Torrelavega, fue capital del ganado: la historia viva de un gigante llamado “La Cuadrona”
En el corazón de Torrelavega se levanta una catedral sin vidrieras, hecha de hierro, hormigón y olor a campo. Es el Mercado Nacional de Ganados Jesús Collado Soto, conocido popularmente como “La Cuadrona”, un coloso que, desde hace más de 50 años, convierte cada semana a esta ciudad cántabra en la capital del comercio ganadero del norte de España.
Durante décadas, bastaba con acercarse a las afueras de Torrelavega para entender de qué estaba hecha esta ciudad: olor a ganado, botas embarradas, camiones de madrugada, voces roncas regateando reses. El Mercado Nacional de Ganados Jesús Collado Soto, conocido por todos como “La Cuadrona”, fue mucho más que un punto de venta: fue el corazón económico, social y simbólico de una ciudad. Hoy, aunque sigue latiendo, su ritmo es otro. Más pausado. Más vacío.
Un gigante de hierro y tradición
Inaugurado en 1973, “La Cuadrona” es todavía hoy el mayor mercado cubierto de ganado de España. Con más de 52.000 metros cuadrados, su arquitectura imponente y funcional —pasillos amplios, corrales bien dispuestos, zonas de carga y descarga— fue pensada para mover miles de cabezas de ganado cada semana.
Y así fue durante años: vacuno, ovino, porcino, caballar… El mercado reunía a ganaderos de Cantabria, Asturias, León, Palencia e incluso del norte de Portugal. Los martes eran días grandes, de bullicio, remolques, comida campestre y tratos cerrados con un apretón de manos. Era también una especie de escuela rural: aquí se aprendía a comprar, a vender, a observar. Se aprendía a negociar.
“Aquí venías de niño con tu padre y salías sabiendo cómo va el mundo”, recuerda Miguel, ganadero de la zona de Campoo, que aún sigue acudiendo a vender.
El declive de una institución
Pero los tiempos cambian. La concentración de la actividad ganadera, las nuevas normativas, la desaparición del pequeño ganadero y la venta directa a gran escala han ido vaciando los pasillos de La Cuadrona. El número de reses ha caído drásticamente en los últimos veinte años. Las imágenes de hace décadas, con miles de cabezas de ganado agrupadas por categorías, hoy parecen postales antiguas.
“Antes venías y no sabías ni por dónde empezar. Hoy das una vuelta y enseguida acabas”, comenta Raúl, joven ganadero de Reinosa. “Sigue siendo útil, pero ya no es lo que era”.
La realidad es clara: cada martes hay menos animales, menos compradores, menos tratos. Las lonjas y los grandes centros de distribución han desplazado buena parte del comercio tradicional.
¿Qué queda?
Queda mucho más que un mercado: queda un símbolo. La Cuadrona sigue siendo un punto de referencia en la ciudad. Se celebran ferias ganaderas, eventos agroalimentarios, mercadillos, conciertos e incluso encuentros culturales. Las instalaciones se han adaptado, pero sin perder su esencia. Aunque la actividad ganadera ya no es la de antes, sigue siendo el mayor punto de encuentro rural del norte de Cantabria.
Además, el valor sentimental permanece. Para muchos torrelaveguenses, La Cuadrona es parte de su biografía. Es donde aprendieron a conducir un tractor, donde comieron su primer bocadillo con chorizo entre reses, donde vieron trabajar a sus abuelos.
Una ciudad que aún se recuerda a sí misma
Torrelavega fue capital del ganado. Con letras grandes. Y aunque hoy la realidad es otra, esa identidad no ha desaparecido: se transforma, se adapta, se resiste. Y en los ecos de los martes tranquilos, aún puede escucharse el murmullo de lo que fue.