El restaurante del norte, cerca de Cantabria, donde muchos dicen que siempre se come bien
A pocos kilómetros de Cantabria, un restaurante lleva más de medio siglo defendiendo una forma de cocinar que nunca pasa de moda: buen producto, brasas y recetas de siempre
En una ciudad como Gijón, donde la mesa se vive con pasión y donde la tradición gastronómica no admite imposturas, hay nombres que no necesitan presentación. Uno de ellos es Mesón Sancho, una casa que desde 1969 ha hecho de la sencillez en los platos toda una declaración de principios. A su lado, Sancho La Merced representa la cara más actual del mismo espíritu: respeto por el producto, cocina reconocible y una manera de entender la restauración en la que lo importante sigue estando en el plato.
Ambos locales comparten una misma filosofía: ofrecer una cocina honesta, de esas que no se entretienen en disfraces porque saben que la mejor carta de presentación sigue siendo una buena materia prima y un punto exacto de cocina. En tiempos de menús llenos de artificio, la propuesta de Sancho resulta casi una rareza: tradición, brasas, pescados, guisos y postres de siempre.
Dos direcciones, una misma identidad gastronómica
La marca Sancho se divide en dos espacios con personalidad complementaria en el centro de Gijón. Por un lado, Mesón Sancho, en Calle Begoña, 18, representa el alma más clásica de la casa. Por otro, Sancho La Merced, en Calle de la Merced, 33, encarna una línea algo más moderna, aunque sin romper nunca con la esencia que ha dado prestigio al grupo.
Ambos restaurantes abren de lunes a sábado, en horario de 13:00 a 16:00 y de 20:00 a 00:00, y descansan los domingos. Esa continuidad, esa rutina bien afinada, también forma parte de su éxito: el cliente sabe lo que va a encontrar, y eso, en hostelería, vale mucho.
La tradición como mejor argumento
Pocas palabras definen mejor la cocina de Sancho que la suya propia: “Sencillez en los platos desde 1969”. La frase encierra casi una forma de estar en el oficio. Aquí no se trata de impresionar con una puesta en escena exagerada, sino de servir platos que responden a una memoria gastronómica muy concreta, la de las casas de comidas donde el sabor manda.
La carta se mueve entre entrantes clásicos, pescados a la espalda y una parrilla de carbón vegetal que funciona como uno de los grandes reclamos de la casa. Es una propuesta pensada para quien disfruta con una cocina directa, sin demasiados rodeos y con referencias claras a la tradición española y asturiana.
Entrantes de los que abren el apetito de verdad
La apertura de la comida ya deja claro el estilo del restaurante. No hay giros innecesarios, sino una colección de clásicos que siguen funcionando porque están donde deben estar.
En la carta aparecen propuestas como el chorizo criollo, el chorizo rojo, la morcilla matachana o el queso manchego, todos ellos a 6 euros, además de una cecina a 10 euros y una ensalada Sancho por 14 euros, con lechuga, tomate, cebolla, espárragos, atún y aceitunas. También tienen presencia platos con más personalidad marinera o casera, como las anchoas a 22 euros y los callos a 16 euros.
Es una entrada a la carta que ya dice mucho: Sancho no juega a ser otra cosa. Juega a ser lo que sabe hacer.
Pescados a la espalda: producto y punto de cocción
Uno de los apartados más atractivos del menú es el de pescados a la espalda con refrito de ajo y perejil, una preparación clásica que no admite medias tintas: o se hace bien o delata enseguida cualquier fallo.
Aquí aparecen opciones como los calamares frescos por 20 euros, las almejas a la marinera por 22 euros, la lubina por 26 euros, el rubiel por 28 euros, el pixín por 30 euros y el rodaballo también por 30 euros.
La selección muestra una cocina que sigue mirando al mar con respeto, algo lógico en una plaza como Gijón. Son platos que apelan a un tipo de cliente que todavía valora el pescado bien tratado, sin disfraces y con el protagonismo puesto en la pieza.
La parrilla, uno de los grandes atractivos de la casa
Si hay un terreno donde Sancho se mueve con autoridad es el de la parrilla de brasa de carbón vegetal. Ahí aparece la vertiente más carnal y rotunda del restaurante, con una oferta pensada para quienes disfrutan de sabores intensos y preparaciones tradicionales.
En este apartado sobresalen los riñones por 14 euros, las mollejas por 20 euros y una tira de asado de ternera por 24 euros, indicada para comer poco hecha. También figuran el bistec de ternera por 18 euros, las chuletillas de cordero recental, la paletilla de cordero y el siempre apetecible chuletón de unos tres cuartos de kilo por 35 euros, con guarnición aparte.
Se pueden añadir patatas fritas, pimientos del piquillo o ensalada, completando una experiencia muy reconocible, de esas que remiten a la cocina de producto y fuego sin concesiones.
Postres clásicos para cerrar como mandan los cánones
En coherencia con el resto de la carta, los postres se mantienen fieles a un recetario popular y efectivo. Aquí aparecen el flan de huevo por 4 euros, el arroz con leche por 4,50 euros, la tarta Sancho —con chocolate, nata y bizcocho— por 5,50 euros, la tarta gijonesa por 5 euros y la tarta de queso al horno por 5 euros.
No faltan tampoco los helados de La Ibense, una opción sencilla que encaja a la perfección con el tono general del restaurante.

