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CAMBIO A PEOR

ALERTA El Diario de Cantabria | 14 de septiembre de 2019

Alexis, en medio de una maraña de jugadores del Rayo. / LOF
Alexis, en medio de una maraña de jugadores del Rayo. / LOF
  • El Racing completa su peor partido para encadenar una segunda derrota consecutiva   
  • Ania introdujo seis novedades respecto al equipo de siete días atrás, cambió el dibujo y el estilo de juego, pero de nada sirvió

Perder en Vallecas es algo que entra en el guión, pero no así. El Racing volvió a perder pero lo hizo de mala manera, sin la posibilidad de aferrarse a nada para mirarse al espejo y que le gustara lo que veía. Fue un equipo desconocido, temeroso, desorientado e impotente. Era imposible que ganara el partido de ayer. Siguió siendo endeble a pesar de sacrificar un colmillo. Tuvo que abandonar el terreno de juego con la cabeza abajo sabiendo que se había traicionado a sí mismo sin que hubiera merecido la pena. Es cierto que falló un penalti que lo habría cambiado todo, pero poner el acento en una acción que no dejó de ser aislada es engañarse. 

No es Iván Ania amigo de las revoluciones en sus alineaciones. Al menos, cuando las cosas le van bien. Ahora que ya no van tan bien, la cosa cambia. Durante la temporada pasada, no repitió nunca un once inicial porque, aunque pocos, siempre hacía cambios. En cada partido metía uno o dos respecto al encuentro anterior. Sin embargo, ayer metió seis de golpe. Más de medio equipo fue nuevo respecto al encuentro contra el Cádiz, lo que quiere decir que, por mucho que se haya vendido durante la semana la moto de que el grupo confiaba en el estilo que estaba poniendo en práctica el equipo y los jugadores y técnicos afirmaran que tenían la seguridad de avanzar por el camino correcto, no era cierto. Sobre todo, porque lo de ayer fue un bandazo en toda regla.

Respecto al encuentro de siete días atrás, sólo repitieron Luca, Alexis, Mario, Sergio y Cejudo. Este último, además, cambió de posición porque no sólo hubo un cambio de cromos, sino también de planteamiento. Varió el dibujo y también la propuesta. Reforzó Ania el centro del campo jugando con tres pivotes y sumando a Nkaka a los dos cántabros que venían jugando en la sala de máquinas para dejar a Barral arriba completamente solo. Si ya de por sí le suele costar ser protagonista y peligroso al de San Fernando, ayer mucho más. Fue una isla perdida en una inmensidad sin capacidad alguna de ver humo por el horizonte.

Si el Racing se estaba caracterizando por ser un equipo valiente, ayer fue todo lo contrario. Parece que no le gustan los grises. O blanco, o negro. Salió a jugar a Vallecas como un equipo temeroso, con las líneas muy retrasadas y sin capacidad alguna para retener la posesión. Tenía a tres hombres en la medular para intentar igualar al equipo de Jémez, pero en verdad el Racing dio la sensación de jugar con menos piezas durante todo el partido. Y lo que sucedió en verdad fue que jugó con uno más durante un tiempo, pero fue extremadamente breve. Primero el árbitro expulsó a Martín, uno de los centrales vallecanos, por una doble amarilla y sólo tres minutos más tarde se fue a la ducha Nkaka por el mismo motivo. Quizá la segunda y definitiva falta pecó de rigurosa y podría haberla revisado el colegiado en el VAR, que fue lo que pidió el jugador belga, pero lo tenía claro. Y lo cierto es que en directo pareció muy contundente.

Cuando el Rayo Vallecano se quedó con diez se abrió un claro entre las nubes verdiblancas. En ese momento, no sólo iba perdiendo el Racing, sino que estaba pareciendo un juguete roto en manos del conjunto madrileño. Y la expulsión podía cambiar la historia. Cuando un partido lleva una dirección tan peligrosa, necesita algo así para que dé un brusco giro de guión que lo altere todo. En la mente de muchos se presentó lo sucedido en Las Palmas, cuando el conjunto cántabro también jugó contra diez y fue ahí cuando llegaron los problemas. ¡Qué difícil es llevarse una alegría este año! Y lo cierto es que no hubo tiempo de saber cómo se habría desarrollado la contienda jugando once contra diez porque en seguida llegó esa temeraria acción de Nkaka, que ya de por sí estaba completando un mal partido que remató con la tarjeta roja. Su primera titularidad como el racinguista estuvo muy lejos de ser ilusionante.

El Rayo sabía a lo que jugaba. Siempre lo sabe porque no es de los que cambia vayan bien las cosas o vayan mal. El Racing, con las líneas muy retrasadas, dejaba iniciar al cuadro madrileño y no iniciaba una presión seria hasta que el balón no llegaba a la medular. De este modo, las líneas estaban muy juntas pero, en caso de robar, tenía un mundo por delante hasta llegar al área contraria. Además, en las bandas tampoco había jugadores veloces porque ni Cayarga ni Cejudo lo son. Y menos aún lo es Barral. Firmar ayer una rápida transición era una misión imposible. Dio la sensación de que la idea inicial de Ania era aguantar durante todo el primer tiempo para en el segundo poner a las balas, a un Yoda capaz ya de llegar al minuto noventa, a Enzo o a Nuha. Sin embargo, todo lo planeado se va siempre por la borda cuando aparece un gol al cuarto de hora de juego. 

