curiosidades de cantabria

El misterio que Somo revela solo durante la bajamar

Con la marea baja se puede observar alguna de sus estructuras. / RRSS

Cuando baja la marea en Somo, algunos visitantes descubren un secreto que pocos conocen: los restos oxidados de dos barcos naufragados que yacen bajo la arena desde hace décadas

La playa de Somo, uno de los enclaves más frecuentados del litoral cántabro por surfistas y turistas, esconde entre sus dunas y corrientes un capítulo poco conocido de la historia marítima reciente de Cantabria. Más allá del atractivo natural de la zona, el arenal de Las Quebrantas alberga los restos de al menos dos buques naufragados, cuyos esqueletos oxidados emergen de manera intermitente cuando la marea baja o los temporales retiran la arena.

No es una leyenda urbana ni un mito local. Cuando la marea baja de forma considerable, especialmente durante mareas vivas o equinocciales, es posible ver y caminar hasta lo que parecen ser los restos de uno o varios barcos hundidos frente al litoral de Somo. Los vecinos de la zona y los habituales de la playa conocen bien este fenómeno y muchos pueden describir con detalle la localización aproximada de los restos, así como su aspecto.

Estructuras de madera, piezas oxidadas, fragmentos alineados que podrían pertenecer a una quilla o costados del casco… son visibles durante apenas unas horas al día en ciertas condiciones. Quienes han caminado hasta ellos relatan que se trata de estructuras semienterradas en la arena, dispuestas en paralelo a la línea de costa y que quedan cubiertas por completo con la subida de la marea.

El “Elin Christine”: tragedia evitada, restos visibles

El caso más conocido es el del buque noruego “Elin Christine”, que naufragó el 18 de marzo de 1978. La embarcación transportaba alambrón de acero con destino a Suecia y acababa de abandonar el puerto de Santander. A las 18:30 horas, y tras retirarse los prácticos que lo guiaban por el canal, el buque comenzó a escorarse bruscamente, perdiendo el control por completo hasta volcar cerca de la costa. La tripulación fue rescatada ilesa, pero el barco fue arrastrado por la corriente hasta encallar en la zona de Las Quebrantas, donde permanecen sus restos desde entonces.

Hoy en día, cuando las condiciones de marea lo permiten —especialmente durante bajamares vivas—, se pueden distinguir partes del casco cubiertas de óxido y colonizadas por moluscos, justo frente a la zona de entrada de la Escuela Northwind, en el extremo oriental de la playa. Su presencia no solo ofrece un paisaje inusual, sino también un fragmento visible de la memoria marítima de la región.

El “Antártico”: un naufragio anterior, rescatado por el tiempo

Menos conocido, pero igualmente significativo, es el pecio del buque “Antártico”, que embarrancó el 6 de octubre de 1959. Aquel día, la embarcación se aproximaba al Sardinero, pero una avería repentina en el motor al iniciar la maniobra de entrada al puerto dejó el navío sin gobierno. El viento y la marea hicieron el resto: lo arrastraron hacia la rompiente al oeste de Las Quebrantas, donde quedó encallado.

Durante décadas, sus restos permanecieron ocultos, hasta que en 2013 y posteriormente en 2018, los temporales retiraron suficiente arena como para que volvieran a quedar expuestos. A día de hoy, pueden observarse una gran plancha metálica y un cilindro que delatan la estructura del viejo carguero. Se encuentran aproximadamente a 200 metros al oeste de la segunda bandera de la zona de varada de kitesurf, un punto frecuentado por deportistas, pero que requiere precaución debido a los restos metálicos parcialmente sumergidos.

Un litoral cargado de memoria

La playa de Somo y su entorno han sido históricamente escenario de naufragios y accidentes marítimos, consecuencia de las fuertes corrientes, bancos de arena móviles y oleaje impredecible de la zona. Las Quebrantas, como se conoce este tramo de costa, ha cobrado fama por sus condiciones traicioneras, pese a su apariencia apacible durante los días tranquilos.

Los restos de estos dos barcos constituyen una lección viva de historia, accesible en bajamar para quienes se adentran caminando por el arenal con precaución. Son también una oportunidad para reflexionar sobre el vínculo entre la costa cántabra y el tráfico marítimo, así como una llamada a la preservación de un patrimonio subacuático que, en este caso, la marea ha querido compartir.

Para quien visita Somo sin conocer este detalle, la visión de los restos puede ser inesperada. Pero para los que viven y aman este tramo de costa, forman parte del paisaje emocional e histórico del lugar. Cada bajamar se convierte en una ventana al pasado, donde la historia marítima de Cantabria se hace tangible entre la arena y la espuma.

Somo no solo es surf, es también memoria sumergida. Y con cada marea baja, los restos de esos barcos reaparecen como recordatorio de la relación ancestral entre el mar y quienes lo han navegado, a veces con rumbo, y otras, con naufragio.