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EL FARO DE OKUDA (II)

Jesús Carasa | Pintor y Escritor

Jesús Carasa | 29 de agosto de 2020

Decenas de personas acuden a la inauguración del Faro de Ajo, redecorado por el artista cántabro Okuda, este viernes en la localidad cántabra. EFE/ Román G. Aguilera
Decenas de personas acuden a la inauguración del Faro de Ajo, redecorado por el artista cántabro Okuda, este viernes en la localidad cántabra. EFE/ Román G. Aguilera

Hay que agradecer a Okuda que el tema del Arte haya saltado a la calle. Buena falta hace. Pero es una pena que la polémica sea causada por el sentimiento de parte de la población cántabra, que se suma a la que se resiste, habitualmente, a cualquier cambio, de que la elegante figura de ese altivo mozo que era el Faro de Ajo ha sido banalizada, infantilizada. Y protesta por el temor, fundado, a que esta actuación sea el ejemplo, que otros imiten, para ir sembrando de ocurrencias tontorronas nuestro entrañable paisaje. Pero amigos, es lo que hay, vivimos una notable infantilización, no solo de parte del Arte, sino de la sociedad.

Ante ese sentimiento de vejación que algunos acusan, la foto del faro, ya pintado, me ha traído a la mente la “obra” de Marcel Duchamp titulada L.H.O.O.Q. (Ella tiene el culo caliente) que consiste en una postal comercial, con la foto del cuadro de Leonardo representando a la Mona Lisa a la que, con lápiz, él pintó bigote y perilla. Esto era un gesto de ridiculización, del cachondo Duchamp, no solo contra la Mona Lisa sino, como se ha comprobado después, contra todo el Arte anterior. Si, amigos, ahí empezó todo.

Esta “obra” junto al urinario (que tituló “La fuente”, pero que debió haber titulado “Para mear y no echar gota”) que el amigo Marcel presentó en un concurso y que para redundar en la protesta a los convocantes, colocó invertido, son los cimientos del que muchos llaman Arte Moderno, Contemporáneo o Actual como si en cualquier época, el Arte que se hacía, en aquel momento, no hubiera sido Moderno, Contemporáneo y Actual. Pero amigos, así las gastan. El urinario de Duchamp está considerado, por los nuevos eruditos a la violeta, como la obra mas importante del Siglo XX. Lo que leeis.

Siguió haciendo esos cachivaches, que él llamaba ready-mades y cuyo objeto era “generar una sensación de absurdo y de sorpresa, tratando de este modo, de socavar todo concepto artístico tradicional”. ¿Os suena?. En un viaje a EE.UU. descubrió, con sorpresa, que esos cachivaches habían sido elevados a los altares y que le proporcionaban una insospechada notoriedad y una posible entrada de....dólares.

Desde entonces, buena parte de los “artistas”, se dedican a encontrar un atajo en busca de notoriedad y.....dinero, apoyados y promocionados por marchantes que han encontrado un filón de oro en tres estamentos de la sociedad: Una alta burguesía afanada en competir por “lo último” en signos externos de riqueza, enredados por empresas de subastas y por marchantes que se dedican a buscar y poner en el mercado a esos “artistas” capaces de novedades, cada vez mas extravagantes. Una pléyade de “expertos” que se ganan la vida escribiendo sesudos análisis que ayudan a descubrir y encarecer el prestigio de esos “valores”. Y un tropel de políticos y gestores culturales que, por nada del mundo quieren que se les clasifique como retrógrados, que quieren figurar, en los eventos culturales, como distinguidos pioneros y están dispuestos a abrir la bolsa de los presupuestos para conseguirlo.

Y en esta carrera, la belleza y la poesía, que siempre han sido los fines que perseguía el arte, han dejado de tener sentido y se prima el impacto, la sorpresa, el escándalo, “el primero que hizo.....”, el mensaje oculto. Ese mensaje que todo “artista moderno” que se precie ha de tener oculto en su obra, a la espera de que los

entendidos nos desvelen, para descubrir, ¡oh, sorpresa!, que se trata de una mas de las manidas recetillas que lo “politicamentecorrecto” hace circular sin tregua, para derribar, también, la columna del Arte. Una mas de las que pretenden derribar.

Amigos, no dudeis de que el amigo Okuda va por este camino. Y por mi parte, le deseo todo éxito en las ventas de objetos o lienzos que sus clientes adquieran para su recreo y ornamentación; pero cuando se trata de invadir nuestro espacio comunitario, con la alternativa de embellecerlo o degradarlo, me gustaría que la gente tuviera algo que decir. Y decidir no hacer nada también es una decisión. Y, algunas veces muy acertada.

¡Ah!. Y no olvidemos que la sacrosanta atracción del turismo, a cualquier precio, ha originado, a base de concesiones permisivas, el deterioro de gran parte de nuestro paisaje. Sobre todo del costero.
 

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