Parece el escenario de 'El Señor de los Anillos', pero esta ruta está en Cantabria
A medio camino entre el misterio y la aventura, este recorrido ofrece una visión única del paisaje kárstico cántabro, entre formaciones rocosas que parecen esculpidas a mano y desfiladeros que invitan a perderse —y encontrarse— en plena naturaleza.
Un entorno que no necesita filtros
La ruta parte del parking del Parque Natural Collados del Asón, una zona bien señalizada y de fácil acceso. Desde allí, comienza un itinerario circular de 13 kilómetros, con un desnivel acumulado de 550 metros, que se completa en unas 3 horas y media. La dificultad es moderada, lo que implica que, aunque no presenta grandes complicaciones técnicas, sí requiere estar mínimamente acostumbrado a caminar por terreno de montaña.
En sus primeros pasos, el sendero conduce al caminante a través de bosques y praderas, pasando por la fuente de Bezon, un rincón refrescante que marca el inicio del ascenso. La verdadera sorpresa llega más adelante, cuando el sendero se interna en Canal Honda, un paso natural que abre las puertas al tramo más espectacular de la ruta: los castros del Horneo.
Un laberinto de piedra y silencio
No se trata de un laberinto al uso, claro está. Los Laberintos del Asón reciben su nombre por el entramado de formaciones rocosas, pedrizas y estrechos pasos que se suceden uno tras otro. La sensación es la de caminar por un territorio indómito, de esos que apenas han sido tocados por la mano del ser humano. El camino, en esta sección, se complica ligeramente: no hay que trepar, pero sí usar las manos para salvar algunos obstáculos, y en muchos tramos es imprescindible seguir los hitos de piedra que marcan el recorrido.
El paisaje es soberbio. Las moles de caliza forman auténticas murallas naturales, y entre ellas se abren pequeñas ventanas que permiten divisar el valle a lo lejos. En lo alto, es habitual ver volar buitres leonados, y entre los riscos, si se va en silencio, es posible escuchar el crujir de las pezuñas de algún corzo o rebeco.
No es para todos, pero sí para muchos
Aunque no es una ruta difícil en términos técnicos, no está recomendada para niños pequeños ni para personas con vértigo. En cambio, es una opción muy recomendable para senderistas con algo de experiencia, amantes de la montaña y el paisaje abrupto. También es apta para perros, aunque hay que tener en cuenta que en algunos puntos será necesario ayudarles a superar ciertos obstáculos. Además, conviene cuidar sus patas ante las rocas afiladas del terreno.
Llevar botas de montaña es imprescindible, así como algo de comida y agua. En días de calor, la exposición al sol puede ser elevada en los tramos más altos; en días de niebla, la visibilidad puede complicar la orientación.
Naturaleza en estado puro
Los Laberintos del Asón no figuran en las rutas más conocidas de Cantabria, y eso es parte de su encanto. Aquí no hay masificaciones, ni merenderos, ni selfies por doquier. Solo el rumor del viento entre las rocas, el canto lejano de algún ave rapaz y la certeza de estar caminando por uno de esos lugares que se quedan grabados en la memoria.
Perderse en los castros del Horneo es, paradójicamente, una manera de encontrarse. De parar el tiempo. De entender la montaña no como un desafío, sino como una compañera que te invita a moverte con respeto, paso a paso, entre sus misterios.