wimbledon

Djokovic sobrevive a un debut infernal: “Me quedé sin energía, sólo intenté sobrevivir”

El tenista serbio, Nocak Djokovic, durante su debut en Wimbledon ante Muller. / Jordan Pettitt
La imagen de Djokovic pidiendo asistencia médica y caminando a duras penas por el césped sagrado del All England Club marcó un giro inesperado en su debut

El marcador dice que Novak Djokovic ganó 3-1. Que superó con autoridad a Alexandre Muller en su estreno en Wimbledon 2025 y avanzó sin mayores contratiempos a la segunda ronda. Pero los números mienten. Al menos, si no se miran con lupa. Porque el siete veces campeón de Wimbledon vivió uno de los partidos más duros emocional y físicamente de su carrera reciente, y no precisamente por lo que ocurría del otro lado de la red.

Del control total... al caos

El encuentro comenzó como se esperaba: Djokovic dominando desde el fondo, con su característica precisión quirúrgica, manejando el ritmo y desactivando el juego del francés. El primer set fue casi perfecto, con numerosas oportunidades de rotura y sensaciones de máxima confianza. Pero todo cambió de forma abrupta en el segundo parcial.

Sin apenas aviso, Djokovic empezó a gesticular, a perder movilidad, a sufrir en los intercambios largos. Su rostro reflejaba incomodidad, y tras perder el set, pidió asistencia médica. Lo que era una rutina parecía convertirse, de repente, en una batalla por la mera supervivencia.

"Me quedé sin energía, simplemente intenté sobrevivir"

En rueda de prensa, el propio Djokovic explicó el motivo de su bajón físico: problemas estomacales que lo dejaron literalmente sin fuerzas.

“Pasé de sentirme en mi mejor forma a encontrarme peor que en mucho tiempo. Me quedé sin energía. Simplemente intenté sobrevivir en la pista. Fue duro. Tuve que tomar unas pastillas para el dolor, y durante un tramo largo del partido no podía ni pensar con claridad”, confesó.

A pesar del evidente malestar, el serbio tiró de oficio, temple y experiencia, apoyándose en su saque —especialmente efectivo en el cuarto set— para sostener su juego y encontrar oxígeno mientras su cuerpo respondía como podía. Registró seis saques directos clave y evitó que Muller creciera demasiado en confianza tras el empate en sets.

“Después de un tiempo, la energía regresó poco a poco. Pude volver a moverme mejor, golpear desde la línea de fondo y tomar de nuevo la iniciativa. No fue un partido bonito, pero saqué adelante una situación muy complicada”, valoró Djokovic.

Segundo rival: Daniel Evans

Superado el susto, Djokovic ya tiene el foco en su siguiente rival: el británico Daniel Evans, un jugador que conoce bien y que se crece en casa. Pero para poder pensar en un partido serio, el gran interrogante es el estado físico de Novak. ¿Fue un episodio aislado o una señal de que el cuerpo empieza a pasar factura tras dos décadas en la élite?

Djokovic no quiso dar detalles sobre el origen exacto del malestar. Pero lo cierto es que, a sus 38 años y tras superar una recuperación exprés de una operación de rodilla en primavera, cada paso que da en Wimbledon este año parece más heroico que nunca. No está en su plenitud, pero su competitividad sigue intacta. Y eso, en césped y en Londres, siempre lo convierte en un candidato.