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El Diario de Cantabria

MEDIOAMBIENTE

La materia prima del futuro, las microalgas

 El mundo se enfrenta a una decisiva encrucijada ambiental. A la par con los avances tecnológicos, se vive una carrera por el desarrollo de alternativas industriales y energéticas limpias que ayuden a revertir el cambio climático. Las microalgas son una de las opciones más prometedoras
Vista de la planta de producción de microalgas en arcos de la frontera. EFE
Vista de la planta de producción de microalgas en arcos de la frontera. EFE
La materia prima del futuro, las microalgas

Presentes en glaciares, océanos, ríos y todo cuerpo de agua dulce o salada, las microalgas constituyen una de las formas de vida más primitivas del planeta. En ellas recae la responsabilidad de proveer más de la mitad del oxigeno presente en la tierra.

«Existen más de 60.000 especies distintas de microalgas, que están presentes en todos los reinos de la naturaleza, a excepción del animal, y que habitan y se reproducen por todo el planeta», cuenta a Efe Carlos Rodríguez-Villa, director de AlgaEnergy, una empresa española líder en la investigación con microalgas.

Aún así, sus ventajas no se limitan a la producción de oxigeno, sino que además se estima que su capacidad de captación de CO2 ambiental es superior a la de otras plantas.

Según Villa, una hectárea de cultivo de microalgas captura el equivalente a un bosque de 30 hectáreas con 26.000 árboles.

Sumado a ello, gracias a su composición rica en carbohidratos, lípidos y proteínas, las microalgas son una materia prima de gran interés para distintos sectores de la economía.

Ejemplo de ello, ha sido su importante papel en la alimentación animal y humana, al punto de ser consideradas por la ONU como «el alimento del milenio».

Asimismo, son una de las materias primas más prometedoras para el futuro energético de la humanidad. Sin embargo, aún falta mucho para la llegada al mercado de un biocombustible de microalgas.

Bien sea para la producción de biocarburantes u otros compuestos de interés, el concepto clave para hablar de microalgas es el de la biorrefinería. En síntesis, se trata del procesamiento de la biomasa de microalgas para la obtención de sus derivados.

En otras palabras, es un proceso similar a la refinería de petróleo, en el que «se obtienen diferentes combustibles y un montón de productos químicos», afirma a Efe Fernando Bautista, docente investigador de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (España).

«La gran diferencia entre una refinería de petróleo y una biorrefinería, es que la segunda alude exclusivamente a los casos en que se emplea biomasa, que en este caso proviene del cultivo controlado de microalgas», indica el experto.

Aunque las microalgas guardan directa relación con el origen de la vida, también lo hacen con nuestro presente. Sus aplicaciones se extienden y no se limitan a las industrias agrícola, alimentaria, cosmética, farmacéutica, energética, entre otras. Este es el caso, por ejemplo, de AlgaEnergy, una empresa que se dedica al cultivo e investigación de microalgas y que ya cuenta con varios productos en el mercado mundial.

«Lo interesante de estos productos, es que son capaces de consumir una enorme cantidad de CO2 en su producción. De nuestra empresa, el bioestimulante agrícola Agrialgae, por ejemplo, consume hasta dos kilogramos de CO2 por cada 5 litros producidos», según Villa.

Como se ha mencionado antes, una de las ventajas de las microalgas es su alta capacidad para captar CO2 y emitir oxigeno. El tema es que cuando esa ventaja adquiere dimensiones industriales, los beneficios ambientales son realmente invaluables.

A diferencia de otras plantas de las que se obtiene biomasa, las microalgas no dependen del uso de tierras fértiles o de la calidad del agua. En ese sentido, solo dependen de la luz y de una buena fuente de C02.

«El cultivo de microalgas no tiene porqué quitar agua dulce de buena calidad, sino que pueden cultivarse en aguas residuales, en aguas saladas, en aguas de muy mala calidad que no son aptas para consumo humano», asevera el profesor Bautista.

Sumado a ello, la experiencia en el campo ha demostrado que las microalgas pueden ser utilizadas para purificar las emisiones de CO2 de los focos industriales. Al necesitar cien veces más dióxido de carbono que otras plantas, su reproducción masiva depende de la existencia de una fuente de CO2 lo suficientemente potente.

«Una de las ideas que se tienen para desarrollar las futuras biorrefinerías de microalgas, es la de acoplarlas o asociarlas a una producción de CO2, por ejemplo, una central térmica», agrega Bautista.

Una idea que ha salido de la teoría a la realidad en Cádiz, al suroeste de España. En esta ciudad, opera desde 2014 la planta industrial de Alga Energy, que utiliza las emisiones de CO2 de la Central de Ciclo Combinado de Iberdrola –la hidroeléctrica más grande del país-, para la producción de microalgas con fines comerciales. Otro de los objetivos de la investigación de microalgas es el desarrollo de biocombustibles, especialmente para el sector de la aviación uno de los principales emisores de dióxido de carbono en la actualidad.

Según la Agencia Europea del Medio Ambiente, se estima que un avión puede emitir hasta 285 gramos de CO2 por cada pasajero y kilómetro recorrido. Eso quiere decir, por ejemplo, que en una ruta entre Madrid y Barcelona, de unos 505 kilómetros, un avión con 189 pasajeros emite más de 27 toneladas de CO2.

Por esa razón, para María Prado, responsable de la campaña de energías de la ecologista Greenpeace, el problema debe abordarse de dos maneras: «desarrollando alternativas más limpias que el queroseno y reflexionando sobre la necesidad de incrementar las rutas y flotas de aviones».

«Lo que planteamos es un claro cuestionamiento sobre cuántos transportes de largo recorrido son realmente necesarios y no se pueden sustituir por medios más sostenibles», afirmó Prado a Efe.

«No obstante –aclara- hay vuelos transoceánicos que no pueden ser sustituidos por otro medio de transporte y es ahí donde el biocombustible de microalgas jugaría un papel importante».

Un enorme reto que enfrentan las microalgas en el sector energético, es que la obtención de biocarburantes a partir de su biomasa aún no resulta del todo rentable y compite con el precio del petróleo, que está en constante fluctuación.

En ese orden de ideas, en cuanto más sube el precio del barril de petróleo, más interés se pone en el desarrollo de biocombustibles.

Aún así, aunque las microalgas prometen un panorama energético mucho más estable, no es nada barato obtener biocarburantes de su biomasa.

Precisamente, el profesor Bautista y la investigadora Gemma Vicente, en cabeza de un grupo de investigación de la Universidad Rey Juan Carlos, han desarrollado un nuevo método con el que se logra reducir el gasto energético en la obtención de biomasa de microalgas.

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