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El Diario de Cantabria

Maneras de vivir una crisis

La crisis del COVID-19 sacó a la luz conductas y reacciones positivas y otras no tanto

Una mujer este lunes en el balcón de su habitación de la residencia de mayores Ballesol, situada Murcia. EFE/ Marcial Guillén
Una mujer este lunes en el balcón de su habitación de la residencia de mayores Ballesol, situada Murcia. EFE/ Marcial Guillén
Maneras de vivir una crisis

La pandemia de la COVID-19 ha provocado una alteración en múltiples órdenes de nuestras vidas y, en el caso de los padres y madres con hijos a su cargo, el confinamiento que ha tenido lugar en muchos países ha supuesto una reformulación completa de los hábitos familiares.

“Todo aquello que se daba por supuesto y seguía una inercia ha quedado en suspenso y ha habido que replantear la convivencia bajo nuevos prismas. Los padres hemos descubierto facetas de nuestros hijos hasta ahora desconocidas, y ellos también nos han visto con otra mirada”,  señala Rafa Esteve (España, 1976),  ingeniero técnico en diseño industrial, empresario y consultor.

Dirige Attainet Technology, donde ejerce la docencia y la consultoría en diversos campos relativos a la Web 2.0.

Al hilo de su inminente paternidad, Esteve abrió en 2004 un blog (www.serpadreprimerizo.com), del que surgió en 2014 la ‘Guía urgente del padre primerizo’,  un libro que aborda el reto de la paternidad responsable,  con una fórmula muy eficaz y afectuosa: sentido común, paciencia  y buenas  dosis de humor.

DE PADRE PRIMERIZO A PADRE CONFINADO.

Ahora, con sus hijos ya preadolescentes o directamente adolescentes,  se ha visto, como todos, en la necesidad  de hacer un repentino reseteo en las relaciones familiares para  manejar  lo mejor posible la nueva situación, planteada por el confinamiento general a causa de la pandemia.

Durante el confinamiento, Esteve pudo observarse a sí mismo, como padre de familia y a sus seres queridos, en esta situación inédita, que le inspiró una serie de vivencias, reflexiones, enseñanzas y recomendaciones, que plasmó en su libro ‘Memorias de un padre confinado’.

Durante el largo encierro, también pudo percatarse de una serie de comportamientos muy diferentes en personas cercanas y no tan cercanas, en algunos positivos y en otros no tanto.

“En la mayoría de películas y series postapocalípticas, ya sean  sobre zombis, pandemias o  catástrofes climáticas irreversibles,  el meollo de la trama estriba en cómo se las ingenia el ser humano para sobrevivir con las nuevas reglas de juego o entorno”,  señala Esteve.

“Esto también ha sucedido durante esta pandemia”, añade este autor, quien describe de forma aguda, pero sin perder el sentido del humor, los “diez principales caracteres o tipos de personas ante el  nuevo coronavirus”, basándose en el comportamiento de las personas en sus grupos de wasap, y otros ámbitos, y según el rol que adoptan durante la crisis.

Y USTED ¿QUÉ ROL ELIGE…?.

Diez de roles que son otra de las enseñanzas surgidas de esta experiencia y sobre los que pueden reflexionar juntos padres e hijos, para en el futuro intentar cultivar los perfiles más positivos del ser humano en vez de repetir  el patrón de los personajes de ‘The Walking Dead’ que, según este autor, es el de seres humanos convirtiéndose en los peores enemigos de ellos mismo.

1.- Los moralistas.

Adoptando una actitud artificiosa e impostada, toman las riendas de cualquier conversación controvertida, dejando claro que su opinión es la correcta y la única que defiende el bien de la mayoría. Suelen dictar sentencia con grandes parrafadas moralistas que terminan por expulsar a la mayor parte de interlocutores.

2.-  Los necesarios.

Efectúan con total dedicación un trabajo imprescindible para la comunidad: médicos, policías, cocineros, conductores de ambulancia, bomberos, reponedores de supermercados, etc. Además, se abstienen de opinar con el fin de evitar malos rollos y posibles conflictos. Solo exponen sus ideas cuando se les pide expresamente o pierden la paciencia.

3.- Los animadores. 

Buscan mil maneras de animar al resto y  mantenerlos con  una  actitud  positiva, proponiendo y organizando iniciativas que se puedan efectuar sin  saltarse las normas  impuestas, desde  actividades que nos plantearon  en los balcones (aplaudir, cantar, compartir música y juegos), hasta las conferencias grupales por watshsap.

4.- Los conformistas.

 Aceptan la situación, acatan las normas establecidas y se acomodan a ello hasta verle el lado positivo. Son esas personas que el primer día de confinamiento ya habían redactado una lista con todas las cosas que siempre habían querido hacer y no habían podido  por  falta de  tiempo. 

5.- Los victimistas.

Se pasan el día buscando culpables  de lo que sucede; cualquier noticia, buena o mala, debe tener alguien a quien poder reprochar los resultados. Se centran en la queja antes que en la resolución propia del problema. “Todos sabemos a qué  tipo  de  personas me refiero, ¿no?”, señala Esteve.

6.- Los delatores.

 Ocultas desde sus balcones, o tras un seudónimo en las redes sociales, se dedican a delatar el mal comportamiento de sus conciudadanos ante la normativa. Durante la pandemia, se les conoció como ‘policías de balcón’, pero en casa de Esteve los llamaban ‘francotiradores’.

7.- Los temerosos.

 Son todas esas personas que sin estar dentro de un sector de riesgo  pasan el postconfinamiento en sus casas, encerrados a cal y canto, y evitando cualquier tipo de contacto social.

8.- Los ignorantes.

 “Aquí podríamos entrar casi todos”, asegura Esteve. En este grupo estarían quienes se creen cualquier comentario expresado de cualquier forma en las redes sociales o medios de comunicación, sin preocuparse en comprobar las fuentes o la veracidad de lo que allí se cuenta.

9.- Los egoístas.

 “He conocido a pocos personalmente, pero soy consciente de su existencia. Son los que no les importa en absoluto todo lo que está sucediendo y se comportan sin mostrar un ápice de solidaridad con las personas que están sufriendo o a cargo de los que sufren”, indica el escritor.

10.- Las hormiguitas.

 Estando atentas a lo que sucedía a su alrededor, han seguido mirando hacia adelante y sin dejarse apabullar por las malas noticias no han dejado de trabajar, reinventándose y luchando por mantener la estabilidad económica en sus hogares y buscando oportunidades donde los demás no han visto más que problemas y penurias.

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