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Los accesos al Bosquecillo de Secuoyas de Cabezón no tienen ningún control

A. del Saja | 19 de julio de 2020

Entrada al bosquecillo de secuoyas. / saja
Entrada al bosquecillo de secuoyas. / saja

El Bosquecillo de Secuoyas, ubicado en terrenos del municipio de Cabezón de la Sal, está recibiendo estos días numerosos visitantes, que acceden al singular paraje natural sin ningún tipo de control. El año pasado contó con un centro de información, regido por personal de la Mancomunidad Saja-Nansa, que atendió a más de 14.000 personas. Este verano, por falta de personal, permanece cerrado. El bosquecillo no dispone de ningún tipo de personal informativo, ni de seguridad.

Por ello, en algunos árboles se vienen detectado daños ocasionados por que algunos turistas arrancan su corteza para llevársela de recuerdo y, también, porque el intenso trasiego de paseantes deja al descubierto sus raíces, que son pisadas y, consecuentemente, dañadas.

Tanto el Gobierno de Cantabria como el Ayuntamiento de Cabezón de la Sal habían manifestado su deseo de instalar paneles informativos para implantar medidas de educación ambiental y para sensibilizar a las personas sobre la importancia de los comportamientos cívicos cuando entren en contacto con la naturaleza. Desde que el consejero de Desarrollo Rural, Guillermo Blanco, y el alcalde cabezonense, Víctor Reinoso, visitaron el lugar y anunciaron la colocación de la cartelería, nada se ha hecho.

Lo cierto es que se detectan comportamientos pre parte de algunos turistas, que se deben corregir, como, por ejemplo, salirse de los caminos marcados, arrojar basura y desperdicios al suelo, y arrancar la corteza de los árboles.

Este bosque de secuoyas, considerado uno de los más importantes de Europa, es la historia de un fracaso industrial, dado que en torno a los años 40-50 del siglo pasado, se plantaron 848 ejemplares traídos de California, en una superficie de 2,46 hectáreas, en el monte con el fin de generar rápidamente madera para las industrias de la zona. Su ubicación está en el Monte de las Navas, en el límite con el término municipal de Udías.

Los ejemplares, que superan los 30 metros de altura, conforman un bosque muy denso, que hacen que el sol apenas llegue al suelo, con unas dimensiones infrecuentes en España. Las secuoyas pueden llegar a vivir mil años, por lo que este espacio, a poco que se cuide, tendrá una larga vida. Entre los 4 y 10 primeros años crece 1,80 metros por año. Lo que mide una persona alta. Además, hay secuoyas en América que han alcanzado los 115 metros de altura. Es, posiblemente, el ser vivo más grande del planeta.

Las tres especies de árboles plantadas en Cabezón de la Sal cumplían las dos condiciones (velocidad y longevidad).

El Consorcio Monte Corona, constituido en 1942, fue el encargado de llevar a cabo las plantaciones de las secuoyas y, además, de eucaliptos y de pinos. También se plantaron de manera marginal el roble americano, el castaño japonés y el abeto Douglas. Para cuando las secuoyas crecieron, el contexto político había cambiado y la industria de madera nacional ya no necesitó su propia materia prima. Por eso hay 848 secuoyas en Cabezón de la Sal, intactas y protegidas. El espacio en el año 2003 fue declarado Monumento Natural.

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