Lo llaman “el corazón secreto de Cantabria” y esta es la razón
Enmarcado dentro del arco sureste de la bahía de Santander, el municipio de Entrambasaguas ofrece un singular paisaje natural caracterizado por su topografía irregular y accidentada, con pendientes superiores al 10 % en gran parte del territorio. Solo una pequeña franja se presenta llana, pero la riqueza hídrica del lugar, con la presencia de numerosos ríos y manantiales, lo convierte en un enclave fértil que ha favorecido tradicionalmente el desarrollo de la agricultura y la ganadería.
Paisaje y entorno natural
La comarca de Trasmiera, donde se integra este municipio, guarda un equilibrio entre lo montañoso y lo apacible, sin grandes altitudes pero con un relieve variado y pintoresco. Destacan alturas como El Cueto (563 m), El Moro (279 m) y el Alto del Portillón (445 m). La zona más baja, a apenas 15 metros de altitud, se encuentra junto al río Miera, uno de los cursos fluviales más relevantes de Cantabria, declarado Lugar de Importancia Comunitaria (LIC).
Junto al Miera, su afluente el Aguanaz completa el trazado fluvial del municipio, del que precisamente deriva su nombre —“Entre ambas aguas”— y que ha dado lugar a un territorio pródigo en vida y en historia. Dentro del término también fluye la historia geológica de la región, presente en numerosas cuevas cretácicas y el relieve de suaves praderías. Desde el Monte Vizmaya, que se alza a 249 metros, se obtienen vistas panorámicas privilegiadas del municipio.
Uno de sus espacios naturales más emblemáticos es La Fuente del Francés, en Hoznayo, cuya agua minero-medicinal fue apreciada ya en el siglo XIX por sus propiedades curativas. Debe su nombre a un abate francés refugiado durante la Revolución, quien popularizó sus beneficios. Este manantial sigue siendo embotellado y comercializado en la actualidad.
Riqueza arqueológica y legado histórico
Entrambasaguas es también territorio de antiguos asentamientos, con hallazgos que se remontan al Paleolítico y la Edad del Bronce, como las cuevas del Francés, Recueva, Los Murciélagos, Eucaliptal o Navajeda. A lo largo de la Edad Media se consolidó como uno de los núcleos de la Merindad de Trasmiera, incorporándose posteriormente a la Junta de Cudeyo dentro del Corregimiento de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar. Su primer testimonio documental data del año 1210, en el Cartulario de Santa María del Puerto de Santoña.
Durante el Trienio Liberal (1822) se constituyó como municipio constitucional, aunque su pertenencia administrativa ha cambiado con los siglos: inicialmente parte del partido judicial de Liérganes, posteriormente de Santoña, y en la actualidad del de Medio Cudeyo.
Patrimonio monumental y cultural
El patrimonio histórico-artístico del municipio es de gran valor. En Hoznayo, el Palacio de los Acebedo —levantado en el siglo XVII por el influyente arzobispo Fernando de Acebedo, presidente del Consejo de Estado de Felipe II— constituye uno de los emblemas del renacimiento herreriano en Cantabria. Su estructura palaciega entre dos torres cuadradas impone sobriedad y señorío.
Igualmente destacable es el Palacio de los Fernández de Velasco, ubicado en las afueras de Entrambasaguas. Este conjunto se compone de una casona del siglo XVII y una torre adosada de estilo clasicista del siglo XVIII, vinculada al clasicismo regional cántabro.
Además de estos dos Bienes de Interés Cultural, el municipio cuenta con elementos inventariados como la ya mencionada Fuente del Francés, un molino de aceña (molino harinero tradicional) y varias portaladas rurales de alto valor etnográfico.
En el plano religioso, destacan varios templos de interés como la Iglesia de Santa Marina, la más antigua del municipio, y las parroquiales de Entrambasaguas, Hoznayo y Navajeda, que enriquecen aún más el catálogo de arquitectura tradicional y religiosa.
Entrambasaguas, entre su naturaleza fértil, su profundo legado histórico y su cuidada arquitectura señorial, representa una muestra del corazón de Cantabria menos transitada pero rebosante de vida, memoria y tradición. Un municipio que honra su nombre y su esencia, donde el rumor de los ríos sigue siendo la melodía que acompaña el paso del tiempo.

