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Que parezca un accidente

Roberto García | 28 de noviembre de 2020

Los jugadores del Racing durante el entrenamiento de ayer. / HARDY
Los jugadores del Racing durante el entrenamiento de ayer. / HARDY

El Racing pretende olvidar su mal partido de Laredo con una victoria en casa contra el Barakaldo | Pretende mostrar una mejor imagen y, para conseguirlo, Rozada volverá a introducir cambios de jugadores y de sistema

El Racing tiene hoy la oportunidad de demostrar que lo sucedido hace siete días en Laredo fue un accidente, una pesada vuelta a la realidad después de tres semanas parado, un despertar desagradable del que uno sólo se reacciona estampando el despertador contra la pared. Ahora ya está despierto. No ha trasnochado y se ha quedado sin excusas. Ni afrontará el encuentro sin ritmo de competición ni tendrá que jugar en un escenario incómodo ante un rival correoso. Lo va a hacer tras haber disputado un intenso encuentro en San Lorenzo y en su propio campo. A partir de ahí, lo que sea capaz de hacer o no será cosa suya. Esta vez no tiene una puerta de atrás por la que escapar y sólo le queda dar un golpe encima de la mesa y confirmar que no sólo es un equipo sólido y duro en defensa que apenas concede ocasiones, sino que sabe imponer su propia jerarquía. Jugando en su campo, no puede ser de otra manera.

Incluso el rival, al menos a priori, parece propicio para que el Racing protagonice su propio destape y rompa por fin a jugar. Porque se le va a plantar delante un equipo subido a un diván. Tiene serios problemas psicológicos, no sabe a ciencia cierta quién es, oye voces, es un desequilibrado. No entiende qué le pasa porque el Barakaldo confeccionó una plantilla para estar arriba, con el claro objetivo de estar en Segunda B Pro el próximo año sin descartar convertirse en la gran sorpresa que incluso pudiera pelear por el ascenso. Sin embargo, no carbura. Tiene gasolina pero el coche no arranca. Una chapuza. Ha jugado cinco partidos y lo máximo que ha sacado es un empate. Todo son pájaros rondando alrededor de la cabeza.

Un equipo que no conoce la derrota y que ha encajado un solo gol en cuatro partidos se va a medir a otro que ha recibido diez y que sólo ha marcado dos en cinco jornadas. Recoge el balón de su propia portería una media de dos veces por encuentro. Y eso que viene de firmar un empate a cero el fin de semana pasado. Fue contra el Arenas en Lasesarre y el equipo rojinegro jugó con dos hombres menos durante buena parte del segundo tiempo. Ni aún así fue capaz el Barakaldo de despertar y firmar una victoria que lo cambiara todo. Porque es el típico equipo que, ante una situación así, lo achaca todo a lo psicológico y se convence a sí mismo de que, en cuanto logre ganar un partido y se quite así un gran peso de encima, va a romper a jugar. Y eso suele ser como hacerse trampas al solitario. El Racing se pasó meses el curso pasado diciendo eso, pero las poquísimas veces que ganó sólo sirvieron para clavarse un poco más la daga. Hay que hacer análisis más futbolísticos.

Lo que es incuestionable es que cuando un equipo atraviesa una situación como la del Barakaldo, su estado mental es débil y su confianza muy limitada. Al mínimo golpe, le suelen temblar las piernas e incluso suele acabar en la lona. Por eso al Racing le conviene hoy firmar un inicio de partido bien intenso, salir a comerse a su rival consiguiendo por fin, por vez primera en lo que se lleva desarrollado de temporada, que se juegue más en campo rival que en el propio. Ha de demostrar que no quiere esperar y ni mucho menos ha de aparecer en el terreno de juego intuyendo que la debilidad de su oponente le va a permitir llevarse el partido prácticamente por inercia. Eso sería un pecado capital. No puede dar la mano y mucho menos dar vida a un oponente que está tirado en el suelo pidiendo clemencia. Sobre todo, porque en el seno del Barakaldo están convencidos de que El Sardinero puede ser una buena plaza para despertar e iniciar la remontada. Conseguir una victoria de prestigio en Santander le podría permitir borrar todas las dudas de un plumazo y por eso el Racing debe tener bien claro que su oponente sí va a salir a morder.

Entiende el Barakaldo que no está donde debe estar porque tiene equipo para más. La historia se ha oído muchas veces. Se puede decir que el Racing sí está donde debe porque si es capaz de ganar hoy y hace lo propio el miércoles, cuando ha de jugar el partido aplazado contra el Leioa, se va a poner en lo más alto de la tabla. Lo del Racing va de sensaciones, de mirar a medio o largo plazo y tener claro que con lo mostrado hasta ahora le puede valer para salvar el trámite de esta primera fase, pero que tiene que hacer mucho más si quiere ser un equipo que de verdad aspire a cosas grandes. Por encima de todo, alguien con grandes esperanzas y ambiciones ha de tener personalidad. Y eso es algo que el Racing todavía no ha demostrado tener porque ni siquiera sabe muy bien cómo quiere ganar los partidos.

