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Del Vaticano a Lampedusa: doce desafíos que definieron al pontífice más incómodo del siglo XXI

El Papa Francisco en su reaparición tras su hospitalización. / Stefano Costantino
Con gestos sencillos y una agenda radicalmente evangélica, el Papa Francisco emprendió una década de reformas, escándalos, resistencias y puentes

El 13 de marzo de 2013, la Iglesia católica eligió al primer Papa latinoamericano de la historia. Jorge Mario Bergoglio, cardenal argentino de 76 años, se convertía en el 266.º sucesor de Pedro bajo el nombre de Francisco. Desde el balcón de la Basílica de San Pedro, se presentó como un obispo venido “del fin del mundo”, y con ese gesto sencillo empezó un pontificado que habría de sacudir los cimientos del Vaticano y del mundo católico.

Durante más de una década, Francisco gobernó la Iglesia en tiempos convulsos, desafiando inercias institucionales, resistencias internas y un escenario global en transformación. Su legado es el de un pastor que apostó por el Evangelio vivido, más que predicado; por el diálogo antes que el dogma; por una Iglesia en salida, como a él le gustaba decir, antes que encerrada en sus certezas.

Este es un repaso a doce grandes desafíos que marcaron su pontificado. Doce pruebas que enfrentó con lucidez, humanidad y, no pocas veces, en soledad.

1. Una Iglesia para las periferias

Desde el primer día, el Papa Francisco dejó claro que su prioridad era sacar a la Iglesia de sus muros. No solo físicos, sino mentales. Propuso una Iglesia no autorreferencial, sino “hospital de campaña”, al servicio de los heridos de la historia. Su apuesta por las “periferias existenciales” —allí donde habitan el dolor, la injusticia y la exclusión— marcó todo su pontificado. Visitó barrios marginales, cárceles, hospitales, y convirtió ese gesto en una teología del encuentro.

2. La urgencia ecológica

En 2015, con la encíclica Laudato si’, el Papa Francisco se convirtió en líder moral global en la lucha contra el cambio climático. El documento no solo fue un tratado ecológico, sino una crítica profunda a un modelo económico depredador. Invitó a una “conversión ecológica” de toda la humanidad: de la mirada, del corazón y de las acciones. Fue escuchado en la ONU, en la COP21, por jefes de Estado y movimientos sociales. Por primera vez, la Iglesia hablaba del planeta como un don y no como una mercancía.

3. El drama migratorio

En julio de 2013, apenas iniciado su pontificado, Francisco viajó a Lampedusa, una isla símbolo del drama de los migrantes ahogados en el Mediterráneo. Allí lanzó un grito: “¿Quién ha llorado por estos hermanos?”. Desde entonces, no dejó de clamar por los refugiados, exigir vías legales de acceso y denunciar a quienes levantan muros. Su postura, profundamente evangélica, fue también profundamente incómoda para muchas voces políticas, dentro y fuera de la Iglesia.

4. La paz como misión política y espiritual

Francisco no recibió el Nobel de la Paz, pero fue uno de los grandes diplomáticos del siglo XXI. Participó en el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, medió en conflictos africanos, visitó Irak, y clamó sin descanso por el fin de la guerra en Ucrania. Su método fue siempre el mismo: diálogo sin condiciones, apelación a la conciencia, y oración. En Fratelli tutti, redefinió la doctrina católica al afirmar que “ninguna guerra es justa”, y declaró la pena de muerte inadmisible bajo cualquier circunstancia.

5. La sinodalidad: una nueva forma de gobernar

El Papa quiso cambiar no solo las ideas, sino la forma de tomarlas. Impulsó una reforma profunda bajo el nombre de sinodalidad: escuchar, caminar juntos, decidir en comunidad. El Sínodo de la Sinodalidad, convocado en 2021, fue el intento más ambicioso de abrir la Iglesia al pueblo de Dios. En él, participaron laicos, mujeres, jóvenes, personas marginadas… una experiencia de escucha inédita en la historia reciente del catolicismo.

6. Tolerancia cero contra los abusos sexuales

La sombra de los abusos a menores ha sido una de las más duras sobre la Iglesia. Francisco tomó decisiones valientes: creó mecanismos de denuncia, reformó el Derecho Canónico, obligó a la cooperación judicial y eliminó el secreto pontificio en estos casos. Pero también fue criticado por ciertas demoras y por no haber intervenido con mayor contundencia en algunos países. Él mismo reconoció errores. “He cometido graves equivocaciones”, dijo tras el escándalo en Chile.

7. La batalla contra el clericalismo

Para Francisco, el clericalismo es el germen de todos los males eclesiales: desde el autoritarismo hasta los abusos. Combatió esa mentalidad elitista que considera que el sacerdote es un ser superior. Apostó por una Iglesia de servidores, no de señores. Y advirtió que “no solo los curas pueden ser clericales: también los laicos cuando se arrodillan ante ellos”.

8. El rol de la mujer en la Iglesia

Aunque mantuvo la negativa a la ordenación sacerdotal de mujeres, Francisco fue el Papa que más alto ha elevado a mujeres en la estructura del Vaticano. Nombró subsecretarias, prefectas, consejeras, directoras de museos. Reconoció que “la Iglesia no puede ser plena sin la voz femenina”, e impulsó una teología de la mujer aún en desarrollo. Nathalie Becquart, con derecho a voto en el Sínodo, fue uno de los signos más elocuentes.

9. La reforma de la Curia y de las finanzas

Con la nueva Constitución Praedicate Evangelium, Francisco reorganizó la Curia Romana: más orientada a la misión, más abierta a los laicos, más controlada en lo económico. Enfrentó escándalos financieros, como el caso del cardenal Becciu, y promovió juicios inéditos dentro del Vaticano. Su lucha por la transparencia y la responsabilidad penal de los altos cargos rompió décadas de impunidad.

10. El diálogo con el Islam

Tras los años de tensión bajo Benedicto XVI, Francisco relanzó con fuerza el diálogo con el mundo musulmán. En Abu Dabi firmó con el Gran Imán de Al-Azhar el Documento sobre la Fraternidad Humana, base de una diplomacia espiritual global. Visitó Marruecos, Irak y Bahréin, y se reunió con chiíes y suníes, demostrando que la fe puede ser puente y no muro.

11. Ecumenismo activo

Promovió encuentros históricos con ortodoxos, luteranos, anglicanos y evangélicos. El abrazo con el patriarca Kirill fue un hito, aunque se resquebrajó por la guerra de Ucrania. Defendió un “ecumenismo de la sangre”, recordando que los mártires cristianos no son asesinados por ser católicos o protestantes, sino por ser discípulos de Cristo.

12. La unidad litúrgica y el Concilio Vaticano II

Con el motu proprio Traditionis Custodes, limitó el uso del rito tridentino y reafirmó el Misal de Pablo VI como única forma litúrgica oficial. La decisión molestó a sectores tradicionales, pero él defendió que la unidad litúrgica es condición para la comunión eclesial. No era una cuestión de gustos, sino de fidelidad al espíritu del Concilio Vaticano II, al que siempre apeló como brújula de su pontificado.

El pontificado de Francisco fue, en muchos sentidos, una tensión constante entre el Evangelio y la institución, entre el anuncio y la estructura. Su legado no está en un dogma, sino en una dirección: una Iglesia más pobre, más libre, más misericordiosa, más abierta al mundo sin perder el alma.

Su muerte deja muchas preguntas abiertas. Pero si algo queda claro, es que el Papa Francisco no pasó por la historia de la Iglesia para dejarla igual.