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Pasarelas, carriles bici y un bosque inesperado: así es este parque de Torrelavega

Uno de los rincones del parque de La Viesca. / A.E

Lo que un día fue paisaje de minas, grúas y polvo, es hoy un entorno de biodiversidad con lago, carriles bici, zonas arboladas y pasarelas sobre el río

Lo que hoy es uno de los espacios verdes más amplios y valorados de Torrelavega, en Cantabria, tuvo un origen muy diferente. El Parque de la Viesca ocupa los terrenos donde durante casi siglo y medio se explotó uno de los yacimientos de zinc más importantes de Europa. Una historia de transformación ambiental y social que ha convertido una zona degradada en un auténtico pulmón para los municipios de Cartes, Reocín y Torrelavega.

De explotación minera a espacio natural

Durante más de 140 años, el paisaje de La Viesca fue modelado por la actividad de la Real Compañía Asturiana de Minas (AZSA). La intensa actividad extractiva generó un entorno marcado por cráteres, escombreras y estructuras industriales, que modificaron profundamente el paisaje kárstico original.

El punto de inflexión llegó en 2004, cuando la Consejería de Medio Ambiente del Gobierno de Cantabria emprendió un ambicioso plan de restauración ambiental del entorno minero. La intervención permitió la recuperación de los terrenos para el uso público, transformando un espacio herido por la industria en una zona de recreo y biodiversidad, con caminos peatonales, carril bici y zonas forestadas.

Uno de los mayores logros fue la rehabilitación del antiguo hospital minero de AZSA, reconvertido en espacio para actividades medioambientales y de educación. La intervención, apoyada por la ciudadanía, especialmente los vecinos del Barrio de Covadonga, supuso también la consolidación del parque como referencia verde para la comarca.

Un parque lleno de historia e infraestructuras

La herencia minera permanece en infraestructuras icónicas como el Puente de la Barquera, una pasarela metálica construida hace más de 80 años para conectar las instalaciones mineras con la ciudad. Con 60 metros de luz y apenas 1,5 metros de anchura, este puente es hoy uno de los símbolos del parque. Junto a él, una segunda pasarela peatonal más moderna, suspendida por cables de acero, complementa las rutas de paseo entre ambas márgenes del río Besaya.

El parque se compone de espacios diversos: amplias campas, zonas arboladas, áreas de sombra y rincones tranquilos que permiten desde paseos en familia hasta la práctica de deporte o simplemente el contacto con la naturaleza. El carril bici recorre parte del trazado de la antigua vía férrea utilizada antaño para transportar mineral hacia el cargadero de Hinojedo, integrando historia industrial y movilidad sostenible.

El Zanjón: un lago donde antes hubo una mina

A escasa distancia del parque, el Zanjón representa otro hito de la recuperación paisajística. Donde antes se hallaba la gran mina a cielo abierto, ahora se extiende un lago artificial de más de 306.000 metros cuadrados, formado por aguas subterráneas. Esta nueva lámina de agua se ha convertido en un refugio para la fauna local y en un enclave de alto valor ecológico.

Biodiversidad y riqueza ecológica

En La Viesca conviven más de 1.000 árboles de diferentes especies. Muchas de ellas crecieron de manera espontánea tras el cierre de la mina, como el saúco, el fresno, el olmo, la cola de caballo o el roble. A esta base natural se sumaron especies plantadas durante el proceso de recuperación: arce silvestre, avellano, majuelo, roble americano, castaño de indias, entre otras.

Este entorno ofrece hábitat a mamíferos, aves rapaces, reptiles, pequeños roedores y una variada entomofauna, consolidándose como un espacio de gran valor para la biodiversidad regional.