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A chufla los toma la gente

Juan G. Bedoya |

ALERTA El Diario de Cantabria | 30 de marzo de 2019

 Se dice que el autor de El Piyayo, José Carlos de Luna, extendió de él una imagen que no se correspondía con la realidad. El Piyayo da nombre ahora a una calle en Málaga, pero nadie  lo tomó en serio desde aquella copla, hasta su muerte, en 1940, a los 85 años. Con el humor hay que tener cuidado. He recordado a El Piyayo a cuento de la decisión de la Junta Electoral prohibiendo a los medios públicos de la Generalitat expresiones como ‘presos políticos’, ‘juicio de la represión’ o ‘gobierno en el exilio’. Entienden los jueces que tales palabras «vulneran la neutralidad informativa».

La prohibición es obligada (lo manda la ley electoral), pero penosa. Sería bueno que los medios de comunicación independentistas siguieran en el monte de la barbarie. Ríen por no llorar.
Cualquier lerdo sabe que un proceso de independencia necesita prestigio, líderes, héroes, dinero, ejército, capacidad de sacrificio, rigor, seriedad... Nada de esto tienen los independentistas catalanes.

Sus líderes se han acobardado en la sala de crimen (íbamos de farol, era una broma, no sabíamos, no quisimos...); el tropel violento de sus afines se ha refugiado bajo la cama, y los medios de comunicación tienen que recurrir a la exageración y el humor negro para no quedarse mudos. Por no hablar del fugado Puigdemont, el ‘presidente en el exilio’, como lo llama TV3, sin nadie que le escriba. Para tomarlos en serio habrían necesitado a un Jefferson, un Franklin, un Martí, un Washington, muchos Bolívar. Lo que tienen es a la familia Pujol, al pistolero Carlos Sastre y al intelectual pedáneo Torra.

Los medios públicos catalanes han acatado la orden de la Junta Electoral, por si las penas. Pero arrecian con comentócratas y humoristas. Están en su derecho. Libertad de expresión y de opinión, la que quieran, hasta reventar los medios. En TV3 y Cataluña Radio es la hora de los humoristas Quim Masferrer, que llamó «sarnosos y cabrones de mierda» a los españoles en las campanadas de la navidad en TV3; de Toni Soler, que trató a una jueza de borracha; de Òscar Andreu llamando Patrulla Canina a la Junta Electoral, y, cómo no, casi a diario, del notorio asesino Sastre, que mataba empresarios catalanes, y a sus esposas, adosándoles bombas al pecho, cuando era soldado del grupo terrorista Terra Lliure.

También es la hora de quien dice ser escritor, el lituano Daniel Estulin, que soltó esta majadería en el programa Divendres: «Entiendo por qué Cataluña quiere marcharse de España. Es porque nadie quiere apoyar a Andalucía, que son unos vagos y no trabajan nunca... De Madrid para abajo es África del Norte», sin que el director de TV3, Vicent Sanchis, moviera una ceja. TV3 cuesta al erario público 400 millones de euros. Cada año.

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