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Últimas horas de Beatriz: cámaras, mentiras y un destino fatal en la montaña

Inmediaciones del paraje de La Creu en el que se ha encontrado un cuerpo carbonizado. / A.O.
La Guardia Civil confirma que los restos humanos localizados por unos senderistas pertenecen a Beatriz Guijarro, la joven madre de Oliva desaparecida el 9 de agosto

El municipio valenciano de Oliva vive días de dolor y desconcierto tras la confirmación de que el cuerpo calcinado hallado el pasado miércoles en un paraje de la montaña de La Creu corresponde a Beatriz Guijarro, la joven madre de 29 años que desapareció la madrugada del 9 de agosto. La autopsia ha confirmado que los restos mortales, encontrados por unos senderistas, son de ella. A pesar de este hallazgo, las circunstancias exactas de su muerte siguen sin esclarecerse y el caso continúa abierto.

Beatriz fue vista por última vez en torno a las 00:43 horas del 9 de agosto, captada por una cámara de seguridad en las inmediaciones del bar “Amigos del pueblo”. Pocos minutos antes, se había despedido de su pareja, Juanjo, tras pasar un rato juntos. Él pensó que se iba a casa, pero horas más tarde, Beatriz reapareció en las calles de Oliva con otra ropa, móvil en mano y sin dar explicaciones. Ese fue su último rastro conocido.

Una noche extraña, una desaparición y un hallazgo en medio de las llamas

Esa misma madrugada, Beatriz estuvo en casa de una tía junto a un conocido, con quien, según testigos, se marchó a otro punto del municipio. La zona a la que se dirigieron fue la montaña de La Creu, un paraje natural cercano, pero de difícil acceso, donde un mes más tarde se produjo un incendio forestal.

El pasado 1 de octubre, unos senderistas encontraron un cadáver calcinado en el lugar. A su lado, una mochila, un teléfono móvil y una tarjeta de crédito, todos objetos identificables de Beatriz. Las autoridades confirmaron después que los restos hallados eran suyos.

El fuego que arrasó la zona el 4 de septiembre, según las investigaciones, no estaría relacionado directamente con la desaparición, ya que fue originado por una disputa vecinal. Sin embargo, la coincidencia temporal y geográfica ha añadido más preguntas a un caso ya de por sí lleno de incógnitas. ¿Estaba ya el cuerpo allí cuando se produjo el incendio? ¿Murió Beatriz accidentalmente o fue víctima de una agresión? ¿Por qué decidió salir esa noche, y por qué mintió o evitó contar sus planes a su pareja?

Una caída accidental, una omisión de auxilio o algo más grave

La hipótesis que, por ahora, cobra más fuerza es que Beatriz, tras despedirse de su acompañante, intentó volver sola a casa atravesando el monte. Los investigadores barajan que pudiera haberse desorientado, sufrido una caída fatal o incluso consumido estupefacientes, lo que habría influido en su estado. No obstante, no se descarta que quien la acompañó esa noche pudiera haber incurrido en omisión del deber de socorro, un delito grave si se demuestra que dejó sola a una persona vulnerable.

Hasta ahora, la autopsia preliminar no ha revelado signos concluyentes de violencia, aunque se está a la espera de los informes toxicológicos y de la investigación del entorno del cadáver. La posición del cuerpo y la orografía del terreno apuntan a un accidente, pero la familia no descarta ninguna posibilidad.

Beatriz era madre de dos niños de 6 y 8 años, y su entorno insiste en que jamás habría abandonado voluntariamente su vida. Desde su desaparición, vecinos, familiares y voluntarios se volcaron en su búsqueda, convencidos de que algo no encajaba. El hallazgo de su cuerpo, si bien ha puesto fin a semanas de incertidumbre, ha abierto una nueva etapa de dolor y muchas más preguntas.

La Guardia Civil continúa investigando el caso con el apoyo del Grupo de Homicidios de Valencia. Por ahora, no hay detenciones ni imputaciones, pero el análisis del móvil encontrado podría ser clave para reconstruir las últimas horas de vida de Beatriz.