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Vinoteca Torre De la Vega: una década como referente vinícola en Torrelavega

Juan Valdés y Eva María del Cid, los dueños de la vinoteca. / A.E
En 2015, Juan Valdés y Eva María del Cid decidieron embarcarse en una aventura vinícola en Torrelavega. Lo que comenzó como un pequeño local de 40 metros cuadrados en la Plaza de la Llama, hoy se ha convertido en una vinoteca de referencia 

En la Plaza de la Llama, en Torrelavega, se encuentra uno de los establecimientos más emblemáticos para los amantes del buen vino: Vinoteca Torre de La Vega. Fundada en 2015 por Juan Valdés y su pareja, Eva María del Cid Herraez, esta vinoteca ha pasado de ser un pequeño local de 40 metros cuadrados a un espacio de referencia en Cantabria, con una oferta de más de 1.200 referencias de vinos nacionales y 25 internacionales.

Con una combinación de pasión, conocimiento y compromiso con la calidad, Juan Valdés ha conseguido que su vinoteca no sea solo un lugar donde tomar una copa de vino, sino un espacio de encuentro, aprendizaje y disfrute. En esta entrevista para ALERTA, nos cuenta cómo ha sido su trayectoria, el crecimiento del negocio y su visión sobre la evolución del sector. Juan, llevas más de 30 años en el sector del vino.

Una de las opciones gastronómicas que ofrecen. / A.E

¿Cómo fue su trayectoria antes de abrir la vinoteca?

Mi vida profesional ha estado siempre ligada al mundo del vino. Durante más de tres décadas, trabajé en distintas empresas del sector, incluyendo Pernod Ricard, el segundo grupo más importante a nivel mundial en la venta de vinos y licores.
También colaboré con la familia Ruiz-Mateos y con diversas distribuidoras en Cantabria. Con el tiempo, sentí que necesitaba un cambio. Había adquirido mucho conocimiento y experiencia en el sector, pero siempre trabajando para otros. Llegó un punto en el que me planteé si debía dar el paso y emprender mi propio camino.

¿Cómo nació la idea de abrir la Vinoteca Torrelavega?

La idea rondaba mi cabeza desde hacía tiempo, pero fue Eva, mi mujer, quien me animó a hacerlo realidad. Ella ha sido clave en todo este proceso. Mientras yo calculaba números y pensaba en los riesgos, ella fue el motor que me impulsó a apostar por nuestro propio proyecto.
Empezamos en un local muy pequeño, justo en la misma esquina donde estamos ahora, con apenas 40 metros cuadrados. El 4 de diciembre cumpliremos 10 años desde aquella aventura. Al principio, fue todo un reto, pero con esfuerzo y dedicación logramos crecer hasta lo que somos hoy.

Desde aquellos inicios hasta hoy, ¿cómo ha evolucionado la vinoteca?

El crecimiento ha sido muy rápido. En poco más de un año, tuvimos que trasladarnos a un local más grande porque la demanda superaba nuestra capacidad. Recuerdo nuestra primera patrona: solo teníamos cuatro barricas con 400 botellas y la gente hacía cola en la calle para entrar. En ese momento, nos dimos cuenta de que habíamos acertado con nuestra propuesta. Desde el principio, nuestra idea fue diferenciarnos.

«Entonces, empezamos dando raciones de embutidos ibéricos, buenos quesos, anchoas porque somos cofrades desde la cofradía de anchoa de Cantabria y, pues, poquito a poco y paso a paso fuimos creciendo, hasta lo que somos hoy». No queríamos ser un bar más. Apostamos por vinos de mayor calidad y por un concepto más especializado, donde el cliente pudiera disfrutar del vino en un ambiente relajado y sin prisas. Queríamos ofrecer un servicio personalizado y un catálogo de vinos que fuera más allá de lo que se encuentra en cualquier bar.

Parte interior de la vinoteca. / A.E.

Actualmente, ¿cómo es el local y qué experiencias ofrecéis?

Si algo tenemos claro es que el espacio es tan importante como el producto. Cuando abrimos, nosotros mismos nos encargamos de todo: pintamos el local, montamos el mobiliario y diseñamos el espacio. Hoy, el local cuenta con un diseño acogedor y funcional, con una gran barra, una zona de mesas cómodas y una terraza ideal para disfrutar del buen tiempo. Además de la vinoteca, organizamos catas de vinos cada 15 días, donde enseñamos a los clientes a apreciar los matices de distintos caldos. También promovemos viajes enológicos: llevamos a grupos de clientes a visitar bodegas en Toro, Ribera del Duero, Rioja y otras zonas vitivinícolas. Nos interesa que la gente entienda el proceso del vino, desde su origen.

También mencionaba que quieren impulsar la cultura local, ¿cómo lo hacen?

Sí, queremos que la vinoteca sea más que un espacio para tomar vino. Nos gustaría hacer más eventos culturales, como sesiones de música en vivo con artistas locales o veladas de lectura. Creo que es fundamental apoyar el talento de nuestra zona y crear un ambiente donde la gente pueda disfrutar del arte junto con una buena copa de vino.

¿Cuáles son los vinos más representativos de la vinoteca?

Uno de los vinos más vendidos y apreciados por nuestros clientes es Teófilo Reyes de la Do Ribera de Duero, que nos ha acompañado desde nuestros inicios. Pero, en general, apostamos por bodegas pequeñas y familiares, buscando siempre calidad y autenticidad. Todos los vinos que ofrecemos los he probado personalmente. No vendo nada que no haya catado antes. Mi filosofía es ofrecer al cliente algo que realmente merezca la pena, aunque cueste un poco más. Prefiero que alguien pague 10 o 20 céntimos más por una copa y disfrute de un gran vino, en lugar de optar por opciones más comerciales y sin personalidad.

Decoración interior del local con una especie de viñedo y una fuente para mejorar el ambiente. / V.G.

¿Cómo ha cambiado el interés del público por el vino en estos años?

Cuando abrimos, Torrelavega tenía muy pocos locales especializados en vinos. Ahora hay más y eso es positivo, porque indica que el interés por el vino ha crecido. Siempre digo que no veo a otros locales como competencia, sino como un impulso para que la cultura del vino siga creciendo. Me gustaría que en Torrelavega hubiera más vinotecas, porque eso significa que la gente valora este tipo de establecimientos.

La situación económica en Torrelavega es complicada. ¿Cómo lo están viviendo?

Es un momento difícil, no solo aquí, sino en toda España. El comercio local está en peligro porque la gente ha cambiado sus hábitos de consumo. Antes, comprábamos el pan en la panadería del barrio, la fruta en la frutería de la esquina y la carne en la carnicería de confianza. Ahora, cada vez más gente recurre a grandes superficies o compra por internet. Si seguimos así, dentro de unos años, muchos pequeños negocios habrán desaparecido.

¿Qué planes de futuro tiene para la Vinoteca?

Seguir creciendo, pero sin perder nuestra esencia. Queremos consolidar nuestras catas, viajes y eventos culturales, además de seguir apostando por la calidad y el trato cercano. Si algo nos ha enseñado esta década es que el vino es más que una bebida: es cultura, historia y pasión. Y queremos seguir compartiendo esa pasión con nuestros clientes.