“Lo único que quiero es que se muera": los inquietantes audios que precedieron al trágico crimen de Liaño
En una jornada crucial del juicio por el doble crimen de Liaño de Villaescusa, han salido a la luz detalles escalofriantes de la relación entre el acusado, José R., y su víctima, su ex pareja, así como los atroces mensajes que intercambiaron poco antes de los asesinatos en diciembre de 2021. Las pruebas presentadas en el tribunal evidencian la violencia psicológica y la amenaza constante que José R. ejerció sobre la mujer y su hija, de once meses, antes de sus trágicas muertes.
Audios perturbadores: un padre que deseaba la muerte de su hija
Los audios enviados por los teléfonos de José R. y de la víctima, reproducidos durante la sesión del juicio, han dejado patente el nivel de odio y desprecio que el acusado sentía hacia su hija. En uno de los mensajes más perturbadores, José R. dejó claro que solo quería saber de su hija si estaba "muerta", llegando a afirmar: "Lo único que quiero, que se muera". En estos intercambios, el acusado se refería a la niña con términos despectivos como "cosa", "basura", "mongólica", y "retrasada", mostrando un desprecio absoluto por la pequeña.
Además, las amenazas hacia la madre también eran recurrentes. José R. le dijo en varias ocasiones: "No me das miedo", "no dejo de ti ni las huellas", demostrando su control y poder sobre ella. A lo largo de los mensajes se refleja la creciente violencia emocional y psicológica que ella vivía día a día.
Insultos y amenazas: el desprecio hacia la madre
Las pruebas también revelan el desprecio hacia la madre de la niña. José R. acusaba a la mujer de estar "loca" y de no saber cómo cuidar de su hija, lo que parecía alimentar su resentimiento y odio hacia ella. La violencia se incrementaba con amenazas cada vez más explícitas: "Voy a ir ahora a Santander y voy a empezar a matar gente. Lo que va a pasar ahora lo has conseguido tú". A pesar de las amenazas, la víctima le perdonó en varias ocasiones, incluso tras la denuncia por violencia de género interpuesta en noviembre de 2021, que resultó en una orden de alejamiento que él quebrantó el mismo día de los asesinatos.
La desgarradora respuesta de la víctima
En contraste con el odio del acusado, los audios de la víctima muestran su desesperación y el intento constante por proteger a su hija. En uno de los mensajes, la mujer, llorando, imploraba a José R. que dejara de insultar a la pequeña, diciéndole: "Ella no ha hecho nada. No descargues con ella lo que han hecho otras. Ella me incumbe mucho: es parte de mí, es mi segunda parte, soy yo". Las grabaciones reflejan el profundo vínculo entre madre e hija, mientras que el acusado se alejaba cada vez más de la niña, evitándola y despreciándola.
El odio hacia la niña y la manipulación emocional
José R. también manifestó en varias ocasiones que no quería estar cerca de su hija, llamándola "asco" y "basura". Le decía a la madre que prefería quedarse fuera de la casa para no tener que verla y que, si la niña no se dormía, él no dudaba en proponer que "la matara". Estas declaraciones, que muestran la total deshumanización del acusado, refuerzan la tesis de que las muertes de la niña y su madre no fueron un accidente, sino parte de un plan de odio y venganza.
Mensajes reveladores de arrepentimiento… y más amenazas
A pesar de los desprecios y amenazas continuas, en algunos audios José R. expresaba arrepentimiento, pidiendo perdón por su comportamiento y mencionando su enfermedad de cáncer, que aparentemente lo hacía sentir aún más desesperado. "Yo ahora mismo estaría contigo a muerte, dormiría contigo. Jamás os haría daño. Nunca os mataría. No sé por qué me he comportado así". Sin embargo, este arrepentimiento parece no ser sincero, ya que poco después de estos mensajes continuaron las amenazas y el acoso, con más desprecios hacia su hija y la madre.
La ruptura y el regreso de la violencia
A pesar de que la víctima llamó a la Guardia Civil en diversas ocasiones para pedir la expulsión de José R. de la vivienda, el acusado no fue detenido, lo que permitió que siguiera manipulando la situación. La mujer, en uno de sus mensajes, se mostró optimista en que finalmente podría liberarse de él, escribiendo a familiares: "Ya me quité el muerto de encima", pensando que con la intervención de la policía conseguiría que su expareja fuera detenido. Lamentablemente, la violencia no terminó ahí.
Periciales: evidencia en los teléfonos móviles y la sangre
Durante la sesión también se presentaron periciales cruciales sobre los teléfonos móviles del acusado y de la víctima. El informe de la Guardia Civil reveló que ambos teléfonos coincidieron en temperaturas similares en las horas previas y posteriores al crimen, lo que sugiere que José R. pudo haber manipulado el teléfono de la víctima, incluso después de su muerte, como se había sospechado en el transcurso de la investigación.
Además, los análisis forenses han mostrado que la sangre del acusado fue encontrada en la ropa de la víctima, en lugares como el sujetador de la mujer y en la ropa de la niña. Estos hallazgos, junto con las fibras halladas en la colcha que cubría los cuerpos, apuntan de manera directa hacia José R. como responsable de los crímenes, a pesar de su insistencia en negar su participación en los hechos.
La continua negación del acusado
José R., quien sigue negando su implicación en los crímenes, declarará ante el tribunal este martes, 19 de febrero. No obstante, la acumulación de pruebas – audios, análisis forenses, y el testimonio de los familiares – deja entrever la gravedad de los crímenes cometidos y el desdén absoluto del acusado por la vida de su hija y su ex pareja.
El caso de Liaño de Villaescusa sigue dejando al descubierto una historia de odio, manipulación emocional y violencia extrema. Las pruebas que han salido a la luz hasta el momento no solo apuntan a José R. como el autor de los asesinatos, sino que también muestran el terreno psicológico en el que creció la relación, marcada por amenazas, desprecio y una violencia que se tradujo en una tragedia inminente. El veredicto final del jurado se aproxima y se espera que, con todas las pruebas presentadas, se llegue a una condena justa por los crímenes cometidos.