Despedida a Héctor Alterio: el adiós sereno a un gigante de la interpretación
La escena fue sobria, contenida y profundamente conmovedora. En la tarde del sábado, se abría la capilla ardiente de Héctor Alterio en el tanatorio de la M-30 de Madrid. A los 94 años, el actor argentino, nacionalizado español, cerraba un capítulo inigualable en la historia del cine, el teatro y la televisión en lengua hispana. Su despedida no fue un acto de protocolo, sino una muestra genuina de cariño, respeto y admiración por parte de su entorno más próximo y de toda una profesión que lo reconoció como uno de los grandes.
Los primeros en llegar fueron sus hijos, Malena y Ernesto Alterio, herederos legítimos de un talento cultivado con disciplina, integridad y una honestidad artística infrecuente. Serios, serenos y agradecidos, saludaron a los asistentes y compartieron unas palabras breves, pero sentidas. "Tuvimos al mejor padre que se podía tener. Generoso, buen compañero y mejor persona. Su legado es humano, además de artístico", expresó Malena, visiblemente emocionada. A su lado, Ernesto se unió a la evocación de la elegancia y la dignidad con la que su padre vivió y murió. "Se fue como vivió: con discreción, con clase y con amor al oficio", afirmó.
Durante la ceremonia, el respeto lo llenaba todo. El silencio hablaba con elocuencia. La presencia de rostros conocidos del mundo cultural, como Fernando Tejero, Lola Herrera, Natalia Dicenta, Juan Diego Botto, Luisa Martín, Bárbara Santa-Cruz o Mariano Barroso, expresidente de la Academia de Cine, transformó el tanatorio en un escenario donde las palabras cedían el paso a la memoria.
También acudieron figuras muy vinculadas a la vida personal de los Alterio. Juana Acosta, madre de la hija de Ernesto, Lola Alterio, quiso acompañar a la familia en nombre de los lazos que permanecen más allá de las rupturas. Su hija, ya vinculada al mundo interpretativo, se despidió de su abuelo desde la discreción, como corresponde a una saga que ha hecho del arte una forma de vida.
La actriz Malena Alterio, en un momento especialmente íntimo, compartió una reflexión cargada de humanidad: "Pensábamos que este día nunca llegaría. Pero está en el contrato de la vida, y esta cláusula es inevitable", dijo. Añadió que su padre partió "de forma hermosa, como fue siempre: con ternura, sin ruido, con profundidad".
No solo la familia y los allegados rindieron tributo. A cientos de metros, en el recinto de IFEMA, la ceremonia de los Premios Forqué 2025 dedicó sus primeros compases a honrar al maestro. Cayetana Guillén Cuervo y Daniel Guzmán, maestros de ceremonias, evocaron su figura con emoción, conscientes de que pocas veces el aplauso suena tan sincero como cuando se alza por quienes han dado su vida a las artes.
Alterio fue un actor comprometido con la verdad y con su tiempo. Supo construir personajes que trascendían el guion, humanizarlos con una mirada que desarmaba al espectador. Y hasta el final se mantuvo activo. Como recordó su hijo, "seguía trabajando, leyendo, reflexionando... no dejó de ser artista ni un solo día".
En estos días de duelo, lo que resuena no es solo la ausencia, sino la permanencia de un legado que seguirá vivo en cada función, en cada fotograma y en cada aplauso que brote del arte hecho con honestidad. Héctor Alterio no se ha ido. Se ha transformado en memoria colectiva, en referencia ética, en símbolo de una forma de actuar y de estar en el mundo: con inteligencia, sensibilidad y una elegancia que no conoce el olvido.