La lotería: cuando el azar sustituyó a los impuestos
Loterías hay de muchos tipos por todo el mundo, y su concepto hunde sus raíces en la Antigüedad. Las que jugamos hoy en España, sin embargo, tienen un origen más cercano en el tiempo y en espacio. Ahora bien, la lotería no nació como un divertimento sin más, tenía un objetivo muy concreto: conseguir más recaudación, sin introducir nuevos impuestos. Una fórmula de éxito que ha llegado hasta el presente.
Loterías ha habido siempre
Cuenta el mito que China habría sido el primer país del mundo en emplear un tipo de lotería, que hoy conocemos como keno. Lo habrían usado desde el siglo III a.C. para recolectar dinero para la defensa de una ciudad implicada en un conflicto bélico, y cuentan que, en siglos posteriores, este sistema permitió recolectar fondos para financiar tramos de la Gran Muralla.
Todo esto, sin embargo, es un mito. La única referencia real que tenemos es incluso anterior (siglos XI al VII a.C.), pero demasiado vaga: está en el llamado Clásico de poesía, o Libro de las odas. Allá se habla de un juego que implica “sacar unas fichas de madera” que, en su contexto, parece referir a una lotería. Eso es todo. En realidad, la lotería en China no se ha registrado hasta mediados del siglo XIX, llevada por los portugueses de Macao.
Mejor documentado está el uso de loterías en el mundo romano, pero su uso era puramente lúdico: durante las Saturnales, fiestas donde habría gran prodigalidad por parte de los patricios adinerados, era habitual no solo repartir regalos, sino que los anfitriones de un gran banquete repartieran “boletos” entre los asistentes, con los que cada uno de ellos se llevaría como premio diversos regalos preparados de antemano, normalmente de la cubertería o ajuares domésticos.
Sería el emperador Augusto quien, por primera vez, vendiera participaciones, esta vez sí, como forma de recaudar fondos con los que hacer reparaciones en la ciudad.
Y es que la lotería, como juego de azar, tiene incluso en sus orígenes más o menos míticos el mismo concepto que tendrían las loterías modernas: la recaudación.
El lote holandés y el origen de la actual lotería
Aunque en España solemos tomarlo con un invento o costumbre mediterránea (por motivos que explicaremos enseguida), lo cierto es que la lotería se ha jugado y se juega en toda Europa, y de hecho su nombre no es mediterráneo: viene del holandés. O mejor dicho: del germánico antiguo khlut, palabra con la que designaban un objeto para tomar decisiones dependiendo del azar. El término pasó al inglés y francés antiguo como hlot, con un significado de azar, de enriquecerse de pronto, y por ello, también de herencia, entendida esa herencia como el hlot o lote de tierra que recibían los hijos del padre.
Los holandeses tomarían este término y lo adaptarían como loterij para referir a un sorteo. Y este concepto se transformaría en la lotteria italaian, la loterie francesa, la lottery inglesa, y también la lotería española.
Aquellos holandeses, una vez más, no lanzaron esa loterij por el placer de divertirse y darle a alguien la oportunidad de ganar mucho dinero, sino para recaudar. Las primeras loterías documentadas en Europa ya en un formato reconocible para nosotros se remontan al siglo XV en los Países Bajos, y su función era reparar fortificación y financiar obras de caridad. En Milán también la usaron en 1449: el objetivo esa pagar el esfuerzo de guerra contra Venecia. A lo largo de los siglos XVI y XVII veríamos las loterías levantar fondos tanto en Alemania, como en Francia o Inglaterra. Curiosamente, los españoles entramos tarde en esto.
La lotería napolitana llega a España
La historia de la lotería española, en puridad, se remonta al siglo XVIII. Fue en 1763 cuando el rey Carlos III la instauró con el nombre de “Lotería Real”. La idea se la dio su ministro Leopoldo de Gregorio y Masnata, más conocido como el Marqués de Esquilache, un ilustrado que tuvo algunas ideas malísimas, y otras mucho mejores, como fue el caso de la lotería. Él conocía el juego porque era italiano y había trabajado para Carlos III (cuando aún no era rey de España) en Nápoles. Y le dijo al rey lo que ya habían entendido muchos otros reyes y emperadores desde hacía siglos: que la lotería era un maravilloso sistema para conseguir ingresos sin soliviantar al pueblo.
El concepto era el siguiente: si le dices a la gente “tenemos que reparar la muralla/ir a la guerra/pagar hospitales/etc. y por tanto tenéis que pagar 5 ducados (o la moneda que fuera) de impuestos”, la gente monta en cólera, porque los impuestos sin desagradables y nadie quiere que venga el Poder a quitarte parte de lo que ganas. Aunque sea para pagar servicios o necesidades sociales esenciales.
En cambio, si le dices a la gente “por 5 ducados te doy un billete con el que tienes la posibilidad de ganar 100.000 ducados”, la gente va a pagar sin rechistar, van a comprar varios billetes si pueden, van a soltar más pasta de la que soltarían a la fuerza con un impuesto. Da igual que las probabilidades de ganar sean bajísimas: la mera posibilidad, para la mayoría de la gente, valía ese dinero.
Por eso la lotería funcionó tan escandalosamente bien allí donde se implantó, también en España. Aquella primera Lotería Real habría de servir para pagar hospitales, y funcionaba de la forma más rústica imaginable: los jugadores escogían los números que querían entre el 1 y el 90, y un niño con los ojos vendados sacaba 5 bolas de una bolsa que contenía 90 bolas.
La Lotería Nacional, con este nombre, apareció medio siglo después, en la cuna del nacionalismo español: Cádiz. 1811, en pleno asedio francés. Un año después nacería también la Pepa, la primera constitución promulgada en nuestro país. El primer sorteo extraordinario de Navidad sería en 1818, y el del Niño, en 1880.
Y fijaos cómo cambian los nombres: desde la Lotería Nacional la costumbre fue emitir billetes con los números ya impresos, en vez de que el jugador marcara los que quisiera. Sin embargo, dado el éxito arrollador de las loterías, y buscando nuevos juegos, en 1985 se buscó revitalizar aquella primera lotería traída por el marqués de Esquilache. Y para no confundirla con las otras, muy atinadamente, la llamaron “Lotería Primitiva”, dado que fue la primera en hacerse. Así que ya lo sabes: cuando juegues una Primitiva, además de divertirte y apostar, estás haciendo historia.
Hoy contamos con multitud de loterías distintas, entre la Nacional, la Primitiva, el Euromillones, y los sorteos extraordinarios. Se calcula que en torno al 61% de la población española juega al menos en uno de todos los sorteos de lotería disponibles. Un 45% lo hace de manera frecuente, al menos una vez a la semana. ¡Eso es casi la mitad del país! Y en sorteos extraordinarios juegan incluso los que nunca juegan: solo en 2023 se vendieron unos 3.200 millones de euros en décimos, que grosso modo vendrían a cubrir el 70% de la población española, tirando una media entre los que solo compran un billete para el gordo, y los que compran muchos.
Y es que, aunque sepamos que en el fondo se trata de recaudar impuestos (y desde que el gobierno grava los premios superiores a 40.000 euros, más), la posibilidad de volverte rico de pronto es demasiado tentadora incluso con bajas posibilidades. Es el mismo mecanismo que el de los jackpots de casino, porque puede que sea difícil, pero… ¿y si fueras tú el o la afortunado/a? ¿Y si el día fuera hoy?