Más de 100 especies de aves habitan este refugio natural en Cantabria
Ubicada en la zona sur del Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, en el municipio de la Junta de Voto, la Ría de Rada es un auténtico paraíso para los amantes de la naturaleza y la fauna. En este espacio, la desembocadura del río Clarín se encuentra con el mar Cantábrico, formando un ecosistema único que alberga una impresionante diversidad de especies vegetales y animales. Además, sus paisajes de marisma, bosque de ribera, campiña atlántica y encinar cantábrico invitan a realizar rutas de senderismo en un entorno natural que corta la respiración.
A lo largo de la ruta, los visitantes pueden observar un sinfín de especies vegetales que caracterizan esta zona, como los alisos, fresnos, sauces, juncos, carrizos y las icónicas encinas que adornan los márgenes de la ría. Estas especies no solo forman parte del paisaje, sino que también son vitales para las aves que habitan la zona.
Entre las aves que se pueden avistar en la Ría de Rada destacan especies como la garza real, la garceta común, el andarríos chico, el martinete, el martinete pescador, y varias especies de anátidas. Además, rapaces como el milano negro y el aguilucho lagunero encuentran aquí un refugio ideal. La Ría, junto con las rías de Carasa y el entorno del Parque Natural, forma un importante santuario para la avifauna, especialmente durante la temporada invernal, cuando las aves migratorias se refugian en la zona debido a las inclemencias del tiempo.
La magia de las mareas
La belleza de la Ría de Rada se transforma con el paso de las mareas. Durante la marea alta, la ría se convierte en una rada salpicada de islotes cubiertos de vegetación. Estos islotes se convierten en refugios naturales para numerosas especies de flora y fauna. Cuando la marea baja, el agua retrocede por la canal y a ambos lados se extienden los llanos de limo, resultado del depósito de tierras erosionadas por el río. Este fenómeno crea un hábitat perfecto para la nidificación de muchas aves y la proliferación de diversas especies de moluscos y crustáceos.
Fauna marina y acuática
La fauna acuática de la ría es igualmente rica. En el ecosistema marino de la zona, destaca la abundancia del cangrejo de mar o cámbaro, así como el navallón o chirlón, que se adapta perfectamente a las aguas semidulces cercanas al río. A partir del puente del Cristo, es posible encontrar ostras y mejillones adheridos a las rocas, mientras que la almeja es la especie más apreciada y comercializada en la región, constituyendo una fuente importante de recursos económicos para los ribereños.
En cuanto a los peces, la ría es un área clave para el desarrollo de alevines de muchas especies marinas. Es común observar en sus aguas truchas, anguilas, sojos y mubles, además de bancos de alevines de lubinas. En las aguas más salinas, en la parte inferior de la ría, se encuentran especies como doradas, jargos, salmonetes y lenguados.
Las marismas: un refugio para la vida silvestre
Las marismas de la Ría de Rada son otro de los elementos destacados de este ecosistema. Gran parte de la rada fue convertida en marisma agrícola, aunque los esfuerzos no fueron totalmente efectivos. Hoy en día, estas áreas están pobladas de carrizos, cañas, juncos y salicornias, lo que crea un hábitat idóneo para la nidificación de aves. Algunas de las marismas de esta zona están actualmente invadidas por las aguas, especialmente después de la rotura de un muro, lo que ha favorecido aún más la biodiversidad en la región.
Por otro lado, las marismas de Carasa están en proceso de aprovechamiento agrícola y ganadero, formando una gran extensión que incluye la confluencia de las rías de Carasa y Angustina, donde se encuentran varias compuertas batientes que regulan el flujo de las aguas del río Ocina.
Un refugio natural de fauna y flora
La protección del espacio natural ha sido clave para su conservación. Gracias a las medidas de protección, como la prohibición de actividades de caza y otras influencias humanas, la fauna ha experimentado una notable recuperación. Además, la vegetación de la zona actúa como un escudo contra los fuertes vientos y las tormentas que azotan el Cantábrico durante el invierno, convirtiendo la ría en un refugio seguro para muchas especies.
La Ría de Rada, con su singular paisaje y biodiversidad, sigue siendo un lugar de gran importancia para la conservación de la fauna y flora en Cantabria. Con su mezcla de mar, río y naturaleza, es el destino perfecto para los amantes del ecoturismo y la observación de aves.