Cinco lugares para desconectar en Cantabria

Cantabria es una de esas comunidades que se pueden visitar durante todo el año. Tanto sus bosques en otoño e invierno, como sus costas en primavera y verano, merecen una visita. Pero durante la previa al invierno, la región vive un momento perfecto con los árboles cambiando el color de sus hojas. 

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Los Valles Pasiegos y sus prados inclinados

El valle del Pas y el de Miera son unos de los más famosos de las montañas de Cantabria. El paisaje que forman parece un laberinto con prados que se inclinan y por los que se salpican cabañas aquí y allá. Durante muchos años no fueron muy rentables, así que los pasiegos, como se conoce a los pastores de la zona, los usaron para hacer la trashumancia de sus ganados a nivel local. Cada familia tenía una docena de cabañas en diferentes zonas de los valles y se las iban rotando en busca de las pastos que estuvieran más verdes y jugosos para los animales.

Hoy en día se pueden ver aún las cabañas por todo el paisaje que decora estos valles. Son muy interesantes porque su arquitectura es única en todo el norte de España. Tienen una planta rectangular y la fachada está en el lado más estrecho, siempre mirando hacia el mediodía. Los muros están hechos de mampostería y los techos, de piedra caliza en lajas. Tienen una terraza que da acceso a la parte alta a la que se accede por una escalera de piedra. Arriba vivían los pastores y tenían el pajar, y en la planta baja se quedaban los animales. 

Los Valles Pasiegos se conocen por los prados verdes, pero también tienen bosques caducifolios muy densos. Se encuentran, sobre todo, en las cabeceras de los ríos y en las zonas con más pendiente, donde es muy difícil acceder parar talarlos. Se pueden vivitar las hayas del bosque de Aloños, cerca del nacimiento del río Pisueña. Tiene un aire misterioso. También lo posee el robledal de Rubionzo. Cerca del municipio de Vega del Pas se pueden ver también muchas hayas y robles. 

Reserva del Saja - Nansa, los ríos de la sierra

Donde más hayas y robles se pueden ver, los árboles protagonistas del otoño por sus colores pardos y rojizos, es en las cuencas de los ríos Saja y Nansa. Los dos ríos nacen en la montaña, uno en la sierra del Cordel y el otro, en Peña Labra. La comarca natural que forman tiene 12 municipios y está en el centro de Cantabria. Una de las mejores maneras para disfrutarlo es hacer a pie el sendero GR 71. Está señalizado por las habituales marcas tojas y blancas y cruza toda la reserva del Saja - Nansa. 

El recorrido empieza en Bárcena de Pie de Concha y es un camino que permite hacer excursiones de un día y volver a él para continuar hasta la siguiente parada. Una de ellas es Los Tojos, un pequeño pueblo en el que se tiene una vista preciosa del valle de estos dos ríos y sobre todo, de la reserva del Saja. Otra excursión puede ser a Colsa, un caserío que está casi deshabitado. El camino hasta allí está surcado por helechos, endrinos y majuelos. Los bosques de esta zona están llenos de robles y hayas, pero también avellanos y tejos. En algunos momentos parece que transita por un cuento de hadas. 

Liébana y la paz de las altas cumbres

Liébana es uno de los lugares más particulares de Cantabria. Es uno de los lugares con más paz del país gracias al aislamiento que le dan las altas cumbres. El único acceso natural fue durante muchísimos años el desfiladero de La Hermida. Se trata de una garganta húmeda y oscura que fue horadando el río Deva. Es tan famosa que el escritor Benito Pérez Galdón la bautizó como "el esófago" de la Hermida, porque le parecía que al pasarla daba la sensación de que te había comido la tierra. 

Liébana está compuesta por cuatro valles: Espinama, Cabezón de Liébana, Vega de Liébana y el desfiladero de La Hermida que citábamos anteriormente. Los cuatro se encuentran en los macizos Central y Oriental de los Picos de Europa y llegan a Potes, la capital de la comarca donde se concentran los servicios. El lugar es tan remoto que uno de sus pueblos solo es accesible por la vecina Asturias. Con ese aislamiento, la zona fue refugio para eruditos, monjes y nobles durante años. 

Es una zona turística, pero todavía muchos habitantes viven de cuidar al ganado y de producir varios tipos de quesos. Antes de un descanso en el casino, merece la pena probar los quesucos de Liébana o el Picón de Tresviso, unos manjares que solo sabrás apreciar si tu paladar ya está iniciado en el mundo del queso, porque tienen un sabor un poco fuerte. También puedes disfrutar de un microclima especial gracias a la morfología de los valles y a lo cerca que están del mar. 

Valderredible y los robles centenarios

Valderredible es un gran desconocido, incluso para los propios cántabros. Está casi escondido en la frontera de la región con las provincias de Burgos y Palencia. Su bosque de robles centenarios cerca de la localidad de Bustillo del Monte es histórico y está plagado de leyendas. Algunos de los árboles son tan grandes y antiguos que hasta tienen nombre. Se puede hacer la Ruta de los Robles para visitarlos. 

El ejemplar de roble más singular está en la ladera que da al río Ebro, el más caudaloso de España. Se llama La Piruta y tiene un tronco de seis metros de perímetro. Junto a él se encuentran otros 60 robles más que tienen más de 500 años de antigüedad. Cerca de Valderrible se pueden visitar Loma Somera y San Martín de Elines. La primera tiene bosques en el monte Bigüenzo, que está a más de 1.200 metros de altitud y la segunda posee una colegiata románica muy bien conservada. 

Los Collados del Asón y los glaciares

El parque natural de los Collados del Asón se creó para proteger el macizo montañoso en el que los glaciares habían creado una morfología especial. Hoy se puede seguir la ruta PR 66 para ver el bosque de Llusías, el hayedo del monte Busturejo o el abedular de la sierra Helguera. Un espectáculo natural. 

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