Aparcar en Torrelavega, cada vez más difícil y más polémico
La ciudad de Torrelavega vive un momento de creciente tensión social en torno a la gestión del espacio público y, especialmente, a la política municipal de aparcamientos y movilidad. Lo que para el Ayuntamiento, gobernado por PRC-PSOE, representa un avance hacia una ciudad más ordenada y sostenible, para un sector creciente de la ciudadanía se ha convertido en un problema cotidiano que afecta a residentes, trabajadores y comerciantes.
Aparcamiento, en el centro del conflicto
Desde la plataforma ciudadana "Salvar Torrelavega de una ZBE ruinosa", se denuncia lo que califican como un “afán recaudatorio sin límites” por parte del equipo de gobierno. Consideran que muchas de las decisiones recientes se han tomado sin consenso ni una explicación clara, generando malestar entre los vecinos.
Pese a la apertura de nuevos aparcamientos en altura, desde la plataforma aseguran que las restricciones horarias, el control digital del estacionamiento y las limitaciones de acceso en zonas de bajas emisiones (ZBE) neutralizan cualquier mejora. “Se da un paso adelante y dos hacia atrás”, resumen.
Quejas por la falta de alternativas
Una de las principales críticas vecinales es la ausencia de alternativas realistas al vehículo privado. Si se restringen plazas en superficie, se peatonalizan calles y se limita el acceso al centro, la ciudadanía necesita soluciones de transporte que hoy, afirman, no existen.
“Esto afecta a personas mayores, familias, trabajadores, y en general, a cualquiera que necesita acceder al centro en coche”, explican desde la plataforma. “Se está generando una exclusión silenciosa”.
Rechazo a la digitalización obligatoria
Otro foco de queja es la obligatoriedad de utilizar aplicaciones móviles para gestionar el tiempo de estacionamiento. Muchos ciudadanos, especialmente mayores o personas sin acceso a tecnología, sienten que esta medida complica innecesariamente el uso de servicios básicos.
“No tengo por qué usar una app para aparcar donde llevo haciéndolo años”, protesta un residente. “Es una imposición”.
Consecuencias económicas en el comercio local
El impacto de estas restricciones ya empieza a notarse en el comercio de proximidad. Varios comerciantes denuncian que los clientes evitan el centro por las dificultades para aparcar, y quienes lo hacen no permanecen mucho tiempo.
“Si tengo que preocuparme por buscar sitio, mirar el reloj y temer una multa, me voy directamente a un centro comercial”, resume un vecino. Desde la plataforma se advierte que el centro pierde actividad: “Mucha gente solo viene a tomar algo. Eso no sostiene el tejido comercial”.
Falta de diálogo y sensación de desconexión
Además de las medidas concretas, lo que más alimenta el malestar es la sensación de falta de escucha. “Las decisiones se toman desde el despacho, no desde la calle”, afirman los portavoces vecinales. Reclaman un modelo de ciudad más conectado con la realidad de sus habitantes.
“La movilidad sostenible es necesaria, pero no puede imponerse de forma punitiva”, explican. Para muchas personas, las nuevas políticas no tienen en cuenta las rutinas reales ni las limitaciones de quienes no pueden prescindir del coche.
Una ciudad menos habitable
Desde la plataforma alertan de un futuro preocupante: “Si esto sigue así, habrá vecinos que se marchen, comercios que cierren y una ciudad cada vez menos viva y menos cómoda para sus propios habitantes”.
Por ello, insisten en reclamar al Ayuntamiento planificación, diálogo y sentido común, y piden que las medidas se adopten escuchando a quienes viven y trabajan en Torrelavega.