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Felipe González, en El Hormiguero: “El PSOE no tiene proyecto de país” y “Sánchez gobierna construyendo muros”

El expresidente socialista reaparece con contundencia en televisión | Felipe González lanza una dura crítica contra Pedro Sánchez, denuncia la falta de rumbo del PSOE, exige una tregua política y advierte del deterioro democrático en España y Europa

Felipe González en El Hormiguero. / A3
Felipe González en El Hormiguero. / A3

La comparecencia del expresidente Felipe González en el plató de El Hormiguero, emitido en la noche del miércoles, sirvió de nuevo como escaparate para la reflexión política profunda que viene ejerciendo desde hace años sobre el estado de la democracia en España. Sin cargos públicos desde hace décadas, pero con una autoridad moral intacta para buena parte del electorado tradicional socialista, González se mostró más como estadista que como comentarista, desplegando un discurso articulado, firme y deliberadamente crítico con el rumbo del PSOE liderado por Pedro Sánchez.

“El PSOE no tiene un proyecto de país”, sentenció González, tras dejar claro que su relación con el partido ha pasado del entusiasmo a una militancia sin adhesión ideológica al liderazgo actual. Reiteró que los acuerdos del Congreso Federal celebrado en Valencia en 2021 —el último gran cónclave socialista— no se han respetado, y denunció que se está gobernando “construyendo muros”, en vez de buscar consensos estructurales para el país.

Crisis política e institucional

Felipe González no se limitó a la crítica partidista. Amplió su enfoque para alertar de una crisis democrática más profunda, que se traduce en la desconfianza generalizada hacia las instituciones y la desafección ciudadana. “Lo que más me preocupa de esta sociedad es la desesperanza con el futuro”, afirmó. “Antes podías tener diferencias ideológicas, pero había un proyecto compartido. Hoy, la política parece reducirse a una pelea entre tribus”.

Reclamó una “tregua de insultos” y una política basada en ideas y no en confrontaciones personales. “No se puede gobernar a base de ocurrencias, sin previsibilidad. Y lo que tenemos hoy es una democracia que ha perdido el horizonte”.

En un tono más reflexivo, señaló que “la política no puede ser tan personalista. No se trata de si un presidente se acuesta con el uniforme o si alguien come en un restaurante caro, se trata de si hay soluciones reales para los problemas de los españoles”.

Un dardo claro a Pedro Sánchez

Aunque evitó los ataques personales, González no ocultó su inquietud por el estilo político de Pedro Sánchez y sus pactos parlamentarios. “Tenemos políticos que en Bruselas se ponen de acuerdo en todo y, en Madrid, son incapaces de pactar ni en lo que coinciden”, expresó. Una frase que resume su percepción sobre la hipocresía política reinante.

La distancia entre ambos es ya estructural. Felipe González no esconde su crítica abierta a la dirección actual del PSOE, ni su rechazo al modelo de gobierno de alianzas con fuerzas independentistas o radicales, que considera contrarios al legado institucional del socialismo español.

Internacionalismo lúcido

González también abordó la política internacional, con una claridad que pocas veces se ve en líderes actuales. Dirigió sus críticas al expresidente estadounidense Donald Trump, a quien calificó de “ignorante enciclopédico” y “ajeno a los valores democráticos”. También cuestionó la deriva del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, diferenciando entre Israel como Estado legítimo y sus actuales dirigentes, a los que responsabilizó del sufrimiento de la población de Gaza.

Mostró una visión matizada del conflicto israelí-palestino, señalando que ni Hamás representa al pueblo palestino ni Netanyahu es sinónimo de Israel: “Isaac Rabin me decía: ‘podemos perder una guerra, pero no podemos ganársela a los palestinos’”.

Sobre Europa, insistió en que “el continente no puede seguir dependiendo de Estados Unidos”, especialmente ante la inestabilidad política en Washington y la pérdida de fiabilidad de sus aliados tradicionales.

Una figura incómoda para el actual PSOE

Felipe González es, hoy por hoy, una figura incómoda pero insoslayable para el PSOE. Su aparición pública remueve las bases de un partido que vive en tensión constante entre su pasado institucional y su presente fragmentado. No ocupa cargos, no dirige estructuras, pero sus palabras siguen teniendo peso político y simbólico.

“No digo todo lo que pienso”, dijo con ironía, sabedor de que ya dice más que suficiente para incomodar a muchos. Aunque sectores del partido intenten restarle relevancia tildándolo de “figura del pasado”, su intervención deja claro que su crítica no busca protagonismo, sino alertar sobre lo que considera una pérdida de rumbo ideológico y ético.

Pablo Motos, conductor del programa, resumió el sentir de muchos cuando, al cierre de la entrevista, dijo: “Ojalá hubiera media docena como tú mandando, por lo menos de preparados”.

Felipe González sigue siendo una voz difícil de ignorar. Su intervención en El Hormiguero no fue un simple repaso a la actualidad, sino una radiografía crítica del deterioro político, democrático e institucional del país. En tiempos de polarización y relato, su apuesta por el rigor, la palabra y la responsabilidad resulta cada vez más infrecuente. A sus más de ochenta años, su libertad para opinar —sin necesidad de complacer ni temer— le convierte, para muchos, en el último referente político clásico del socialismo español.

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