Fue la casa de una mujer millonaria, sobrevivió a una galerna y hoy guarda un secreto en sus muros
En el centro histórico de Noja, a pocos pasos de la costa cántabra, se esconde uno de los edificios más singulares del patrimonio arquitectónico de la región: el Palacio del Marqués de Albaicín, también conocido como la Casa para Obdulia Bonifaz. Rodeado de un exuberante jardín botánico, este imponente inmueble no solo es un símbolo del esplendor veraniego de las clases acomodadas de principios del siglo XX, sino también un ejemplo destacado del estilo neomontañés, nacido del afán por recuperar y reinterpretar la arquitectura tradicional de Cantabria.
La historia del palacio comienza en el siglo XVII, cuando se levanta en este solar una casona solariega barroca, típica de la nobleza rural de la época. Ya en el siglo XIX, la finca, conocida como “La Cerrada”, fue adquirida por Doña Obdulia Bonifaz, una dama de notable posición social, que la empleó como residencia de verano. El gran punto de inflexión llegaría en 1914, cuando una fuerte galerna —una tormenta marina habitual en la costa norte— destruyó parte de su estructura, incluyendo una gran terraza situada en el segundo piso. Fue entonces cuando Bonifaz encargó la rehabilitación del edificio al arquitecto castreño Leonardo Rucabado, una de las figuras más importantes del regionalismo arquitectónico en Cantabria.
Rucabado acometió la reforma entre 1914 y 1916, respetando los elementos más valiosos del edificio original, pero transformando su estructura para dotarlo de una estética monumental, inspirada en el barroco montañés. La reforma incluyó la adición de una torre de influencia neorrenacentista, una nueva fachada con solana volada de madera, balconadas, aleros, contrafuertes y grandes vanos rectangulares. La planta del edificio pasó a ser irregular, y se añadieron numerosos detalles decorativos y heráldicos, incluyendo tres escudos en la portalada de acceso, la capilla y la fachada principal, que reúnen los linajes de Bonifaz, Alba, Ramírez de Arellano, Pérez del Pulgar y Fernández de Córdoba.
Uno de los aspectos más llamativos del palacio es su amplio jardín, diseñado también por el Marqués, esposo de la hija de Doña Obdulia y heredero del título concedido por el rey Alfonso XIII en 1913. Este jardín cuenta con más de 45 especies vegetales, algunas autóctonas y otras exóticas, importadas para embellecer la finca. Entre sus elementos más curiosos se encuentra la llamada "Casa de los pajaritos", un pintoresco edificio diseñado para albergar aves, aunque nunca llegó a ser utilizado como tal. También se conservan una piscina histórica, una pista de tenis y la capilla privada con su pórtico de columnas toscanas.
En 1997, el Ayuntamiento de Noja adquirió el inmueble y lo transformó en la actual Casa de Cultura, un centro vivo que acoge a lo largo del año numerosas actividades culturales, especialmente durante el verano. Cursos de música, exposiciones, recitales, conferencias, talleres y eventos del prestigioso encuentro artístico SIANOJA tienen lugar en sus salones, devolviendo al palacio parte del bullicio social que vivió en tiempos de la alta burguesía.
Además, el edificio está abierto al público mediante visitas guiadas, que permiten recorrer sus estancias principales: desde los salones nobles hasta los dormitorios, pasando por la cocina, la capilla y, por supuesto, el jardín. Estas visitas constituyen un verdadero viaje en el tiempo que permite descubrir cómo era la Noja aristocrática de principios del siglo XX, cuando la costa cántabra comenzaba a convertirse en un destino veraniego de prestigio.
El Palacio del Marqués de Albaicín, declarado Bien de Interés Cultural en 1992, no solo es una obra arquitectónica notable por su valor estético, sino también un ejemplo de cómo la identidad regional puede preservarse a través del arte y la arquitectura. En sus muros, escudos y jardines, late aún el espíritu de una Cantabria elegante, que supo mirar a su pasado con orgullo y proyectarlo al futuro con visión y belleza.

