curiosidades de cantabria

La isla abandonada de Cantabria donde dicen que aún se oyen pasos

Con temperaturas suaves incluso en verano y vistas privilegiadas de la bahía, esta isla esconde un pasado tan fascinante como perturbador. / A.E
Pasear hoy por la Isla de Pedrosa es recorrer siglos de historia, desde lazaretos y sanatorios hasta relatos de presencias que muchos aseguran haber sentido

Frente a la bahía de Santander, existe un lugar envuelto en misterio, historia y leyendas que muchos cántabros conocen… pero pocos han explorado a fondo. Se trata de la Isla de Pedrosa, una pequeña isla de apenas 10 hectáreas, situada frente a Pontejos, en la ría de San Salvador, donde incluso en verano el termómetro no supera los 22ºC.

Un enclave marcado por el aislamiento, la enfermedad y el abandono, que hoy combina senderos entre eucaliptos, ruinas cubiertas de vegetación y una inquietante fama de lugar “habitado por fantasmas”.

Isla de Pedrosa, un pasado ligado a la enfermedad y el aislamiento

Antiguamente conocida como Isla de la Astilla, la historia moderna de la Isla de Pedrosa comienza en el siglo XIX, cuando fue destinada a lazareto marítimo. A partir de 1869, se utilizó para aislar a personas con enfermedades contagiosas procedentes de otros países, con el objetivo de evitar epidemias como el cólera, la fiebre amarilla, la lepra o la tuberculosis.

Los barcos sospechosos eran retenidos en las inmediaciones y sus tripulantes trasladados a la isla. Incluso las pertenencias eran desinfectadas o incineradas, lo que convirtió este lugar en sinónimo de cuarentena, miedo y separación.

Uno de los episodios más recordados está relacionado con el vapor Machichaco, que fue desviado a la isla ante un posible brote de cólera. Días después, parte de su carga explotó en el puerto de Santander, provocando una tragedia con centenares de víctimas que marcó la memoria colectiva de Cantabria.

De lazareto a sanatorio infantil

En 1914, la isla cambió de función y se transformó en sanatorio infantil, especializado en enfermedades óseas y pulmonares, especialmente la tuberculosis. Durante el reinado de Alfonso XIII, se construyó un complejo sanitario moderno para la época, con pabellones médicos, quirófanos, salas de rayos X, iglesia, balneario, viviendas para médicos y un teatro.

El Teatro Infanta Beatriz fue inaugurado en 1920 con la presencia de la reina Victoria Eugenia. El sanatorio funcionaba como una comunidad autosuficiente, con huertas, animales y talleres.

La actividad se mantuvo hasta finales de los años 80, cuando el complejo cerró definitivamente. Desde entonces, gran parte de los edificios quedaron abandonados, aunque algunas zonas fueron utilizadas posteriormente por la Fundación Cántabra de Salud para programas sociales y de rehabilitación juvenil.

Ruinas, naturaleza… y fenómenos paranormales

Hoy, la Isla de Pedrosa es conocida tanto por su valor histórico como por su aura sobrenatural. Pasillos cubiertos de maleza, vidrieras rotas, muebles oxidados y edificios en ruinas han alimentado durante décadas numerosas leyendas.

Se han documentado supuestos fenómenos paranormales: ruidos inexplicables, psicofonías, luces, sombras y presencias. Investigadores aseguran haber registrado pasos, objetos que se mueven solos e incluso la aparición de una figura femenina con aspecto de enfermera en el teatro abandonado. El programa Cuarto Milenio dedicó un episodio a este lugar, reforzando su fama de isla encantada.

Una de las historias más conocidas es la de las “niñas pájaro”, dos niñas que vivieron en la isla a finales de los años sesenta y padecían progeria, una enfermedad extremadamente rara. Su aspecto dio pie a relatos fantásticos, aunque la realidad es que fueron atendidas con cuidado y regresaron posteriormente a su hogar. Aun así, la leyenda de que sus espíritus vagan por la isla sigue viva.

Un refugio verde para el verano en Cantabria

Más allá del misterio, la Isla de Pedrosa se ha convertido en un destino atractivo para senderistas y amantes de la naturaleza. En verano, las temperaturas se mantienen entre 20 y 22 grados, lo que la convierte en un lugar ideal para pasear lejos del calor.

Sus senderos ofrecen vistas privilegiadas de la bahía de Santander, y la brisa marina acompaña el recorrido. Aunque existen advertencias por el mal estado de algunos edificios, la isla sigue recibiendo visitantes atraídos por su belleza silenciosa, su historia y el magnetismo de lo desconocido.