La atención de calidad a mayores con movilidad reducida y cuidadores comienza con la instalación de salvaescaleras

Aunque esto es una buena noticia —España está en el top cinco de países europeos con más esperanza de vida—, es inevitable preguntarse si, ante tal aumento, los recursos económicos y materiales para cubrir las necesidades de esta parte de la población serán o no suficientes. Este interrogante es especialmente habitual en las comunidades autónomas con más personas de 65 años en adelante. Por orden, encontramos: Asturias, Castilla y León, Galicia y Cantabria.

En el caso que nos ocupa, el de la región castellanoleonesa, unos 685 centros residenciales (residencias y pisos tutelados incluidos) atienden a personas ancianas según el CSIC. Independientemente de la naturaleza de la institución, todos estos establecimientos tienen en común la movilidad reducida de buena parte de sus usuarios.

A continuación, analizamos qué papel juega el salvaescaleras portátil en los hospitales, las residencias y los domicilios donde el personal sanitario brinda cuidados geriátricos.

Una carrera sin obstáculos: mejorar la accesibilidad

La Organización Mundial de la Salud estima que, en apenas cinco años, uno de cada seis ciudadanos estará (como mínimo) en la sesentena. Quizás, visto así, este dato no signifique mucho. Sin embargo, cuando Statista afirma que más del 20 % de las personas que viven en España ya están en la tercera edad, la perspectiva cambia. Estamos hablando de 9,9 millones que, en sólo dos décadas, superarán los 15 millones.

Más allá de los salvaescaleras, otra de las mejoras más efectivas para aumentar la seguridad en el baño —uno de los espacios con mayor riesgo de caídas para las personas mayores— es el cambio de bañera por plato de ducha. Entrar y salir de una bañera puede suponer un esfuerzo considerable para quienes tienen movilidad reducida, mientras que un plato de ducha a ras de suelo elimina ese obstáculo y reduce significativamente el riesgo de accidentes. Una reforma sencilla y rápida que puede marcar una gran diferencia en el día a día.

Nuestros mayores encuentran trabas para su movilidad

Una encuesta del Instituto Nacional de Estadística afirma que más de la mitad de las personas con discapacidad halla difícil moverse, no por su condición particular, sino porque el centro en cuestión no facilita su libre desplazamiento.

Aunque la mayoría son personas de 80 o más años (el 65 %), un 20 % tiene entre 65 y 79 años, y un 15 %, entre 6 y 64 años.

Puesto que el 52,8 % de todas ellas asegura que acceder al interior del recinto (o salir del mismo) les supone un auténtico problema, parece lógico implementar soluciones que mejoren la accesibilidad en las residencias para mayores (y no tan mayores) con movilidad reducida o cualquier otra clase de limitación.

Normativa a propósito de la accesibilidad

En Castilla y León, dos normas que la Junta cita cuando se trata de regular la accesibilidad a los edificios son:

1.     La Ley 3/1998, de 24 de junio, de accesibilidad y supresión de barreras.

2.     El Decreto 217/2001, que aprueba el reglamento basado en la ley anterior.

En dicho reglamento, se establecen las medidas de accesibilidad que se deben tomar a nivel de urbanismo y transporte público, pero también, en los edificios públicos y privados. De hecho, matiza que aquellos centros que ya existen habrán de adaptarse a la ley en la medida en que esto sea posible.

El artículo legal que sugiere el uso de salvaescaleras

En el primer capítulo del Título II del Decreto 217/2001, se explica cómo deben adaptarse aquellos edificios en los que estos cambios para mejorar la accesibilidad de los ancianos no alterarían la «configuración esencial» de la construcción.

Como opción a considerar que favorecería la accesibilidad prevista por el decreto, el artículo 3.2 menciona «aparatos elevadores» y «plataformas salvaescaleras». Ambos dispositivos se pueden utilizar en hospitales y residencias, así como en domicilios habituales y entornos públicos.

Merece la pena considerar su instalación, puesto que el 86,2 % de quienes conviven con una discapacidad tienen importantes limitaciones de movilidad.

Mejorando la vida de pacientes y cuidadores

Grosso modo, los salvaescaleras pueden definirse como dispositivos tecnológicos que facilitan el desplazamiento de personas que, por su edad y/o discapacidad, tienen dificultades para subir y bajar de un piso a otro. Elevadores Vilber, una marca especializada en esta clase de soluciones, lleva 30 años velando por la seguridad de las personas mayores, pero también, de sus cuidadores.

Cada tipo de salvaescaleras tiene sus particularidades. Por ejemplo: el modelo T-09 utiliza ruedas de oruga para desplazarse. Gracias a este mecanismo, el cuidador de la persona anciana no debe realizar ningún esfuerzo. Una vez coloca la silla de ruedas con la persona a bordo, sólo debe apretar un botón para que el sistema se ponga en marcha y el salvaescaleras suba o baje automáticamente.

Menos dolores de espalda y más movilidad

Con los salvaescaleras, cuidadores y pacientes se beneficiarán de las ventajas de estos aparatos elevadores, que podemos resumir en:

·      Su uso no requiere obras. Además, permiten salvar cualquier tipo de escaleras.

·      Cuando son salvaescaleras manuales y móviles, se transportan cómodamente de un punto a otro de la casa, del hospital, de la residencia… Es posible utilizarlos para subir y bajar las escaleras de un bloque de pisos sin ascensor e incluso las de la calle.

·      Evitan sobreesfuerzos físicos en los mayores y en sus cuidadores. Estos últimos suelen tener «patologías osteomusculares», tal y como explica un estudio a cargo de la Unidad Docente de Medicina Familiar y Comunitaria de los centros de salud de Palomarejos y Esquivias (Toledo).

·      Mejoran la calidad de vida de los pacientes con movilidad reducida. Al notar cómo aumenta su autonomía, los mayores participan más activamente en el día a día, con el consecuente impacto positivo que ello tiene en su salud psíquica.

Una vida más funcional, feliz y longeva

Con respecto a este otro punto, un estudio publicado por Carles Castell en Elsevier explica cómo disfrutar del aire libre y estar en contacto con la naturaleza influye más de un 20 % en la salud de las personas y, por ende, en su «mortalidad».

Los salvaescaleras facilitan los paseos en sillas de ruedas y eliminan barreras arquitectónicas que impedirían, antes de emprender el paseo, bajar y subir los últimos peldaños del portal.