apagón nacional

Mientras toda España se quedaba sin luz, estos dos pueblos seguían iluminados: descubre por qué

San Vicente del Monte. / A.E.

Mientras millones de hogares españoles quedaban sumidos en la oscuridad, dos localidades del norte del país mantuvieron el suministro eléctrico

En la jornada del lunes, una caída repentina de 15 gigavatios dejó sin electricidad a gran parte de la península ibérica. En ciudades y pueblos, la vida cotidiana se paralizó: calles oscuras, electrodomésticos inútiles y comunicaciones interrumpidas. Sin embargo, en dos pequeñas localidades norteñas, la jornada transcurrió con una calma desconcertante: la luz nunca se fue.

En Oseja de Sajambre, un municipio leonés ubicado en pleno Parque Nacional de los Picos de Europa, y en San Vicente del Monte, pedanía de Valdáliga en Cantabria, la energía continuó fluyendo como si nada hubiese ocurrido.

El caso de Oseja de Sajambre se remonta a decisiones tomadas hace más de 20 años. Su red eléctrica local está apoyada por un sistema de minicentrales hidroeléctricas —Güeyu de Zalambral, San Pedro y Ribota— que pueden operar en modo isla, desconectándose de la red nacional y garantizando el suministro autónomo. Con potencias de hasta 2 MW y conectadas a una red de 20 kV, estas instalaciones aprovechan el caudal permanente de los arroyos del Alto Sella.

Litio en las montañas cántabras

En San Vicente del Monte, con poco más de 200 habitantes, la historia es distinta pero igual de efectiva. En 2020, la compañía eléctrica Viesgo instaló un sistema de baterías de ion-litio con capacidad de 232 kWh y 250 kVA de potencia, dentro de un programa piloto de innovación energética. El sistema está diseñado para ofrecer respaldo inmediato en caso de avería, y el pasado lunes respondió en cinco segundos, activando el suministro alternativo.

Ambas soluciones, aunque diferentes, tienen un principio común: la previsión técnica. Tanto las minicentrales hidroeléctricas leonesas como las baterías cántabras reflejan una estrategia de inversión pensada para garantizar la continuidad del servicio en entornos rurales.

En un contexto donde las redes eléctricas centralizadas muestran cada vez más su vulnerabilidad ante fenómenos extremos o fallos técnicos, la descentralización del suministro y la resiliencia energética local emergen como una alternativa pragmática.

Estos ejemplos no son una utopía aislada. Representan una dirección posible: reforzar la red eléctrica nacional no solo con grandes infraestructuras, sino también con soluciones distribuidas, adaptadas al territorio y anticipadas a la emergencia.

No se trata de replicar al detalle estos modelos, sino de entender que la independencia energética, aunque parcial, puede marcar la diferencia. En tiempos donde el sistema es cada vez más exigido, saber cuándo y cómo desconectarse puede ser tan valioso como estar conectado.