Otra extravagancia más: Torrelavega se gasta 163.000 euros en una “ruta prehistórica”
Mientras Torrelavega sigue acumulando locales comerciales cerrados, aceras sin arreglar, tiroteos que inquietan a los vecinos, falta de docentes en centros educativos municipales y problemas sin resolver en barrios como Sierrapando o Tanos, el equipo de gobierno liderado por Javier López Estrada (PRC-PSOE) sigue adelante con lo que muchos califican como otro proyecto “decorativo” y ajeno a las verdaderas prioridades de la ciudadanía: la creación de una “Ruta de Animales del Cuaternario” en el monte Dobra, por valor de 163.000 euros.
El Ayuntamiento ha licitado ya este proyecto turístico, que prevé recuperar senderos naturales hoy invadidos por la maleza y llenarlos de esculturas gigantescas de animales prehistóricos como mamuts, leones cavernarios, bisontes esteparios o rinocerontes lanudos. Todas las figuras, de hasta tres metros de longitud, estarán fabricadas en materiales ignífugos y resistentes al clima, con tratamientos antigrafiti, atriles informativos y códigos QR.
El sendero principal, de algo más de un kilómetro, incluirá también señalización vertical, balizas, cunetas, gravilla y marquesinas con información general. Un despliegue que puede resultar atractivo desde un punto de vista estético o turístico, pero que, según muchos vecinos y colectivos críticos, representa un nuevo despilfarro, totalmente alejado de las necesidades reales de la ciudad.
¿Educación o espectáculo?
Desde el Ayuntamiento, se defiende que esta “ruta del Cuaternario” es una propuesta “educativa, familiar y sostenible”, que ayudará a conectar a las familias con la naturaleza. Pero el discurso no convence a todo el mundo. En plena crisis del comercio local, con el centro de Torrelavega cada vez más desangelado, negocios cerrando cada semana y oportunidades laborales disminuyendo, la inversión en esculturas de animales del Pleistoceno parece una broma de mal gusto.
En ese sentido, colectivos ecologistas como Ecologistas en Acción ya han advertido sobre el impacto paisajístico de introducir figuras artificiales en un entorno natural como el Dobra. Y lo más grave: no es la primera vez que se intenta algo similar. El fallido proyecto de parque temático paleontológico en Sierrallana —desestimado judicialmente por afectar a suelo rústico— ya supuso un sonado fracaso.
La crítica ciudadana: “falta gestión, sobran caprichos”
Lo que debería preocupar es la lista de urgencias que no se atienden. Desde la oposición y cada vez más desde la calle, se denuncia la pasividad del Ayuntamiento ante problemas concretos y graves: la exclusión de menores con necesidades especiales en programas como “Abierto en Vacaciones”; la pérdida de 50.000 euros en subvenciones para comercio minorista por no presentar a tiempo la documentación; el deterioro del entorno urbano; o la pérdida de alumnos en centros municipales por no sustituir a tiempo a docentes de baja.
¿Qué explica, entonces, que sí haya presupuesto para esculturas de mamuts pero no para profesores, accesibilidad o seguridad?
El concejal de Desarrollo Local, Jesús Sánchez, ha defendido públicamente el proyecto como una forma de “reconectar con el entorno”, pero lo cierto es que buena parte del entorno más inmediato —el de la vida diaria de los torrelaveguenses— parece abandonado. Mientras se derrochan miles de euros en rutas temáticas y camisetas para la Liga de Peñas, los vecinos caminan entre aceras levantadas, locales vacíos y parques deteriorados.
Un símbolo más del desconcierto político
La ruta del Cuaternario podría haber sido una buena idea en un contexto de ciudad resuelta, saneada, con prioridades cubiertas. Pero implementarla ahora, con la ciudad atrapada en una deriva de abandono y pérdida de identidad, solo refuerza la sensación de que el equipo de gobierno vive más de cara a la foto que a las necesidades cotidianas.
Y, una vez más, la ciudadanía mira con desconcierto cómo su Ayuntamiento destina cientos de miles de euros a lo ornamental, mientras lo esencial —educación, servicios públicos, seguridad, comercio— sigue desatendido o, peor aún, olvidado.