Rozada quiso hacer un brusco cambio de rumbo la semana pasada, cuando, aprovechando que venía de un parón donde tuvo tiempo para trabajar cosas nuevas, abandonó el 3-5-2 con el que había comenzado la competición para enseñar un 4-4-2. El objetivo pasaba por firmar una evolución, por mantenerse fuerte y seguro atrás para, a partir de ahí, ser capaz de dominar un partido con la posesión y jugar más en campo contrario. Fue un fracaso. No consiguió nada de lo que buscó y, en el fondo, todo fue una prolongación de lo ya visto. Y es que, el Racing está enseñando unas carencias cuando le toca tener el balón que asustan. Nunca se ha sentido cómodo con él. Como si no supiera qué hacer.

A esto hay que añadir que el técnico asturiano decidió complicar la vida a Pablo Torre metiéndole en el sótano de la banda izquierda. Es posible que pueda defenderse con cierto brío por ahí dentro de cuatro años, pero ahora mismo, cuando aún es un juvenil, lo que demanda la situación es protegerle y, por tanto, colocarle en una posición donde se sienta a gusto y que conozca bien. Por eso es de prever que Rozada va a rectificar y va a situar al de Soto de la Marina en la parcela central del terreno de juego. Para ello, es probable que deba cambiar de dibujo.

 

un delantero menos. El entrenador asturiano comenzó la temporada teniendo claro que debía jugar con dos delanteros. Ahora no lo tiene tan claro. De hecho, todo apunta a que hoy va a sacrificar uno y que va a volver al 4-1-4-1 o al 4-3-3 que manejó en pretemporada. Lo cierto es que les está costando participar del juego y hacerse presentes aunque es probable que el problema tampoco sea suyo, sino de la problemática para instalar el juego en campo contrario y llevarles balones. Todo pasa por juntarse más no sólo para defender, sino también para crear. Acortar espacios en torno al balón para crecer y crear juego. Y, para conseguirlo, el técnico incluso ha ensayado esta semana con Pablo Torre y Álvaro Cejudo, quizá los futbolistas más talentosos del equipo, por delante del pivote. En este último rol, la duda está en si el entrenador dará continuidad a Iñigo Sainz Maza o dará una nueva oportunidad a Alberto Villapalos, que marcó gol en el último partido que se disputó en El Sardinero.

Esta nueva apuesta táctica que a buen seguro pondrá en práctica el Racing hoy para intentar pasar por encima del Barakaldo abre de nuevo la puerta a los extremos. Ya lo hizo el pasado sábado en Laredo, pero era una trampa. Meter con calzador a Pablo Torre en un 4-4-2 exige llevarlo a una banda y Rozada lo trasladó a la izquierda para que pudiera meterse hacia dentro. Eso trasladó a Álvaro Bustos a la derecha, por lo que ambos jugaron a pierna cambiada. Eso fabricó un embudo sin profundidad y sin posibilidad de fuga por los costados. El equipo se asfixió. Y eso lo puede corregir hoy porque es probable que el asturiano vuelva a su hábitat natural y que el respetable incluso pueda disfrutar por vez primera de Patrick Soko. Él está loco por la música. Lleva ya prácticamente un mes en Santander y está deseando disputar sus primeros minutos. Eso sí, habrá que tener en todo momento en cuenta que no juega un partido de fútbol desde el mes de marzo. Y hace mucho desde aquello. Cada vez más.

El peligro de jugar de inicio con Pablo Torre y Cejudo es que se pueda generar cierto desequilibrio. En caso de que Rozada tenga ese temor, seguirá teniendo a mano a Martín Solar, a quien, por ahora, parece que no quiere mirar a pesar de que su sala de máquinas está pidiendo fútbol a gritos. Y él lo tiene. No lo ha tenido, por ejemplo, Nana, que puede ser uno de los grandes perjudicados por el nuevo golpe de timón que va a llevar a cabo el técnico. Y es normal. Algo hay que cambiar en el medio campo porque aquello no carbura. Hay que engrasar la maquinaria con savia nueva y, sobre todo, con gente que sea capaz de dar ritmo y sentido a la posesión.

Afrontará el Racing el encuentro con las mismas dos bajas que tuvo en Laredo y que seguirá teniendo las próximas semanas. A Pablo Andrade es posible que ya no se le pueda ver en acción hasta después del parón navideño mientras que a Figueras le quedan aún un par de semanas. De este modo, no podrán ayudar en esta intensa semana con tres partidos que se le viene encima al equipo verdiblanco. Se abrirá hoy contra el Barakaldo, continuará el próximo miércoles contra el Leioa y se cerrará en Zubieta el próximo fin de semana contra un rival directo. Tiene ante sí el conjunto cántabro la posibilidad de borrar de un plumazo todas las malas sensaciones que transmitió en Laredo o bien profundizar en ellas y llegar a la certeza de que hay un problema. En su mano está.

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