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El Diario de Cantabria

Todos a hombros en una triunfalista tarde en Santoña

El rejoneador Guillermo Hermoso de Mendoza, y los diestros David Fandila ‘El Fandi’ y Cayetano «navegaron» ayer con «el viento a favor» de un público festivo en Santoña para salir a hombros al término de una tarde triunfalista, en la que se cortaron un total de seis orejas

Todos a hombros en una triunfalista tarde en Santoña

Al primero de El Fandi, de pitones romos y astigordísimos, lo apabulló el de Granada con el capote: verónicas, chicuelinas y tafalleras. ¿Aguantaría el recortado, débil y noble toro de Lagunajanda un tercio de banderillas de los suyos? No abusó Fandila en las carreras, así que resistió.

Lo cierto es que el burel hizo el avión en la muleta en las dos series en las que se entregó, de sólo tres y el de pecho: no daba aquello para más. Fandi enganchaba limpio y conducía sedoso al torillo, que no duró casi nada. También hubo de cuidar al quinto, que salió del caballo afligido.

Tras un vibrante tercio de banderillas, con cuatro pares, lo alivió siempre con las manos altas, única manera de mantenerlo a flote. El certero manejo del acero rubricó su quehacer en ambos. Cayetano alternó las labores de enfermería y los ejercicios de estilo con el tercero, que se movía a duras penas. Una auténtica hermanita de la caridad, tan dócil como carente de emoción. Lo mató con el cañonazo habitual.

El que cerró plaza, de escobilladas astas, sí que ofreció material moldeable por el pitón derecho, por donde Cayetano se limitó a tirar líneas. A llevarlo en rectitud más que a echárselo detrás de la cadera. No hubo conjunción alguna por el más complicado lado zurdo. La espada, más efectiva que ortodoxa, le catapultó hasta la suma de una y una oreja.

A orillas del Cantábrico, Guillermo Hermoso de Mendoza cosió la dulzona embestida del primero, de Fermín Bohórquez, a la popa de Índico, un caballo muy expresivo que arquea su anatomía componiendo una circunferencia completa con la res.

Era tal la bondad del astado, que se dejó Hermoso tocar las cabalgaduras sin consecuencia alguna. El toreo a caballo clásico, sin alardes ni estrambotes, con tendencia a lo cadencioso, gustó mucho al público santoñés, pero los aceros se llevaron el triunfo.

De más a menos fue el segundo del lote del rejoneador, que esta vez aportó facetas más efectistas. Los breves galopes a dos pistas con ‘Disparate’ y los detalles de doma con Donatelli mantuvieron la conexión con el público, hasta las dos orejas, a pesar de pinchar.

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