TVE señala a un periodista por hacer su trabajo
Lo ocurrido en las inmediaciones de un reciente acto político multitudinario, donde los medios aguardaban fuera por exceso de aforo, ha vuelto a poner en el centro del debate a uno de los comunicadores más controvertidos del panorama informativo español: Vito Quiles.
Mientras cumplía con su labor periodística, Quiles fue grabado por otros periodistas, algo que él mismo denunció posteriormente en redes sociales, afirmando que "los mismos periodistas que se quejan de que les señalo, se ponen a grabarme", en referencia al doble rasero con el que —según él— es tratado por la prensa tradicional.
Insultos, provocaciones y una tensión creciente que no se denuncia
En el exterior del recinto, donde periodistas de distintos medios esperaban la salida de los protagonistas del acto, se vivió un ambiente de notable hostilidad. Algunos asistentes y supuestos profesionales de la información increparon directamente a Vito Quiles. El que lideró la polémica fue Pablo Iglesias, que a parte de romperle el micrófono por hacer su trabajo le llamó "provocador", afirmando que "los fascistas sobran aquí", y lanzando incluso insinuaciones sobre su situación laboral.
En ningún momento, según las imágenes que han circulado, Vito respondió con violencia ni se encaró con nadie, manteniéndose en el lugar ejerciendo su función informativa. A pesar de ello, fue tratado como un elemento perturbador, simplemente por estar presente y grabar como parte de su trabajo.
¿Libertad de prensa o monopolio del relato?
Este episodio no es aislado. Quiles, conocido por cubrir actos políticos con una mirada crítica al poder establecido, ha sido en más de una ocasión objeto de vetos, agresiones verbales y ataques mediáticos. Todo ello sin que se genere una defensa unánime de su derecho a informar, como sí sucede con otros periodistas.
La pregunta que muchos se hacen es: ¿qué pasa cuando el periodismo incomoda al ecosistema mediático dominante? ¿Se activan los mismos mecanismos de protección cuando el señalado es alguien que no encaja en la narrativa editorial de los grandes grupos?
Un clima de hostilidad que se normaliza
Que a un periodista se le grabe, se le insulte y se le asocie públicamente con etiquetas como "fascista" sin prueba alguna, y todo ello delante de cámaras y compañeros de profesión, es un hecho preocupante para la salud democrática de cualquier país.
En lugar de denunciar el acoso, ciertos medios y comunicadores optan por justificarlo o invisibilizarlo, según la ideología o el perfil del periodista afectado. Se está generando una cultura de exclusión dentro del propio ecosistema periodístico, donde la pluralidad se castiga y la presión grupal marca la línea editorial de lo aceptable.
El caso de Vito Quiles, grabado e increpado por compañeros de profesión simplemente por acudir a cubrir un acto político, es otro síntoma del deterioro del pluralismo mediático en España. La libertad de prensa no puede depender del perfil ideológico del informador, ni de si gusta o no a la mayoría.
Es increíble. Los mismos periodistas que se quejan de que les señalo, se ponen a grabarme en TVE en vez de cubrir el acto político al que les envían. pic.twitter.com/QlvAhZM0aE
— Vito Quiles 🇪🇸 (@vitoquiles) April 13, 2025