Los actores de ‘Farmacia de guardia’ rememoran los momentos más surrealistas del rodaje
Tres décadas después de que Farmacia de guardia dejara de ser un pilar de la programación en Antena 3, dos de sus actores más entrañables, Miguel Ángel Garzón y Julián González, han vuelto a reencontrarse ante las cámaras. La serie que retrataba las peripecias de una familia que regentaba una farmacia en un barrio de Madrid se convirtió en uno de los mayores éxitos de la televisión española de los años 90. Pero el regreso de Garzón y González no es solo un reencuentro nostálgico con el pasado; es una reflexión sobre cómo el paso del tiempo ha moldeado tanto sus trayectorias profesionales como sus vidas personales. En una conversación distendida en el programa Y ahora Sonsoles, los actores recordaron no solo los momentos más entrañables de aquellos años, sino también las anécdotas más inusuales, como la ocasión en la que el rodaje de la serie estuvo marcado por la presencia de un tigre de bengala de más de 300 kilos.
Es difícil pensar en Farmacia de guardia sin recordar la figura de Concha Cuetos y Carlos Larrañaga, los actores que interpretaron a Lourdes Cano y Adolfo Segura, los padres ficticios de los personajes de Quique y Guille. Como señalan Garzón y González, la conexión con ellos fue mucho más allá de la pantalla. Pasaban tantas horas al día rodando juntos que, en muchos casos, pasaban más tiempo con Cuetos y Larrañaga que con sus propios padres. "Pasábamos más tiempo con ellos que con nuestros padres, unas 32-36 horas a la semana, de lunes a jueves, de dos a diez de la noche", recuerda Miguel Ángel. Para los actores jóvenes de la serie, esa relación se convirtió en una especie de segunda familia, un vínculo que perdura hasta el día de hoy.
Sin embargo, el rodaje de Farmacia de guardia estuvo lejos de ser una experiencia exclusivamente entrañable. Las anécdotas de la serie están marcadas por momentos surrealistas que desafían la lógica de cualquier guion. Julián González, con su rostro impasible, rememora una de las situaciones más insólitas que jamás podría haber imaginado vivir. En un episodio del rodaje, el director de la serie, Antonio Mercero, decidió que un tigre de bengala, un animal de más de 300 kilos, fuera parte del set. Los actores, sin embargo, no solo tuvieron que enfrentarse a la presencia del feroz animal, sino que, en su juventud y envalentonados por la adrenalina, decidieron acercarse al lugar donde el tigre estaba retenido por cadenas. Lo que comenzó como una aventura de niño se convirtió rápidamente en una experiencia de terror cuando el tigre, en un impulso salvaje, saltó sobre Julián, lo derribó y lo cubrió con su enorme cuerpo. "El tigre saltó a por mí, me dio con la zarpa, me tiró al suelo y se me puso encima", narra el actor con una calma que contrasta con la situación vivida. La tensión fue tal que, como nos cuenta Garzón entre risas, al ver a Julián bajo el animal, la única reacción que tuvieron fue salir corriendo para ponerse a salvo, dejando a su compañero en la situación más comprometida.
Lo cierto es que, aunque el incidente tuvo un final afortunado y el joven Julián sobrevivió al ataque, este episodio marcó un hito en el recuerdo colectivo de los actores. Los momentos más divertidos y surrealistas en el set de Farmacia de guardia no son solo anécdotas de una época dorada de la televisión española, sino también un testimonio de lo que significa, de alguna manera, desafiar los límites de lo que se considera seguro en nombre del espectáculo.
Pero más allá de los recuerdos y las risas, lo que queda claro al escuchar a Garzón y González es que los lazos forjados en el set siguen siendo fuertes. Ambos mantienen una relación estrecha con Concha Cuetos, la matriarca de la serie, a quien consideran una "madre total". Cuetos, ahora con 81 años, sigue siendo un pilar emocional para los dos actores, con quienes mantiene contacto frecuente. "Seguimos escribiéndonos. Tanto Carlos como ella eran estupendos, daba alegría trabajar con ellos. Aprendimos mucho", concluye Garzón, con una mezcla de gratitud y cariño por aquellos que los guiaron en sus primeros pasos en la profesión.
Hoy, la vida de los dos actores ha tomado rumbos bastante distintos. Mientras que Miguel Ángel Garzón sigue activo en el mundo de la actuación, especialmente en el ámbito del doblaje, Julián González ha decidido alejarse del mundo de la interpretación, buscando una vida más tranquila lejos de los focos. A sus 50 años, Garzón continúa trabajando en proyectos de doblaje, un campo en el que se ha especializado, mientras que González, a los 44, ha optado por alejarse completamente de la actuación, dedicándose a actividades más familiares y cotidianas. "Si me llamara alguien, lo cogería pero no es una cosa que me muera de ganas", confiesa González con total sinceridad. Así, Farmacia de guardia permanece como un reflejo de dos trayectorias que, aunque divergentes, comparten un punto de origen común en la historia de la televisión española.