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Vecinos denuncian una situación insostenible con los tiroteos: “Vivimos amenazados y el Ayuntamiento lo sabe”

Local supuestamente okupado por los gitanos, según el testigo y el alcalde de Torrelavega, López Estrada. / G.M.

Acusan al gobierno municipal de permitir la ocupación ilegal de espacios públicos por clanes conflictivos responsables de los tiroteos recientes: “Lo saben todo y no hacen nada”

La tensión crece en Torrelavega. Tras el cuarto tiroteo registrado en menos de un año, esta vez en la zona de Sniace, la tesis de que los episodios violentos son “hechos puntuales” se vuelve cada vez más insostenible, especialmente para quienes conviven con esta realidad cada día. Los vecinos ya no callan. En barrios como Barreda, La Inmobiliaria, Covadonga o Campuzano, crece el hartazgo ante lo que consideran una dejación de funciones institucional por parte tanto del Ayuntamiento de Torrelavega como de la Delegación del Gobierno.

La denuncia vecinal es clara: “Lo saben todo. Saben quiénes son, dónde están, y no hacen nada. Llevamos años así, y el miedo ha ganado las calles”.

El último tiroteo se produjo el lunes en las inmediaciones de la antigua fábrica de Sniace, presuntamente durante un enfrentamiento entre clanes rivales por chatarra, según fuentes municipales. La Policía Nacional continúa investigando los hechos y ha detenido a una persona con una reclamación judicial pendiente, aunque aún no se ha podido confirmar si está vinculada directamente con el tiroteo, según ha informado la Delegación del Gobierno.

Este episodio se suma a otros tres ocurridos en los últimos doce meses. Lejos de tratarse de hechos aislados, la violencia armada se ha convertido en una constante en ciertos puntos de la ciudad, generando una alarma social creciente. Desde los disparos en Pintor Varela, hasta incidentes anteriores en Barreda y otras zonas, los vecinos coinciden: “Esto va a más, y nadie hace nada”.

Barreda, epicentro del miedo y del silencio oficial

Uno de los testimonios más contundentes ha sido recogido en exclusiva por este medio. Uno de los afectados ha relatado una situación de descontrol absoluto en el barrio de Barreda, donde, asegura, clanes familiares ocupan de forma ilegal la antigua asociación de vecinos, una casa municipal anexa y una finca urbana sin permisos, en la que se ha instalado un asentamiento de más de 50 personas con caravanas, sin pagar suministros y conectados de forma ilegal a la red de agua, luz y alcantarillado.

El barrio de Barreda, en Torrelavega, vive con miedo, y no desde el tiroteo cerca de Sniace. Vecinos del barrio han denunciado de forma anónima a este medio una situación que, según ellos, lleva años deteriorándose sin que las autoridades actúen. Afirman que los últimos tiroteos en la ciudad tienen su origen en un grupo concreto de personas, cuyas identidades y localización son conocidas tanto por el Ayuntamiento como por la Policía Nacional, sin que se haya actuado con contundencia.

Todo el mundo en el barrio sabe quiénes son, dónde viven y qué hacen. Viven en la antigua asociación de vecinos, que han ocupado, en una casa municipal anexa y en una finca urbanísticamente ilegal. Y el Ayuntamiento también lo sabe, pero mira para otro lado”, denuncia una persona cercana a los vecinos afectados.

El relato describe una ocupación continuada de edificios públicos y terrenos privados en la zona, donde incluso se ha levantado un pequeño poblado ilegal con caravanas, sin permisos urbanísticos, sin pagar suministros y con conexiones ilegales a luz, agua y alcantarillado. La finca está identificada en Urbanismo, según el testimonio, y existe un expediente abierto.

Los vecinos aseguran que la Policía Nacional ha realizado controles esporádicos, pero que todo vuelve a la normalidad al día siguiente: “Saben perfectamente quiénes son. Hacen un control un día, y al siguiente desaparecen. Mientras tanto, la tensión y el miedo siguen creciendo”.

"Hay tiroteos cada poco, coches a toda velocidad y amenazas a los vecinos"

En el barrio, la sensación de abandono es total. Los vecinos denuncian carreras de coches de madrugada, impactos en fachadas, y una presencia creciente de clanes que controlan zonas enteras: “Hay miedo, la gente no habla, no denuncia, no sale de casa. Estamos todos amenazados”, afirma una fuente.

La situación lleva años enquistada, pero ha empeorado en los últimos meses con la llegada de más personas a este asentamiento. “Empezó con unas familias, ahora hay más de 50 personas. Controlan varias zonas del barrio, y la sensación es que pueden hacer lo que quieran sin consecuencias”.

La denuncia más grave es la de complicidad por inacción: “El Ayuntamiento lo sabe todo. No actúa. No desaloja. No reacciona. Echa la culpa a la falta de efectivos policiales, pero conoce la situación exacta y no hace nada para solucionarla”, insiste la fuente.

Según este testimonio, incluso personas vinculadas a incidentes graves recientes, como la agresión a un profesor, estarían residiendo en estas viviendas municipales. Todo ello ha sido comunicado por vecinos al alcalde, a concejales de distintos partidos, a medios de comunicación y a la Policía, sin que se haya dado una respuesta firme.

“Esto solo cambiará cuando haya una desgracia”

El testimonio concluye con un mensaje inquietante: “Aquí solo actuarán cuando maten a alguien. Mientras tanto, seguimos esperando. No pedimos represión, pedimos ley, orden y seguridad. Pedimos que se cumpla la ley, que se recupere lo público, que se devuelvan los espacios a los vecinos y que Torrelavega no se convierta en un lugar donde quien más amenaza, más impunidad tiene.”

Torrelavega ya no puede hablar de hechos aislados. Lo que ocurre en Barreda, La Inmobiliaria o Sniace es un síntoma de un problema más profundo: la pérdida del control institucional en determinados espacios urbanos, el abandono de los vecinos por parte de quienes deben protegerles, y el vacío de gestión que deja paso a la ley del más fuerte.

Mientras se sigue hablando de zonas verdes, sostenibilidad y proyectos estéticos, en los barrios los disparos, las amenazas y la impunidad son ya parte de la rutina. Y el mayor peligro no son las balas, sino la resignación silenciosa de quienes deberían actuar, y no lo hacen.