco le duró la ventaja. Ésta la había conseguido en el descuento de ese loco primer tiempo, cuando un rechace a una falta botada por Mario Ortiz llegó a la cabeza de Abraham, que asistió a Figueras para que éste hiciera lo propio con Manu Hernando, que ya cambió el ritmo para buscar línea de fondo. Y la encontró gracias también a una concesión de Alberto Benito. El central aprovechó la situación, levantó la cabeza, vio bien colocado a Borja Galán y éste remató perfecto. El Racing había demostrado no venirse abajo ni bajar los brazos a pesar de sufrir la enésima calamidad de la temporada y estaba teniendo su recompensa. Temió que le durara poco cuando Pedro Sánchez remató con mucha fuerza en el interior del área pocos segundos después del gol, pero ahí estuvo bien Iván Crespo.

Mejor aún lo estuvo el capitán cuando, ya en la recta final de la contienda, a los 73 minutos, abortó una clara contra del Albacete que parecía gol cantado. Álvaro Giménez se echó una carrera tremenda de campo a campo para, a la hora de la verdad, asistir a Benito para aprovecharse del tres contra dos que se habían encontrado. Al lateral sólo le faltaba rematar y dar el golpe de gracia a Iván Crespo, pero éste salió con todo para que se le hiciera de noche al atacante y repelió el peligro. No pudo hacerlo siete minutos después, cuando el mismo Giménez que había hecho de correcaminos se hizo con un balón muy lejos de la portería que remató con fe y le salió perfecto. Fue a la base del palo y poco pudo hacer ahí el capitán.

Aquello sí que fue un duro golpe para un Racing que había completado una actuación de mérito hasta ese momento porque siempre estuvo en el partido y porque, además, no se quedó atrás a esperar y defender. De hecho, si el equipo manchego había cazado aquella clara contra a los 73 minutos fue porque el conjunto cántabro incluso había sido capaz de irse a por la victoria y de enlazar algunas llegadas. Eso, tras recibir un nuevo golpe moral y anímico, a diez puntos de la permanencia y a puerta cerrada, tiene mérito. Todo sea por una buena tragedia.

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