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DeepSeek: la inteligencia artificial china que revoluciona servicios públicos y genera alarma internacional

Respaldada por Xi Jinping y con contratos millonarios con Huawei, Tencent o BYD, la IA china DeepSeek avanza sin freno en el país asiático, mientras su uso genera alarmas en Europa, India y Australia, que ya han prohibido su acceso

Una persona prueba el asistente DeepSeek. / Eduardo Parra
Una persona prueba el asistente DeepSeek. / Eduardo Parra

Seis meses después de su lanzamiento, DeepSeek, el modelo de inteligencia artificial desarrollado en China, continúa expandiéndose a gran velocidad en distintos sectores del país asiático. Lo que comenzó como un avance tecnológico se ha convertido en una transformación profunda del funcionamiento de servicios públicos como la justicia, la sanidad, el transporte y la administración local.

La ciudad de Shenzhen, uno de los polos tecnológicos más importantes de China, ya emplea DeepSeek para analizar miles de horas de grabaciones de cámaras de videovigilancia. Gracias a esta tecnología y al reconocimiento facial, la policía local logró capturar recientemente a una fugitiva buscada desde hace casi quince años. En los tribunales de Pekín, el modelo R1 de DeepSeek redacta sentencias en cuestión de segundos, mientras que hospitales en Fuzhou lo utilizan para ofrecer explicaciones claras y personalizadas sobre tratamientos médicos a los pacientes.

Otras ciudades como Kunshan y Meizhou han integrado esta IA en servicios de predicción del tráfico o atención ciudadana. Incluso en disputas legales como divorcios, los juzgados han comenzado a confiar en la eficiencia de DeepSeek.

El modelo R1, de código abierto, desató una ola de preocupación en los mercados internacionales tras su irrupción. Considerado una amenaza para el dominio de empresas como OpenAI o Google, su desarrollo provocó un desplome en el valor de varias tecnológicas en bolsa. Sin embargo, el gobierno chino ha respaldado el proyecto desde sus inicios. Liang Wenfeng, creador de DeepSeek y fundador de la empresa High-Flyer Quant, fue fotografiado junto a altos empresarios del país y el presidente Xi Jinping, en una imagen que simbolizó la aprobación oficial.

Este respaldo institucional ha impulsado la adopción masiva de DeepSeek en empresas como Huawei, Tencent, Alibaba, ByteDance y fabricantes de automóviles como BYD. Estas compañías están integrando la IA en servicios en la nube, apps de mensajería, buscadores e incluso vehículos eléctricos. A nivel educativo, Baidu ha incorporado DeepSeek para asistir a estudiantes en la resolución de problemas complejos.

A nivel internacional, sin embargo, la reacción ha sido muy distinta. Países como Australia, Corea del Sur, Italia, India y la República Checa han prohibido el uso de DeepSeek en instituciones públicas o directamente han bloqueado el acceso a sus servicios. Los gobiernos expresan inquietudes por el uso que podría hacer Pekín de los datos recopilados, dado que la legislación china obliga a las empresas tecnológicas a colaborar con el Estado en caso de ser requerido.

A pesar de su éxito, DeepSeek no está exenta de dificultades técnicas. El desarrollo de su nuevo modelo R2 se ha retrasado por problemas con los chips Ascend de Huawei, lo que ha obligado a la empresa a recurrir a procesadores de Nvidia, a pesar de la presión del gobierno para utilizar tecnología nacional. Este revés pone de manifiesto que la industria china de semiconductores todavía no alcanza el nivel de sus competidores estadounidenses.

Entretanto, DeepSeek sigue atrayendo talento. La empresa ofrece sueldos superiores a los 13.000 euros mensuales a jóvenes ingenieros recién graduados. Liang ha declarado que su equipo está formado, en su mayoría, por profesionales con menos de dos años de experiencia, reclutados de las mejores universidades chinas y también entre científicos chinos que trabajaban en el extranjero.

En un contexto de creciente tensión tecnológica y geopolítica, el avance imparable de DeepSeek plantea una nueva redistribución del poder digital global, al tiempo que reabre el debate sobre la privacidad, la vigilancia y la soberanía tecnológica en un mundo cada vez más interconectado.

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