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El "ejemplar" comportamiento de las aulas cántabras

Pablo G.Hermida | 17 de octubre de 2020

El colegio Ramón Pelayo (Santander).
El colegio Ramón Pelayo (Santander).
Directores y profesores coinciden en una cosa de este anómalo inicio del curso escolar, marcado por la covid-19: el comportamiento "ejemplar" de sus alumnos, que están acatando y cumpliendo las normas con un rigor que incluso sorprende a los miembros de la comunidad educativa.

El director del colegio Ramón Pelayo (Santander), Diego Gutiérrez, reconoce a Efe que ha sido "un mes muy largo" desde que arrancó el curso escolar (el 7 de septiembre), con "incertidumbre, dudas y temores".

Sin embargo, ahora cree que se ha llegado a "una cierta normalidad muy excepcional" y toda la comunidad educativa está "más serena".

"Los niños -unos 230 en su centro- están respondiendo admirablemente bien", subraya Gutiérrez, quien siente "pena" de que tengan que estar viviendo esta situación tan ajena a su naturaleza que es "jugar, tocarse y relacionarse".

Diego Gutiérrez espera que sea algo "transitorio" y que pronto puedan volver a lo de siempre.

Las familias también están más tranquilas después del nerviosismo inicial, y Gutiérrez agradece que estén colaborando "muy bien".

Al principio, algunos niños no se incorporaron porque los padres no creían fueran a estar seguros. "Optamos por la seducción, no por la amenaza. Cuando han venido es porque estaban convencidos", recalca este director de escuela.

En su colegio hubo un aula en cuarentena por el positivo en la covid de una niña, pero asegura que "se llevó con mucha naturalidad" y que "los protocolos están funcionando".

El responsable del instituto Marqués de Santillana (Torrelavega), José Nicasio Gutiérrez, coincide en el "muy adecuado" comportamiento de los alumnos, que asegura que cumplen las normas sanitarias y de seguridad, aunque también reconoce que alguna vez hay que recordarles que no se acerquen demasiado a sus compañeros, sobre todo en el recreo.

"Los adolescentes nos han dado un ejemplo de como, haciendo un planteamiento realista, lo aceptan y se adaptan", incide este docente, a quien le entristece tener que dedicar más tiempo a que se cumplan las normas que a los programas educativos, porque recuerda que todos los días hay que controlar la entrada de 700 estudiantes en su instituto.

También dice a EFE José Nicasio que las familias están respondiendo bien y sólo un 'pequeño sector' se negó al principio a llevar a sus hijos, pero eso se superó al hablar con padres y madres.

Carmen Pando es profesora de Historia del instituto Foramontanos de la localidad de Cabezón de la Sal e incide en lo dicho por sus compañeros: que el curso está siendo "mucho mejor de lo que esperaba".

"Al principio mantenía más la distancia, luego casi he vuelto al sistema tradicional, pero utilizando correctamente la mascarilla y usando el gel desinfectante constantemente", explica.

A ella también le sorprende la buena respuesta de los alumnos y añade que lo más complicado es preparar una programación para un hipotético escenario de confinamiento, ya que no todos los estudiantes tiene el mismo acceso a las tecnologías.

Tampoco resulta fácil trabajar con mascarilla, porque la voz es el mejor instrumento para un profesor y, sobre todo, para los que son como ella: "profes gritonas y que gesticulan mucho", bromea.

Uno de los temores de Myriam Valcárcel, profesora de Formación Profesional en la especialidad de Hostelería y Turismo del instituto Peñacastillo de Santander, era que los efectos de la covid hicieran bajar el número de matriculados, pero ha sido todo lo contrario.

"La gran sorpresa es cómo están respondiendo los alumnos a los planes de contingencia, con un compromiso y una profesionalidad que no esperábamos, no porque no confiemos en ellos, sino porque nunca habían estado en una situación tan difícil", valora.

A su juicio, el turismo, a pesar de las dificultades que atraviesa, es "un sector que enamora y profesionalmente crea grandes pasiones" y "hay gente muy vocacional que quiere dedicarse a ello".

"Estamos conviviendo y manejando herramientas que probamos gracias al confinamiento y creo que todo eso llegó para quedarse, no por el miedo por volver a ese escenario, que también, sino porque enriquece la forma de enseñar", apostilla a EFE esta docente sobre lo que ha supuesto la covid para la educación.

En Cantabria, los últimos datos -al cierre de la semana 12-16 de octubre- reflejan 20 aulas en cuarentena, por el positivo de algún alumno o docente de esas clases, con 370 estudiantes confinados en sus domicilios, pero la mayoría por prevención pero sin la enfermedad.

Y del total de alumnos, la gran mayoría son de etapas superiores, es decir, de institutos o centros de Formación Profesional, que llegan a los 289 de los 370 en cuarentena preventiva.
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