Elle MacPherson conmueve con su historia de superación y autenticidad
La supermodelo Elle MacPherson emocionó con un repaso íntimo a su trayectoria, desde su primer trabajo en una farmacia hasta su consolidación como icono de la moda y el bienestar
En una noche marcada por la elegancia y la introspección, Elle MacPherson, una de las supermodelos más icónicas de las últimas décadas, fue la protagonista de una nueva entrega del programa El Hormiguero. Invitada con motivo del 80º aniversario de la revista Elle, la australiana no solo recordó los hitos más importantes de su carrera, sino que también ofreció una mirada íntima y honesta sobre sus orígenes, sus miedos y su evolución personal y profesional.
Una infancia marcada por la responsabilidad y la independencia
Elle relató sus inicios con naturalidad: “Quería estudiar Derecho, lo que hacían las chicas inteligentes y sensatas. Pero yo también quería ser económicamente independiente y viajar”. Su primer trabajo, a los 13 años, fue como dependienta en una farmacia, donde ganaba 12 dólares a la semana. "Fue mi primer paso hacia la independencia", confesó. Esa experiencia, según afirmó, fue clave para desarrollar el sentido de responsabilidad que más adelante la acompañaría en el mundo de la moda.
El salto a las pasarelas: decisión, autenticidad y estrategia
La entrada de Elle en el mundo del modelaje fue casi fortuita. Una llamada de una agencia y un salto al vacío: “Sentí un salto en el corazón y me lancé”. En sus primeros pasos en Nueva York, se enfrentó a una industria con estándares estéticos estrictos: “En los años 80, en EE. UU., el ideal de belleza era ser rubia con ojos azules. Yo era alta, morena, fuerte y con ojos marrones. No encajaba”. Pero en lugar de cambiar, optó por reafirmarse: “Ser yo misma fue lo que me distinguió del resto”.
Los catálogos comerciales: una elección pragmática
Lejos del glamour inicial, Elle comenzó trabajando en catálogos comerciales porque pagaban mejor que las revistas. Mientras otros optaban por la exposición editorial, ella priorizó la rentabilidad: “Una revista pagaba 70 dólares al día; un catálogo, hasta 10.000. Aprendí muchísimo. No era glamuroso, pero era efectivo”. Esa visión empresarial temprana le permitió crear posteriormente su propia marca basada en el bienestar y el autocuidado.
Rechazos, portadas y el poder de la autenticidad
La modelo confesó que fue rechazada por su color de ojos en campañas estadounidenses. Sin embargo, poco después posó en portada de Sports Illustrated, marcando un hito en su carrera. Aunque no le gustó su primera portada –“no me reconocía”–, la agradece profundamente: “Me abrió las puertas del mundo”.
También compartió que pensó titular su autobiografía con un provocador juego de palabras: Cómo mis tetas me salvaron el culo. Finalmente, optó por un enfoque más sobrio: “‘Elle’ refleja mejor lo que quiero transmitir: un libro con herramientas para que otros aprendan de mi experiencia”.
La era de las supermodelos y la revolución digital
Elle recordó con emoción la década de los 90, cuando las supermodelos eran íconos globales: “Todo era interconectado: moda, cine, música… Vivíamos una vida extraordinaria sin darnos cuenta”. Hoy, observa que el sector ha cambiado radicalmente: “Antes, el misterio te hacía una estrella. Hoy, la cercanía te hace auténtica”.
Cuando Pablo Motos le preguntó qué pensaba al desfilar, Elle fue clara: “Antes solo pensaba: ‘No te caigas’. Hoy pensaría: ‘Disfruta del camino’. Es cuestión de mentalidad”. Su mensaje final fue un llamado a la autenticidad y a la resiliencia: “Ser uno mismo es el mejor consejo que puedo dar. Eso es lo que realmente importa”.