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Desconcierto y caos

Pilar Cernuda | Periodista

Pilar Cernuda | 08 de octubre de 2020

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha tumbado las medidas que el gobierno de Sánchez  había aprobado para varias ciudades españolas, entre ellas Madrid, la capital. La pelea entre Moncloa y Sol vive un nuevo capítulo en el que, como siempre, son los madrileños los que sufren las consecuencias de las estrategias políticas llevadas a su extremo.  Sánchez no descarta el estado de alarma y la presidenta Ayuso pide nuevo diálogo entre las dos administraciones para evitar el caos.

El caos.  Lo conocen bien los madrileños. Estos días de semiconfinamiento han sido tensos, difíciles, pero sobre  todo tristes.  Con libertad de movimientos dentro del área municipal  pero esquivando la tentación de acudir a alguna terraza, porque era fácil advertir que  no se respetaban las normas de obligado cumplimiento.  Sin embargo,  esa ojeada de prudencia no soslayaba lo que significaba el cierre temporal y gradual de  terrazas, restaurantes y bares: la mayoría de ellos no sobrevivirán a una normativa  que los condena a muerte a medio o largo plazo.  Por la reducción de aforo, por el horario imposible, por  prohibir el consumo en la barra….  Y porque la gente tiene miedo.

Los madrileños  han pasado estos días pidiendo justificantes para realizar trámites administrativos que ya estaban en agenda,  justificantes de trabajo en sus empresas, en las universidades y colegios,  en hospitales y  consultas médicas. Hasta este jueves, había que  salir a la calle cargado de papeles para presentar a cualquier policía o rastreador que lo solicitase.  Mientras,  desde el gobierno regional transmitían datos que afirmaban que en los barrios que llevaban ya una semana cerrados –antes de estarlo Madrid al completo- bajaron de forma drástica los contagios, lo que significaba que no iba  mal encaminada aquella estrategia, aunque tuvo un importante coste de imagen para Ayuso,  porque además de incompetente la acusó la oposición de clasista, ya que se trataba de barrios con un porcentaje alto de habitantes con rentas más bajas que la media.

El confinamiento ha sido desesperante en todos los aspectos. Llamabas   a un familiar que va a ser operado y le preguntas si podía estar acompañado durante sus días en el hospital y responde que el médico le había dicho que no, aunque  no estuviera en una planta de corona virus.  Una  enfermera del propio centro le explicó  en cambio que  podía estar acompañado, pero con una sola persona  en la habitación,  que hicieran  turnos.  Reflexión: para la enfermera, aparte de que no veía riesgos porque se han tomado estrictas medidas de seguridad,  todas las manos eran pocas  para ayudar al enfermo en sus cuidados cotidianos, no los sanitarios.  El  hospital de enfrente estaba empapelado de carteles en lo que solo los menores y dependientes podían  estar acompañados.  Perplejidad, incertidumbre, caos.

El presidente de los médicos madrileños declaró que las restricciones eran “absurdas”. El TSJM, que  cercenaba derechos.

En la pandemia española  manda la política por encima de cualquier otra circunstancia.

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