tradiciones de cantabria

No es la romería lo que más engancha en San Cipriano, es este dulce

Rosquillas para San Cipriano de El Torreon Gourmet. / IG

Crujientes por fuera, tiernas por dentro y con aroma a anís: así son las rosquillas que cada septiembre conquistan la romería de Cartes

Cada mes de septiembre, los montes de Cartes se llenan de vida, devoción y sabor gracias a la romería de San Cipriano, una de las más emblemáticas de Cantabria. Pero si hay un símbolo que une generaciones en esta fiesta, ese es, sin duda, la rosquilla de San Cipriano.

¿Qué tienen de especial estas rosquillas? Más allá de su sabor, representan una forma de mantener viva la cultura popular, la cocina casera y la identidad de un pueblo que, año tras año, sube hasta la ermita para celebrar su día grande.

Una receta que resiste el paso del tiempo

Las auténticas rosquillas de San Cipriano se elaboran siguiendo una receta tradicional que ha pasado de madres a hijas durante generaciones. Hechas con ingredientes sencillos como harina, huevo, azúcar, anís y mantequilla, se fríen con paciencia y se glasean hasta obtener ese brillo característico que las hace irresistibles.

El resultado: un bocado crujiente por fuera, tierno por dentro y con un inconfundible aroma a romería y hogar.

Un dulce que no puede faltar en la subida a la ermita

Subir a San Cipriano sin rosquillas es, para muchos, casi un sacrilegio. En cada edición de la fiesta, los puestos junto a la ermita y los bares del entorno se llenan de rosquillas caseras, muchas veces elaboradas por las propias familias del municipio.

Es habitual ver a niños, jóvenes y mayores con una bolsa en la mano mientras disfrutan de la misa, la procesión o los bailes tradicionales. El dulce se ha convertido en un emblema de la fiesta, tan importante como la música o el ambiente familiar.

Más que rosquillas: identidad y orgullo local

Lo que hace únicas a las rosquillas de San Cipriano no es solo su sabor, sino todo lo que representan: raíz, pueblo, memoria y celebración. En un tiempo donde lo inmediato y lo artificial gana terreno, mantener vivas estas tradiciones gastronómicas es también un acto de resistencia cultural.