No pasó gran cosa antes del gol inicial más allá de un tiro lejano de Bebé, pero la sensación que se respiraba ya era peligrosa. Se mascaba que algo iba a suceder y sucedió. Fue a partir de un rechace que llegó a la banda, donde cogió la pelota el bueno. Embarba se sacó un centro y quien lo remató fue el central Saveljich, que se quedó emparejado con Moi. Para ese momento, la defensa ya estaba completamente desorganizada gracias a lo bien que había movido la pelota el Rayo Vallecano, que parecía disfrutar con lo que estaba siendo capaz de hacer sobre el césped de su propio estadio.

Fueron pasando los minutos con la sensación de que lo mejor era el resultado, una derrota por la mínima que lo dejaba todo a merced de la grandeza del fútbol. El Racing era incapaz de encadenar dos pases, los medio centros estaban desaparecidos y las bandas sólo corrían detrás del balón. Sabía bien Ania que el Rayo tenía dos puñales por ambos extremos y, como él mismo explicó, esto se puede defender sumando un pivote más que haga las coberturas y llegue a las ayudas o con interiores más trabajadores. Él hizo las dos cosas pero dejó al equipo sin argumentos ofensivos ni creativos. Sus hombres corrían detrás de la pelota sin mucho sentido mientras que el bando local se sentía mejor incluso de lo que es.

Lo único que hizo el Racing en ataque fue un lanzamiento lejano de Cejudo tras un robo en campo rival. Nada más. Tampoco el Rayo hizo trabajar en exceso a Luca porque lo suyo era más una cosa de sensación que de realidad material. Más allá del tanto, sólo un lanzamiento de falta de Embarba que se estampó al larguero pudo haber aumentado el marcador. Por eso era un tesoro el 1-0. Y dio la sensación de que el cofre se abría cuando el VAR decretó un nuevo penalti para el conjunto cántabro. Fue a partir de una acción individual de Cayarga, que terminó derribado. No parecía gran cosa, pero el colegiado lo consultó y por la pequeña pantalla se acabó viendo un pisotón en el tobillo. Había vida. De pronto, el fútbol le estaba dando una gran oportunidad al conjunto cántabro.

El propio jugador asturiano es un gran lanzador. Al menos de faltas, pero no le dejan lanzar. Quien acabó tirando ese penalti fue quien más cara tiene y quien más se esfuerza por engordar sus estadísticas. Ya en su día pasó por encima del entrenador para lanzar una falta cuando Ania había pedido que la lanzara Cayarga. Ayer fue él quien cogió el balón a pesar de que hacía un puñado de segundos que había entrado al terreno de juego. Sólo por eso, no parecía el idóneo para lanzar. Estaba frío, cogió poca carrerilla y disparó echando el cuerpo para atrás y enviando el balón directamente al larguero. Siete días atrás había fallado David Rodríguez y ayer Yoda. Son dos penaltis errados. El curso pasado, cuando había dos grandes especialistas como Dani Segovia y Quique Rivero, las penas máximas dieron muchos puntos al equipo verdiblanco, pero ahora se resisten. Y no está el Racing en Segunda como para desperdiciar cosas así.

El penalti podía haber cambiado el relato del partido porque el fútbol es impredecible, pero se antoja poco probable porque, más allá del resultado, dio la sensación de que había un universo entre un equipo y otro. Lo único que le quedó al conjunto cántabro para haber sellado un empate que habría matado a su rival era cazar una contra aprovechando que el Rayo nunca desprecia el balón y siempre lo quiere, pero apenas tuvo ocasión de ello. Buscó el error del rival pero cuando lo encontró no lo explotó bien. Cuando más cerca estuvo el equipo verdiblanco de poner las tablas fue cuando Sergio, con mayor libertad tras la entrada de Kitoko por Cayarga, arrancó por banda izquierda para iniciar una acción que terminó con Mario Ortiz dentro del área cediendo de cabeza para que Nuha rematara a placer, pero no llegó y, además, le pitaron fuera de juego.

No llegó el empate y lo que terminó llegando fue un segundo gol que ya no valía para nada porque era el minuto 95. Servirá para engordar las estadísticas de goles que recibe el Racing en los minutos finales, pero lo cierto es que fue fruto del último intento verdiblanco por arañar un punto, ya que dispuso de un córner, Luca subió a rematar, no lo logró y el Rayo construyó un contragolpe que permitió a Bebé marcar a placer un gol que llevaba tiempo buscando. Lo peor no fue ya el 2-0, sino tener la sensación de que, en el fondo, era más justo que el 1-0.

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